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Retard, Retard, Retard.

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Puede ser verdad que estoy enchufada a la matrix.
Quizás haya algo de cierto en que cada vez me cuesta más encontrar esos momentos en los que soy la de puertas adentro y no la que hizo la alianza con guangor.
Me limito a mandar a la puta que te parió a las personas cuando ya se dieron vuelta y a no decírselo en la cara para evitar conflictos mayores.
La verdad es que tarde o temprano la puteada sale, y muchas veces elijo hacerlo una vez que ya corté el teléfono o la persona está en la esquina, de espaldas.

Encuentro que esta careta de persona agradable empieza a darme picor.
Es sumamente cómoda y efectiva para los vuelos, pero una vez en tierra… da alergia. En algún punto nos creemos que es nuestro deber ayudar a cruzar la calle a las personas, servir las bebidas en los vasos de todos los que estén en una mesa de cumpleaños y hablar con los nenes que parecen aburridos en las salas de espera.
Pero no lo es.
Yo no firmé un juramento hipócritatico de nada.
Y me estoy cansando de ser buena.

La dilatación anal que tengo en este momento para que me metan el dedo en el orto es casi nula, les agradezco buscar otro momento para intentarlo.

No quiero jugar los papeles que ustedes quieren jugar.
No quiero firmar sus contratos temporales y vivir en los departamentos alquilados de sus mentiras.
No quiero que me juren amor eterno el primer día, me den vuelta la cara el segundo y me pidan disculpas el tercero.

Retard, Retard, Retard.
Estoy a punto de tocar el suelo, algo me dice que el límite antes de explotar es éste y no he abierto la válvula de escape.
Así que la empiezo a abrir. Necesito liberar tensiones antes de aterrizar.
Les devuelvo sus palabras, sus gracias, sus favores. Les devuelvo su paciencia, su compañía, sus condiciones. Sus préstamos, sus regalos, sus canjes, sus corazones.
No quiero nada de eso.
No quiero lo efímero de las relaciones.
No quiero la muerte, no quiero velorios, no quiero el entierro ni las cremaciones.
No quiero su hipócrita manera de amenazar y morir, no quiero sus desapariciones.

Con la sangre de mis lágrimas firmo lazos a fuego.
Quemamos las caretas y las vemos derretirse mientras tatuamos nuestra piel con sellos de verdades.
Solo aceptaré la locura como un estado permanente, como una hermosa, tierna y peligrosa bendición.
Afuera quedará el que juegue con la inimputabilidad de la locura selectiva.
Afuera quedará el que manipule los miedos.

Me desenchufo el conector de la nuca. Lo dejo caer al piso escuchando el ruido seco del fin.
Me quedan cicatrices. Son tan obvias como hermosas y no pienso ocultarlas.
Somos lo que hemos vivido. Somos lo que recordamos, somos todo eso que hemos aprendido, somos el lugar nuevo al que nos hemos mudado en la misma proporción que aquél del que hemos escapado.
Por la calle iré buscando el tatuaje marcado en la puerta del alma de aquellos que hayan decidido no jugar más con la gente que los ha amado.
Por la calle miraré las marcas de los futuros pertenecientes al ejército de amantes del hoy.

Mientras se esté vivo, está prohibido olvidar.
La evolución espiritual viene de la mano de la energía de volver a empezar.
La evolución terrenal viene de la mano de no olvidar.

Retard, Retard, Retard…

Estamos listos para aterrizar.

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