Dejar de ser vulgar.

Volvió el frío al menos por un día con una muestra gratis de calma, y lamentablemente, mosquitos.

Es el primer día frío sin galgos. Un abriguito color celeste con flores, quedó colgado de un gancho al lado de la chimenea. Un día como hoy se lo hubiera puesto a Adela porque ella era muy friolenta. Vento necesitaba menos grados para que le baje la temperatura corporal. Ahí está el pobre saquito, sin galgo. Como yo. Pensarán que estoy hecha pelota, pero no lo estoy. Los recuerdo muchísimo pero lo llevo bastante bien, dentro de todo. Me enfoqué en terminar mi segundo libro antes de fin de año pero la realidad es que todavía no lo empecé. Alejándome de la escritura vulgar, intentando no ser tan autorreferencial, escapándole a publicar escritos que funcionaron en el blog o en las redes, descubro que me quedo un poco vacía. No tengo pasta para ser novelista y mis cuentos cortos de ficción son eso. Cortos. Así es que me enfrento con la hoja en blanco mucho, muchísimo.

Mi otra batalla es con el celular y la enorme cantidad de tiempo que me quita con sus distracciones. Intento aejarme, lo tengo en silencio y me pongo todo tipo de trampas. Pero de vez en cuando me gana y otra vez ahí estoy perdiendo el tiempo con cosas que no interesan pero que consumen la mayor parte de mi tiempo libre.

Así que así estamos. Tengo elegido el título, los dibujos de la tapa y del contenido no tengo nada.

Que sigan los éxitos.

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