Dejar de ser vulgar.

Volvió el frío al menos por un día con una muestra gratis de calma, y lamentablemente, mosquitos.

Es el primer día frío sin galgos. Un abriguito color celeste con flores, quedó colgado de un gancho al lado de la chimenea. Un día como hoy se lo hubiera puesto a Adela porque ella era muy friolenta. Vento necesitaba menos grados para que le baje la temperatura corporal. Ahí está el pobre saquito, sin galgo. Como yo. Pensarán que estoy hecha pelota, pero no lo estoy. Los recuerdo muchísimo pero lo llevo bastante bien, dentro de todo. Me enfoqué en terminar mi segundo libro antes de fin de año pero la realidad es que todavía no lo empecé. Alejándome de la escritura vulgar, intentando no ser tan autorreferencial, escapándole a publicar escritos que funcionaron en el blog o en las redes, descubro que me quedo un poco vacía. No tengo pasta para ser novelista y mis cuentos cortos de ficción son eso. Cortos. Así es que me enfrento con la hoja en blanco mucho, muchísimo.

Mi otra batalla es con el celular y la enorme cantidad de tiempo que me quita con sus distracciones. Intento aejarme, lo tengo en silencio y me pongo todo tipo de trampas. Pero de vez en cuando me gana y otra vez ahí estoy perdiendo el tiempo con cosas que no interesan pero que consumen la mayor parte de mi tiempo libre.

Así que así estamos. Tengo elegido el título, los dibujos de la tapa y del contenido no tengo nada.

Que sigan los éxitos.

In the shadows

Desde el baño de la antigua casa de mi mamá, miraba con horror por la pequeña ventana que daba al patio para pedir auxilio a quienes estaban sentados en la mesa de afuera. Mi boca estaba tapada por algo que quería salir, una suerte de vómito de algo duro, atascado que cubría casi por completo mi vía respiratoria. No podía gritar pero hacía sonidos guturales fuertes, mi mamá corrió a mi lado, mi tía se acercó lentamente entre curiosa, asqueada y preocupada. Mi hermana permaneció incrédula en su silla, mirando de reojo el desarrollo de los acontecimientos y con una copa en la mano. No sé que llevaba yo puesto pero no eran pantalones. Una fuerza extraña empezó a empujar la parte baja de mi cuerpo, algo quería salir con la misma intensidad del objeto que tapaba mi garganta. Casi al mismo tiempo, o quizás primero por la boca, empiezo a sentir deslizarse hacia afuera un hueso duro y largo de más de 30 centímetros con articulaciones redondeadas y todo. Apenas recibo delicadamente el de la boca, empieza a empujarme las bragas el de abajo. Con horror y sin poder gritar, porque ya se asomaba uno nuevo por la garganta, puedo ver mi entrepierna con algo asomando. En algún punto me ilusioné pensando que sería mi segundo hijo. Me sumergí en cuentas, cuándo fue mi última menstruación? Sería posible que esa hinchazón que percibí no fuera grasa sino un embarazo? Finalmente iba a experimentar un parto vaginal y no una tonta y ajena cesárea? Puse las manos para recibir lo que empezó como una cabeza pequeña y redondeada y terminó mostrándose como un fémur de adulto, de unos 45 centímetros, completamente formado, sin carne ni sangre. De color gris y son sus dos extremos redondeados, como si fuera salido de un dibujo animado, parí un fémur. Por la boca seguí despidiendo pedazos de huesos más pequeños, no tan pequeños, sin arcadas ni esfuerzos. Por abajo salían los más grandes, con cada pequeña contracción indolora. Finalmente, con todos ellos en la bacha del baño, miramos con disgusto lo que parecía un lego gigante desarmado, un mueble de Ikea al que le faltan partes y que vino sin instrucciones de armado. Aquello había salido de adentro de mí sin explicaciones ni previso. Yo estaba perpleja, mi mamá trataba de entender. Le encontramos a algunos huesos un número de serie chiquitito grabado en relieve, como si las piezas de armar hubieran tenido un fabricante. Alguien dijo que uno de los huesos tenía forma de cabeza o de pelos de Sonic. Mi mamá me preguntó muy en serio si me había tragado varios muñecos. La incendié con la mirada, de ninguna manera yo me había tragado nada de eso! Las piezas eran enormes, no tenía sentido. Seguimos mirándolas, intentando teorías, quizás me había tragado pequeños trozos que habían crecido en mi interior. Quizás era uno de esos extrañ0s casos de hijos no nacidos que siguen creciendo adentro. Tanto? Y el número de serie?

Mientras recuerdo esto, me late más y más la garganta y me tiemblan las manos. Muchas partes en mi cuerpo me dicen que algo va realmente mal. No sé qué es, no tengo indicios.

Quizás al final mis peores pesadillas y mis miedos se hagan realidad y no haya nada qué hacer.

Anoche, en algún multiverso, los actores y guonistas de mi inconsciente, escondieron todos los mensajes ocultos en este parto.

Anoche parí un esqueleto en partes y una mujer me ayudó, mientras los demás miraban. Ahí adentro se esconden todos mis secretos actuales, quién sabe si seré capaz de decodificar mi propio mensaje. Quién sabe cuáles son mis peores miedos.