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Bienvenidos.

Antes de que subamos al avión, antes de que paseemos por la hermosa rutina del tripulante de cabina, antes de que veamos cómo chequeamos los equipos de emergencia, cómo se arman los carros, cómo embarcamos o desembarcamos… quiero introducirlos en algo más profundo que el trabajo en sí. Quiero introducirlos en el arte de amar el vuelo.
Creo que sería imposible que vivieran en carne propia esta profesión sin entender que se nos va metiendo por los poros de a poco, creo que la frase que mejor encaja con este trabajo, este estilo de vida, es que tripulante se va haciendo día a día.
No se nace siendo tripulante, no se nace amándolo, no está en la sangre… yo creo que el tripulante se inventa a sí mismo, forja su carácter, elige. Todos los días, con cada pasajero, cada anécdota, cada turbulencia, cada noche fuera de casa, cada reproche familiar, cada navidad perdida, cada arañita en las piernas, cada pasajero enojado, cada accidente de avión en el diario… de a poquito, de manera casi imperceptible, se va formando quienes somos. Una vez metido en esta piel, el tripulante ya nunca más será, ni querrá, ni podrá ser otra cosa más, que un tripulante de cabina.

Para que el aire de la cabina sea respirable a la altura a la que volamos, 10.000 metros, el avión se presuriza. Junto con el avión se presurizan nuestras piernas, nuestros pies, nuestras manos, nuestro estómago, pulmones, oídos, útero, muelas, cerebro… todo.
Esto quiere decir que, al menos dos, y puede que hasta cuatro veces por día, junto con el avión, se nos inflan y desinflan los órganos y todas las partes del cuerpo.
¿Consecuencias? Todas.
Dolor de cabeza, dolor de ovarios, dolor de muelas, dolor de panza, resfríos, congestión, sinusitis, otitis, mareos, vómitos, diarrea, baja de presión… y podría seguir.
Pero solamente durante los dos primeros meses.
Una mañana te levantas y te das cuenta de que estás bien. No te duele nada, no te enfermás. Ya está, el cielo te dio la bienvenida.

Los que tienen turnos rotativos sabrán lo que es un día trabajar a las 6 de la mañana y volver a las 7 de la tarde y al día siguiente trabajar de 9 de la noche a 7 de la mañana. ¿Dormir? Cuando se pueda.¿Comer? Cuando se pueda. ¿Estar con los hijos, el marido, visitar a los padres, ir a cumpleaños? Cuando se pueda.
Una vez me dijeron mientras estudiaba: VOS te adaptás al avión, no el avión a vos.
VOS gestionás todo para estar en el avión, el avión NO ESPERA. Y esa es la pura verdad, el avión NO ESPERA.

No espera que te adaptes, no espera que aprendas, no espera que sepas qué hacer, o qué decir, no espera que estés de humor o con ganas, descansado o motivado.
El avión DA POR HECHO que sos un profesional, nada se te puede escapar.
Servís café sabiendo que en cualquier momento se pueden desplegar las máscaras y vas a tener un descenso de emergencia, y con el carro lleno de cosas en el medio de la cabina vas a tener que sentarte donde puedas y ponerte la máscara de oxígeno más cercana, logrando que los pasajeros te imiten.
Despegas pensando que algo puede fallar. Mientras el avión carretea a 300 km por hora te preparás para que despiste, para que choque, para que explote un motor, para que caiga en el Rio de la Plata. ¿Suena duro? Si, lo sé, pero así es. Nos preparamos todo el tiempo para lo peor, para lo impredecible, para lo impensado.
En esa situación de estrés trabajamos y lo mejor es que, no se nos puede notar.
El pasajero no sospecha que pensamos todo eso. ¡Y no debe sospecharlo! Si lo hiciera, no subiría. Entonces nos encargamos de que crea que estamos ahí por su café, por su alfajorcito, para bajarle el cambiador del baño y ayudarlo con su bebé.
Sonreimos, acomodamos, informamos, servimos, mimamos… y detrás de todo eso, los cuidamos.

Una vez que todo eso termine, habiéndonos despedido, podremos correr a sacarnos nuestras medias, DESPRESURIZARNOS e intentar llegar a tiempo a la fiesta de cumpleaños.
Pero ¿saben qué?
Todo vale la pena, este tubo metálico es más que nuestra oficina, es más que nuestro mostrador, más que nuestro consultorio. Aquí es donde nos sentimos quienes verdaderamente somos, aquí es donde nos encontramos con nosotros mismos, y aquí es donde, la mayor parte de las veces, somos los primeros en ver salir el sol.

7 comentarios en “Bienvenidos.

  1. es el lugar en el que nos ausentamos de todo, solo para jugar a ser tripulantes, jugar a que nos adaptamos al cielo… te quiero, gracias por poner estos pensamientos en palabras..

  2. tan ciero, tan real, cosas tan exactas que no todos lo soportan, lo aguantan, ni lo entienden….
    como siempre me encanta, sos grosa/o sabelo 😉

  3. Cada palabra es muy cierta… Y sì, a veces odio subirme al aviòn, pero cuando ya estoy arriba de èl y arriba en el cielo, en la nube, me encanta. Si bien nos perdemos fechas importantes, este trabajo es bien egoìsta dentro de todo, por que el que sigue la "realidad" de las cosas es el que se queda en tierra, tu familia, novio, marido, hijos, y nosotros nos podemos desentender por un par de horas o dìas de pernocte, de la realidad familiar, personal, etc….
    Gracias por èstas palabras…!!!

  4. Si bien el pax solo conoce, la parte de afuera, lo que ve del trabajo de ustedes, no sabe todo a lo que se exponen ni las exigencias de lo que es el trabajo de ustedes.
    Muchas veces ya que trabajo en seguridad brindando servicios para LAN, las puedo ver a la mañana siempre saludándolas al pie del avion, y siempre llegan con una sonrisa, la mayoria, otras veces con solo un buenos dias se les va las caras de cansadas o las preocupaciones ya que muchas veces salen a volar y tuvieron algun problema en casa, el trabajo de TC, no solo se limita a viajar y usar ricos perfumes del free shop y vestir coquetos y elegantes uniforme, muchas veces se las ve muertas de frio, ya que no abrigan mucho que digamos y asi y todo suben apuradas con sus maletas al avion y siempre con una sonrisa. Les doy las gracias por todo eso, tanto como pasajero que fui y mucho, durante muchos años y ahora como compañero de trabajo. Un cordial saludo

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