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Yo creo y con eso basta.

Pinche

Me he pronunciado en contra de la explotación de animales. Me he pronunciado a favor del proteccionismo y el cuidado de las cruelmente llamadas mascotas, seres que considero familia. Me he pronunciado en contra de la matanza de cualquier animal con fines de diversión, entretenimiento, consumo y mejora de calidad de vida. Me he pronunciado a favor del consumo responsable y consciente de elementos que dañen la ecología y la capa de ozono.

Me he pronunciado a favor de la mujer. Me he levantado de mi silla todas las veces que un grupo humano haya denigrado, disminuido, agredido y conspirado contra una mujer. Me he pronunciado a favor de la igualdad de género, de quitarle al hombre la mochila de presión con la que lo han criado, de quitarle a la mujer todos los atributos negativos con los que la han vestido desde que decidió abrir la boca.

Me he pronunciado a favor del auto conocimiento, de la libertad, de las drogas, de la exploración, de los viajes, de los libros, de los perros, de las plantas, de la música, los gatos, los amigos y el té verde. Me he pronunciado a favor de la desfachatez y de la mala palabra. A favor de las historias, de los cuentos, del delirio de la poesía.

Soy azafata, una profesión que arrancó siendo indispensable en un avión por cuestiones de seguridad y que hoy es impensable no concebir como funcional al servicio, muy por debajo del rol de seguridad.

Nos han puesto trajecitos, vestiditos, polleritas, sombreritos, velos, tacos altos, bajos, de colores, medias claras, oscuras, carteras grandes, bolsitos, guantes, pañuelitos. Nos han vestido de Barbie pelotuda durante décadas y lo hemos permitido, por qué?  Porque es nuestro show bussiness. Nadie quiere azafatas feas, gordas, viejas, resfriadas, despeinadas, nerviosas, con hijos, con problemas, con canas, con uñas con tierra, con pelos de gato en las medias. Queremos a nuestras azafatas prolijas, divinas, sonrientes e irreales. Las queremos como queremos a nuestras mujeres; solícitas, expeditivas, hermosas y calladas. Las azafatas somos una maldita muestra demográfica de lo que somos socialmente. Los pasajeros se sienten estafados cuando las azafatas son feas. Cuando se suben y las chicas rajan el piso, el vuelo es mucho mejor. No hace falta que lo nieguen y me digan que no, yo estoy ahí cuando lo dicen, yo los escucho hablar, los escucho pensar. Les encantaría que al cumplir 35 años desapareciéramos de la faz de la tierra así como quieren que desaparezcamos una vez que les dimos la comida, la bebida y les retiramos la bandeja. No nos quieren ver diciendo dónde no se pueden apoyar los pies, cuándo hay que guardar el bolso y en qué momento hay que apagar el celular. Pero quieren tocar el timbre y tenernos bellas, perfumadas y bien predispuestas para cualquier requerimiento insólito que pudieran ustedes tener.

Romper estereotipos parece imposible. Las empresas nos mandan a taparnos tatuajes, cortarnos el pelo, pintar nuestras uñas y tenerlas del largo reglamentario. En la uniformidad, se busca una identidad. Todas debemos ser iguales; tanto que muchas veces voy por el pasillo y me gritan “Y?? TUVISTE ALGUNA NOVEDAD??!!” confundiéndome con una compañera que sí tuvo alguna novedad pero no está en el pasillo en ese momento, y que lo único que tiene de parecido a mí es un juanete doloroso.

Romper estereotipos, ponerse de pie, pronunciarse.

Ser azafata con kilos extra en la barriga, ser azafata con problemas familiares, con granos, con algún piojo contagiado por un sobrino, con tres pelos duros en el mentón, con miedos, con mambos, con pocas ganas de sonreír. Ser azafata con turba, resaca, humus y perlita bajo las uñas. Ser azafata con días tristes, con días de menstruación olorosa y dolorosa, con días de constipación, meteorismo y mal aliento.

Me pronuncio a favor de la reivindicación de un trabajo concebido para la seguridad, en el que el foco esté puesto en los procesos, en la correcta ejecución de procedimientos con el fin de generar vuelos seguros y agradables. Me pronuncio en contra de que el grado de aceptación de un vuelo dependa de que yo haya tenido tiempo o no de depilarme el bigote. Me pronuncio a favor de la libertad en todos los ámbitos, del respeto hacia las personas, y hoy más que nunca, de romper el estereotipo de que todas las azafatas deben ser tal cuál las imaginaste en tu casa.

Una vez escuché a un pasajero decir que el vuelo había sido una mierda porque todos los azafatos eran hombres. El tipo estaba decepcionado porque le vendieron un sueño y en la vidriera había otros muñecos. Es como cuando vas al zoológico y el león duerme y no se come ningún cacho de carne. Qué estafa! Yo pagué! Dónde están mis azafatas en pollerita por las que pagué!? Quienes son estas 4 maricas de mierda? Los tripulantes de cabina no necesariamente tienen que ser gays, cuando las empresas ponen el aviso en el diario, comérsela no es excluyente. “Cuáles son tus fortalezas?” “Soy muy puntual, sé inglés, francés y me la como”. No, no es así. Comérsela o no, es a gusto del consumidor. Otro estereotipo que necesitamos derribar.

A veces pienso que vivo para pronunciarme. No he logrado callarme jamás. Tanto he hablado que se han cansado amigas y novios, tanto he contado, he explicado, que la gente huye de mí. No consigo callarme, parece que mi misión en mi propia vida fuera generar teorías que solo me sirven a mí misma, pero que no dudo en compartir incluso con aquellas personas que no tienen el más mínimo interés en mi opinión. Aun así, las teorías vienen, las historias me invaden, las palabras me sacuden como un nido de mosquitos del que no puedo escapar. Finalmente me pican, y caigo moribunda al piso! He sido derrotada por una turba de pensamientos! Escuchen todos! Paren el mundo! Tengo algo más que decir antes de partir.

Soy ese borracho que está en el piso en la vereda de la esquina y que ya nadie mira, del que nadie se compadece, al que nadie teme, ya que lo único que hace todo el tiempo es estar ahí. Soy mobiliario de este mundo aeronáutico, estoy borracha en una esquina del blog, pronunciándome en contra y a favor de cosas, situaciones, personas o comportamientos, y te guste o no, así voy a seguir siendo; porque hace décadas que sueño con romper estereotipos y  callarme no es una opción.