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Estuve drogada en tu velorio porque vos estuviste drogado toda mi vida.

(Pinche)

Solo quisiera compartirles algunas cosas de la última entrada que tendrá el libro vulgar.
Pero… cómo hacerlo? Qué poner? Como no spoilear?

El libro se está terminando, falta tan poco que ya siento la nostalgia de todo aquello que tiene final.
Aún cuando conozca cómo termina, aún cuando soy yo la que lo escribo, aún cuando sé que tengo todo por delante y que ésto no es nada más que comenzar.
Este libro es el proyecto más grande que he tenido en mi vida.
Este libro es, probablemente, el único proyecto que he tenido en mi vida.
Esta noche decidí no caretearlo, no esconderlo, no tapar la rebelión de toda esta vulgaridad.
Vamos, si todos queremos decir las cosas tal cual son. Si nos morimos de ganas de dejar de fingir, de ocultar, de mentir… si nos morimos de ganas de largarnos a llorar, de gritarle a los otros, de escondernos bajo la almohada, de dejarnos amar.
Si nos morimos de ganas de amar.

Si después de todo, para lo único que se viene a este mundo es para aprender a amar.
Todo lo demás, es el relleno.

Este libro no trata de aviones, no trata de azafatas, de pilotos, de perros, de gatos, de hoteles, de caviar.
Este libro se trata de lo difícil, de lo imposible, de lo incontrolable y duro que es amar.
Habrá quienes sepan entenderlo y lo sientan, habrá quienes se queden en lo superficial.
Pero, si quieren hacer el esfuerzo, les pido que tomen con cariño al libro vulgar,
Tomándolo me tendrán en sus manos, tomándolo tendrán un pedazo de sí mismos, tomándolo habrán puesto en jaque todo aquello que no es real.
Tomándolo tendrán en sus manos un pedazo de una historia real.

Vengo de una seguidilla de eventos difíciles, mi manera de escribir cambió y tengo que esforzarme mucho para hacerlos reír. Yo sé que les gusta reír, casi puedo verlos en su casa, con el teléfono y la computadora adelante, riendo solos, o adelante de alguien que los mira como si estuvieran locos, alguien que no sabe lo que es el blog vulgar.
Casi puedo verlos y amarlos, casi puedo abrazarlos y agradecerles toda esta compañía, todo este apoyo, toda esta realidad.
Gracias por la paciencia, gracias por jugar los juegos, gracias por imaginar.
Estos últimos tiempos han sido difíciles y pasaron muchas cosas a las que me tuve que adaptar.
Tengo que aceptar que no me estuve adaptando muy bien.
La muerte es la única cosa de la vida que nos enseña lo que en realidad es la vida.
Y al ser la única cosa que no tiene remedio, nos deja un poco desprotegidos, un poco UMs, un poco solos, un poco mal.

En el momento en el que llegó la primera muerte, decidí que no me podía afectar.
Sabía que el mundo podía comerme entera, que podía tragarme cruda y sin masticar, así que decidí patearlo, no entenderlo, no pensarlo, no vivirlo y no llorar.
Decidí, simplemente, que no había pasado y que no podía pasar.
Pero, al llegar la segunda muerte, no hubo manera de escapar.
Los invisibles se hicieron presentes con cartas como las de Hogwarts, entraban por las ventanas y las chimeneas, entraban con búhos, con wrecking balls, con bombas, con los yankis diciendo que atacaban porque en realidad tratan de defender.
Y no tuve más remedio que dejarlos entrar.
Y adiós adiós a mi mundo vulgar.
Todo se tiñó de tristeza, porque la segunda muerte trajo la primera a tomar el té.
Me había recogido el pelo, había sacado el juego de tazas importado, había cambiado el mantel.
Los tres nos sentamos y tomamos en silencio, sin mirarnos, sin ladrar.
Yo tomé mi té verde sin derramar una lágrima, intentando demostrar que sabía no llorar.
Muy corteses los tres, mantuvimos la cordialidad hasta el final, pero cuando los acompañé a la puerta me temblaron las rodillas, se doblaron hacia adentro, y supe que no podría fingir más.
Nos abrazamos de una forma cálida y hermosa. Nos encontramos en un lugar donde hijos son padres, y padres son hijos, donde perros son padres y padres son perros, y los perros son hijos, y los hijos son perros. Nos abrazamos en un lugar donde todos somos los hijos, los padres y los perros de alguien.
Entonces pude llorar.
Entonces, en Enero del 2012 pude llorar, y no he parado desde entonces. No he podido parar.

Estuve drogada en tu velorio porque vos estuviste drogado toda mi vida.
Qué querés que te diga?
Que me da culpa? Pues no me da.
Bien contenta me pone haberte despedido como correspondía.
Bien contenta me pone haber sabido aprovechar tu estadía, haber aprendido tus lecciones, haberme evadido mientras podía.
Pensé que tenía que sentirme culpable por haber estado bailando mientras vos te morías, pues no.
Porque muchas veces, yo era chiquita y mientras me moría, vos bailabas y te reías.
La vida es desprolija, hoy lo sé.
Hoy lo sé, pero antes no lo sabía.
Y tengo que venirme a miles de kilómetros a este país del orto a poder aceptar en un blog cuánto te quería, cuánto me hacés falta y qué cosa no daría por verte una vez más.

Mi vida sigue.
Y ha llegado mi momento de elegir.
Lamentablemente, debido a las grandes incongruencias y los grandes traumas, debido a los faltantes, a los pilares inexistentes, a los modelos truncos y los miedos reinantes, me cuesta elegir bien.
Así que voy a hacerlo tranquila y por partes, voy a hacerlo lúcida, voy a hacerlo constante.
Voy a hacerlo sin ustedes, porque se han ido y voy a hacerlo con ustedes, porque han existido.

Pero voy a hacerlo, sin dudas, voy a hacerlo.

Gracias por haber venido hasta acá.
Estamos llegando casi al final.
Recíbanme con la mente fresca y la puerta abierta, porque conmigo traigo una fiesta, traigo las luces, traigo confetti, traigo mucho cotillón.
Recíbanme sin miedo y con ganas, porque si me dejan entrar de verdad, dejan entrar una revolución.

Me despido de ustedes hasta dentro de unos días.
Quiero que sepan que Los Angeles no tiene este nombre en vano.
Gracias, Los Angeles.

Gracias a ustedes, los de la religión del avión.

1 comentario en “Estuve drogada en tu velorio porque vos estuviste drogado toda mi vida.

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