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Compartamos un Postre.

 

(Pinche)

Soy de las que creen que las acciones desinteresadas generan una energía superior, más fuerte que nada, más abarcativa y demoladora que todo el desinterés del mundo. Sí, soy uno de esos contactos de facebook que te queman con los perros, las adopciones, los tránsitos y los videos de animales. Soy de esas a las que ponés “dejar de seguir” porque quizás eliminar de tus amigos es demasiado. Qué le voy a hacer, no pedí ser así. Simplemente un día ya no me dio lo mismo pasar caminando por al lado de un perro sarnoso, podrido, desnutrido, o uno que anda oliendo a la gente a ver quién lo elige. Hay otras patologías; los que comparten videos de aviones, los de los autos, las motos, los bebés, las plantas!! Su familia, sus vacaciones por el mundo, las selfis, los piquitos con el novio con corazones y te amo en mil idiomas… si, somos una raza erradicable, hacemos del facebook un mundo cada vez peor, pero no podemos evitarlo, y es por eso que escribo esto.
Yo, soy la de los perros.
Como dije antes, creo que las acciones desinteresadas provocan desencadenantes más grandes que uno mismo, un efecto dominó que empieza ante mis ojos, y termina quién sabe dónde. Honestamente, no me interesa dónde, sólo que crezca y que provoque algo en los demás. Se acuerdan de esa frase de Albus Dumbledore: “En Hogwarts siempre se prestará ayuda a quien la pida” ? Bueno, eso creo, que si yo ayudo al perro, alguien me va a ayudar a mí. Dirán que es una locura, que soy una idiota, o que estoy muy al pedo en la vida. Puede ser que todas sean correctas, pero una vez más, acá estoy, apelando a la ayuda que el mundo quiera darme.
Ayer, iba camino a la facultad cuando me encontré a este perro. Olía a la gente moviendo la cola, y después, giraba la cabeza hacia arriba mirándolos a los ojos. Yo, parada con el auto en el semáforo, veía como sus ojos no se encontraban con los de las personas. Nadie lo miraba. NADIE. Esas son las cosas que me hacen pensar en las misiones. Hay algunas cosas que pasan desapercibidas para algunas personas, y no está mal, simplemente, solo tenemos ojos para aquello que está dentro de nuestro patrón. Por ejemplo, yo no veo autos, no veo marcas ni modelos. No distingo una ferrari de un ford ka. Sin embargo, a 80 metros podía ver la mirada de este perro, que intentaba subirse a un colectivo detrás de una señora, mientras se le cerraba la puerta en la cara. Vieron las películas de Disney? Vieron la escena del principio, cuando todo va mal para el personaje y es tristísimo como el entorno rechaza y lastima? Todos lloramos con esas partes, pero mantenemos la ilusión de que ES DISNEY por lo tanto nos dará revancha. Lamento decirlo, no existe Disney, tan solo estamos nosotros, los que miramos para otro lado, pateamos al perro, le cerramos la puerta en la cara, le tiramos un baldazo de agua para que no duerma en nuestra puerta o atropellamos y seguimos de largo, dando por muerto. No existe Disney, salvo que nosotros creemos esa escena mágica en la que un auto para en el medio del tránsito, pone balizas, le chifla al perro, y este viene corriendo con una expresión única, saluda, agradece, se sube al auto y mira alejarse esa esquina maldita desde la luneta de atrás.
Hay gente que vela por los niños, por los enfermos, por la gente de la calle, por los sin techo, por los que necesitan órganos, por los que fueron abandonados, olvidados, por los que están encerrados en un edificio en llamas, por los que tienen miedo, los que perdieron todo… y otros, dos mil escalones más abajo, velamos por los perros.
Por qué lo hacemos? No lo sé. Simplemente me resulta imposible seguir de largo y que mi vida continúe si el perro se queda en esa esquina, tratando de cruzar mientras los colectivos le pasan a medio centímetro.
Este peludito subió al auto y me llenó de besos, casi sin mugre, sin pulgas, y con muchos modales… entró a una casa amiga que lo cuidará hasta el Lunes. Hasta el Lunes tenemos para encontrar a sus dueños, o a su nueva familia.
Es lindo, es bueno, es respetuoso. Sabe estar en una casa, entiende perfectamente que el mejor lugar es el sillón. Espera para salir a hacer pis, se abre de panza para que lo acaricien y, como frutilla del postre, abraza. Sí! Abraza! En dos patas se para y cuando te pones de rodillas, te rodea con las dos patas y te apoya la cabeza. Esa es su manera de agradecer la casa calentita, los mimos, el amor.
Le pusimos “Postre” y por ahora, anda de casa en casa. Pero con estos fríos y la soledad que trae a cuestas, buscamos una familia definitiva.
Si pudieras ayudarnos compartiendo su historia, comentándole a alguien que sepas que buscaba un perrito, o quizás… enamorándote de él..? Entonces haciendo eso, estaríamos filmando la escena final, en la que la expresión de Postre cambia para siempre, porque llega el momento exacto en el que se da cuenta de que alguien, finalmente, lo eligió.

#UnaFamiliaParaPostre #AdoptaNoCompres

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Las luces rojas.

(Pinche)

Cuándo fue la última vez que tuviste un sueño?

Soñás con cosas distintas cada vez? Sos de esos que soñaron alguna vez hace muchos años y se aferraron para siempre a esa idea? Sos de los que no creen en nada, de los que están de paso, los que intentan pasar desapercibidos hasta por su propia vida… o sos de los que quieren que esto valga la pena?

Desde que tengo memoria hago planes que jamás sé si podré concretar. Desde que tengo memoria me digo que soy capaz de todo y, al mismo tiempo, que voy a fracasar. Mis dos monstruitos juegan pulseada mientras me anoto en cursos, estudio carreras, duermo la siesta y me enamoro sin parar. Cuál es tu verdadero sueño? Me dispongo a hacer el ejercicio más salvaje que hay, a practicar el deporte más peligroso jamás inventado, a enfrentar lo más díficil. Vamos a decirnos la verdad.

Cuál es tu verdadero sueño? Tu sueño es un trabajo, una profesión? Tu sueño es una persona, es el amor? Tu sueño es la realización, una familia, algo que trascienda tu propia esencia, independientemente del amor? Todo es válido aquí, corazón. No nos avergonzamos de los sueños del otro JAMÁS. Aquí tenemos los sueños más absurdos, más violentos, más ridículos que hay. Aquí no nos importa qué tan imbécil sea tu sueño, siempre habrá uno que te ganará. Sos de los que ponen el sueño por encima de todo, o sos de los que lo revenden en cuanto aparece el sueño de alguien más?

Yo no he podido regalarle mis sueños a nadie. Será que tengo una imaginación tan potente que no fui capaz de adaptarme a la realidad. Ni siquiera el amor más grande logró que yo bajara de aquél pedestal. No tengo idea en qué momento la libertad empezó a ocupar un lugar tan importante, pero de pronto se volvió una obsesión tan grande que ya no permití recibir órdenes ni siquiera de mí misma, rebelión total. Qué idiota, si hubiera dejado que algunas personas me dijeran 2 0 3 cosas quizás… tan cabrona había que ser…

Yo no quise ser azafata toda la vida. Para ser sincera, antes de los 22 o 23 años ni siquiera se me había ocurrido. Lo que sí recuerdo es que en mi habitación de pequeña, había una ventanita; y cuando me tiraba en el piso con el colchón, se veían las antenas con sus luces rojas. Un día me pregunté: Para qué serán esas luces? Quizás sean por los aviones… y un escalofrío me recorrió la espalda; tenía 14 años y había subido a un avión una sola vez. Desde entonces, ver las luces rojas me provocaba vértigo, intriga, palpitaciones… Por algún motivo, las luces rojas me hacían sentir libertad. A veces, sentada en el galley, me olvido donde estoy. A veces estoy parada, sola, en silencio, al lado de los boilers ( ahí es donde considero que está la entry plug del avión, no me pregunten por qué) y no tengo idea de que estoy suspendida en ningún lugar. Creo que quizás ese era mi sueño sin saberlo: aprender a estar conmigo misma sin importar dónde.  Si no, no puedo explicar la sensación de bienestar que me provoca por momentos estar arriba de un avión. Ya sé, los que temen a los aviones, no comprenderán. Tampoco comprenderán los contadores, los profesores de educación física, los podólogos, los camareros. En fin, no sé si alguien comprenderá. Quizás soy la única que piensa que el cerebro de los aviones está en los galleys. Seguramente los pilotos piensen que esté en el cockpit y tiene más lógica, es machista, o sexista, pero tiene más lógica, después de todo, ellos lo mueven, nosotras hacemos el café.

Por qué mi sueño terminó siendo éste, volar? Por qué este sueño fue el padre de todos los sueños, por qué cobró tanta importancia que fue lo único que nunca quise perder? Inexplicable. Soy de esos que todos los meses tienen un proyecto nuevo, me enamoro de las ideas, de las proyecciones, de las miles de maneras en las que puede materializarse algo que hoy puede estar borroso. Con los ojos abiertos veo lo que está adelante mío, pero a la vez, como quien pone un calco por encima de la realidad… veo las otras cosas. El mundo de mentira convive con el de verdad. Casi siempre sé cuál es cada uno.

Una vez, amé a un chico. Trabajaba en un avión.

Si, el amor entre pilotos y azafatas es trillado pero es real. Quizás les guste pensar que nos mueven energías sexuales, lamento desilusionarlos, nos mueve una energía mucho mayor. El amor en el aire, entre tripulantes, es lo más bello que he visto en este mundo, me rindo ante la dimensión del amor arriba del avión. Los dos estábamos muy enamorados, él tenía planes que no eran exactamente los míos, pero seguimos adelante, hasta que los sueños se enfrentaron.  A los ojos nos dijimos que cuando llegara el momento, él iría por su sueño, y yo me quedaría con el mío. Nos quedó claro, nuestros sueños eran nuestras prioridades, no el amor. El amor soportaría, el amor esperaría, el amor no se rompería jamás. No soy capaz de pedirle a alguien que amo que no concrete su sueño por mí, y no soy capaz de decirle a alguien que amo que voy a dejar mis sueños por él.

Encuentro al amor algo fascinante. Por amor he dejado de amar. Por amor, con lágrimas en los ojos, me alejé de los seres más maravillosos, porque en nombre del amor, buscábamos cosas diferentes. He sacrificado tanto por mis putos sueños que el calco ante mis ojos se empieza a borronear. Y si los que dejan sus sueños por los demás tienen razón? Y si la felicidad estuviera en la improvisación, en la sorpresa, en girar en la esquina? Y si los sueños se renovaran, y si no hiciera falta siempre tener razón?

Todavía no conocí a esos humanos que saben vivir, todos los que he encontrado son una máquina de tropezar, como yo. No he conocido el éxito, la salvación. Parece que los que sí lo encontraron viven en otros países, en pelis de Disney, o en Instagram. Yo me cruzo con puros quilombos, todos persiguiendo sueños que jamás llegan, que llegan a medias, o que vienen fallados.

Serías capaz de olvidar tus sueños por alguien más? Podrías vivir tranquilo si nunca lo conseguís por haberte quedado con esa persona?

Podrías perdonarte si por un sueño perdiste a la persona que amabas?

Sonrío, estoy parada con un té verde adelante, dibujando árboles en un cuaderno apoyada en la mesada negra del galley de adelante. Apoyo la frente en la puerta del horno y con mi cerebro apoyado en el cerebro del avión, sonrío.

Aguante el amor. Aguante la libertad.

 

 

 

 

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Las mujeres frías.

(Pinche)

En el mundo en el que vivo mataron a 28 chicas en el mes de Abril. En el mundo en el que vivo se las cogen y las dejan tiradas con la ropa arrancada, después de brindarles una inexplicable muerte de la que no se podían salvar. En este mundo, las chicas están empezando a escribir, cuentan historias, hacen videos, denuncias. Los hombres y algunas otras mujeres, se aburren de leer escritos en los que las chicas describen que volver a casa es apurar el paso, sentir el corazón latiendo fuerte, entrar corriendo para cerrar la puerta de calle agradeciendo que una noche más, no pasó nada. En este mundo, agradecemos cuando el novio celoso no nos pega, cuando no nos obliga a mostrarle nuestro celular, nuestras conversaciones, nuestra intimidad. En este mundo, nos sentimos orgullosas del papá bueno que no nos pega borracho, del jefe que no nos ofrece puestos a cambio de plata, del tachero que no nos hace lengüita por el espejo.  En este hermoso mundo, nos juntamos a reírnos de que estén todos tan indignados porque fue destruido un patrullero que pagamos con nuestros impuestos, porque estábamos en tetas mientras pintábamos con aerosol las paredes de un monumento histórico nacional. En este mundo, me persiguieron durante largos minutos con un auto, me metieron adentro, me agarraron de los pelos, me pusieron dos bofetadas y me llevaron a un lugar frío y oscuro. En este mundo fue que me rompieron la ropa y me ataron, probé la sangre de mi boca mientras me desmayaba entre cada hombre que se divirtió conmigo, en este mundo permanecí viva cuando preferí morir. Jamás volví a ver a mi mamá, jamás volví a ver a mi hija. Jamás volví a entender. En este mundo parece que nos acostumbramos a que el dolor sea la constante. Nadie está dispuesto a hacer nada al respecto porque son cosas que le pasan a otras chicas. A las putitas de 14 años que no saben conjugar verbos pero ya están chupando pija. A las madres que dejan a sus hijos y salen de noche, a las que viven en zonas medio villeras y se mandan solas por ahí, encima en pelotas. A las que no tienen novio que las acompañe, a las que no tienen padres que las vayan a buscar, a las que veranean solas, a las que dijeron que no, a las que se meten en lugares peligrosos, a las que tienen una vida “rara”. En el mundo en el que vivo, merezco morir. Lo último que vi fueron las manos del hombre que me ahorcó. Lo último que vi fue la tierra. Lo último que vi fue una bolsa.

Disculpen si no me horrorizo por ninguna cosa del mundo más que por como están empecinados estos señores en hacernos desaparecer a su antojo. Disculpen si dejo de ser yo y me vuelvo todas estas chicas, todas estas nenas, todas estas mujeres. Disculpen si quiero que tengan la fuerza de 20 caballos para darse vuelta y despedazar al animal que pretende enterrarlas. Disculpen si me importa un carajo que aparezcan en tetas, disculpen si las aplaudo cuando rompen absolutamente todo a su paso. ESTAMOS VIVAS, PERO NO SABEMOS POR CUÁNTO TIEMPO MÁS.

Disculpen, vivo en un mundo donde de la boca para afuera a todos les parece un horror lo que pasa, pero seguimos siendo familias que criamos hombres violentos que creen que pueden ser dueños de cuerpos ajenos.

Disculpen, siento asco de este mundo en el que vivo. Siento asco de este miedo y siento pena por nosotras. Decimos ser tan fuertes, haber avanzado tanto, pero pobrecitas, una mano encima nos ponen y nos caemos como un árbol seco. Por momentos, parece que solamente nos tenemos a nosotras mismas, y esa mirada lastimosa con la que nos reconocemos, en esta trágica comedia diaria que vivimos en la que agradecemos al final de cada episodio, aparecer en un capítulo más.

Ya no hay estrategia con estos señores. Mostrarnos fuertes, los violenta; mostrarnos frágiles, los excita, mostrar miedo, los envalentona, mostrar fuerza es la muerte segura. Nadie les enseñó que tener relaciones es disfrutar de a dos? De dónde sacaron que está bueno meterse adentro del cuerpo de una chica y dejarla tirada para que se la coman los gusanos? Quién les enseñó que al día siguiente se pueden despertar en su cama, batirse un café y encender la televisión mientras yo estoy fría, tirada en el pasto con los ojos abiertos y sin ropa, mientras mis papás divulgan fotos mías por todos lados? Quién les dijo que eso es lo mismo que conquistar a alguien, sacarle la ropa despacio, besar los hombros y despertar a su lado? Quién está haciendo las cosas tan mal?

TODOS.

En el mundo en el que vivo, me rodeo de animales y plantas. Cierro los ojos y lo único que veo, es lo que quiero ver.

Traer hijos a este mundo? Todos me repiten que sí, que es una sensación hermosa, que nada tiene comparación. Disculpen, este mundo está podrido. Cierro los ojos, ahí adentro estoy mejor. No quiero despertarme y saber que apareció otra bolsa. No quiero que haya otro hijo de puta batiendo su café. No quiero tenerle miedo a las esquinas, a los tacheros, a los que caminan, a los que van atrás mío, a los que pasan en un auto, a los que van en moto, a los de internet, a los de un bar, al que pasa la noche conmigo, al que es mi pareja, al que es mi ex. No quiero temerle a ninguno que tenga más fuerza que yo.

Cierro los ojos, las abrazo, les pido disculpas, no hay nada que pueda hacer por ustedes, las que ya están frías. Y no hay nada que pueda hacer por todas las que vendrán en estos próximos días. Y no hay nada que pueda hacer por mí misma, más que esperar que este mundo me depare algo mejor, que terminar en las manos de alguien que se despierte al día siguiente, se bata el café y se olvide de dónde dejó tirado mi cuerpo frío.

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El jardín secreto

 

(Pinche)

Cuando tenía 10 años mis papás se separaron y mi mamá, mi hermana y yo, dejamos la casa de San Telmo y nos fuimos a vivir a un departamento en Palermo. Hacía dos años que habíamos llegado de Chascomús, y después de mucho tiempo, en ese departamento, se respiraba paz. En el colegio, en 6to grado nos mandaron a leer un libro que se llamaba “El jardín secreto”. 119 páginas, formato pocket, lenguaje simple, algunos dibujos. Pero hubo algo en este libro que se plantó en mi tierra para siempre.

La historia cuenta que Mary, una nena de la India de 10 años, pierde a toda su familia por una enfermedad que mataba a cientos por día. Es enviada a Inglaterra a vivir con un tío millonario, a una mansión solitaria, al cuidado de un ama de llaves algo maldita y los “criados”. Ese era el vocabulario que se manejaba en esta pieza literaria. Ella descubre en los alrededores de la casa una llave enterrada, un muro muy alto con frondosos árboles del otro lado, del que solo se veían unas ramas. También descubre la puerta. Al entrar, el jardín es hermoso, pero está seco. Con la ayuda de nuevos amigos, empieza a rescatar los rosales y los arbustos, pasa sus tardes enteras en el jardín, sin contarle a nadie. Cuando se va, cierra la puerta y guarda la llave. Una noche, descubre el llanto de un niño en mansión; es su primo, Colin, quien tiene una rara enfermedad y está encerrado en una habitación. Es un pequeño de su misma edad, pero caprichoso y déspota. La madre de Colin era la dueña del jardín, murió cuando él nació y desde entonces el jardín se encuentra cerrado. Mary lleva a Colin al jardín, y no puedo spoilearles más la historia porque no la recuerdo.

Zarpado cuentito- pensé allá por el 92, y un día, aburrida y con la cabeza apoyada en la ventana trasera del auto de la mamá de una compañera que me llevaba hasta casa, descubrí en una esquina, un muro grandote de piedra, y gigantes árboles adentro que se asomaban.  “EL JARDÍN SECRETO!” pensé. Claro, pobre, tenía 12 años, una bebé. En esa época no estábamos en Snapchat tirando boquita, en esa época todavía se jugaba. Así se fue gestando la idea de que en una esquina cerca de mi casa, había un jardín secreto. La puta madre, qué linda es la imaginación. Todas las semanas, en el recorrido a casa, esperaba que la mamá de mi amiga agarrara esa calle, (nunca me molesté por saber el nombre) y buscar el jardín secreto.

Nunca pude verlo por dentro, nunca encontré la puerta, nunca me animé a tocar.

El año pasado me mudé, después de 8 años, de la Embajada (o el Palacio del moho, como solía llamarlo en ese momento) a esta casa donde vivo hoy. Me conquistó su parquecito, los perros y los gatos tienen donde tomar sol y yo empecé a experimentar qué tal era tener plantas otra vez. Una mañana una señora aplaude en la puerta de casa. Cuando salgo, me cuenta que ella era la nieta de los dueños anteriores. O dos dueños hacia atrás. Me señala una ventana y me dice “esa era mi habitación” y los ojos se le ponen medio tontos. Unos minutos más tarde, me confiesa el verdadero motivo por el que aplaudió. Señalando un tronquito escrito que cuelga de la pared me dice “Ese tronquito que tiene el nombre y el número de la calle, lo hice con mi abuelo, es lo único que queda de él.” Me contó que su abuelo era paisajista y que esta casa solía ser una maravilla de la naturaleza, que el jardín era una explosión de plantas, colores, formas y que le apenaba ver la casa tan transformada. A mí también me apenó, mi jardín tenía la grama inundada, los cactus un poco desmejorados por las lluvias de Junio y la verdad es que las paredes se veían bastante sucias y descascaradas. No pude regalarle el tronquito sin consultarle a los dueños, así que quedamos en hablar pronto. Derivé su teléfono a la inmobiliaria y nunca más volví a verla. Una pena.

Desde entonces, me empecé a parar ante mi jardín como quién está ante un desafío. Todos los días, sacar ramitas, comprar semillas, plantarlas, protegerlas del viento, del excesivo sol, de la lluvia. Baldear el pasto cuando los perros hacen pis, controlar las plagas, regar, no regar, rastrillar, pintar, colgar, ponerle color, vida, piedritas, muebles, hamacas, luces. Transformarlo en un lugar en el que uno quisiera estar de día y de noche. Un lugar para los perros, para los gatos, para las lagartijas que nos visitan, los pájaros, las mariposas… somos la peculiar fauna de este pequeño jardín.

“Paisajista.”

Y como en esas publicidades en las que repiten la marca hasta que finalmente vas al supermercado a comprar el producto, con una determinación como pocas veces en los últimos 6 años, me fui a inscribir a la facultad. Tengo 36 años, trabajo de algo que amo, casi no paso tiempo en mi casa, escribo, vendo mis libros, levanto animales cada vez que puedo pero AHORA quiero ser paisajista. Alguna vez trabajaré de paisajista? No lo sé- pensaba mientras caminaba con una mochila con dos cuadernos en blanco hacia mi primer día de clases. Con suerte voy a terminar la carrera a los 39 años. Una azafata de 39 años con un título a estrenar, sin experiencia más que un patio trasero que pintó de colores y un par de suculentas que no murieron. “TRY AGAIN-FAIL AGAIN-FAIL BETTER” dijo Beckett. Cerré la puerta del auto con llave, me colgué la mochila de los dos brazos y caminé tres cuadras hasta la facultad.

Mis pensamientos nerviosos, cómo serán los profesores, cómo serán las clases, mis compañeros serán jóvenes o viejos como yo? Entenderé? Mirá si hay mucha matemática. Ojalá no me hagan dibujar ni hacer planos. No conozco ningún nombre de árbol salvo el Ficus. No me gusta ponerme guantes para transplantar. Podré? Fracasaré otra vez?  Y entonces cuando llegué a la esquina de la cuadra previa a la facultad, me encontré con un muro de piedra alto y frondosos árboles escapándose de él. Era el jardín secreto. Me moví dos pasos hacia atrás, bajé de la vereda para darle perspectiva y me di cuenta de que el jardín secreto estaba en la calle Aráoz, la misma calle donde vivía de chica. Estaba a solo 4 cuadras de mi casa y nunca lo supe. Con los ojos húmedos, bajé la cabeza. Qué grande es el mundo cuando somos chicos, qué lejos parece todo. Caminé una cuadra más, subí la escalera y me metí en el aula que me indicaba la cartelera de la entrada. Dije “Hola” al entrar y me acomodé en el último banco. Saqué los cuadernos y la cartuchera, se sentaron 14 personas más.

Nada en este mundo es casualidad.

Esta historia recién empieza.

Buenas noches.