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Mi útero, mi corazón.

Avanzar, caminar, conseguir, aprender, disfrutar, festejar, descansar, despertar, tropezar, resbalar, dudar, recular, descender, fracasar, dormitar, vomitar, retroceder, pensar, callar, analizar, cerrar los ojos, respirar. (Pinche)

Compré un blister de pastillas que me recetó un médico en un vip a las 4 de la mañana. Me metí en el baño y con dedos temblorosos, abrí la caja.
Las pastillas eran espejadas, podía ver mi propio rostro poniéndolas delante mío. Mi cara reflejada en un rohypnol de la verdad.
El espejo recorrió el interior de mi cuerpo y al llegar a los jugos que lo disolverían, explotó, manchando las paredes de todos los órganos de color mercurio, tiñiendo de plata mis venas, mis tripas, mis alvéolos, arterias, células.
Pero mi útero, mi corazón.

Con sangre de unicornio recorro los pasillos del Sierra Juliet, cierro las puertas de toda la pandilla Brava, caliento las comidas, cambio mis zapatos, sonrío sin razón.
Y sólo 5 palabras recorren mi cromada mente.

“Quédense con sus verdades innecesarias.”

¿Para qué quería saber yo la verdad?
Si los imbéciles son más felices, si quienes no piensan, no elaboran, no confrontan, no sufren jamás.
Guárdense sus secretos y sus confesiones. No drenen sus culpas a costas de nuestro dolor.
Queremos vivir en la ignorancia, queremos hacer oídos sordos a sus razones, sus motivos, sus elecciones. Queremos ser estúpidos y pasarla bien.
¿Por qué diablos no nos dejan pasarla bien?
Carne por fuera y plata por dentro, me fuí secando, me fuí enfermando, mi útero, mi corazón.
Me acosté en la cama de los moribundos y escuché mis latidos multiplicarse sin control, mi sangre correr lenta y pesada, mis ideas nublarse, mi ovario malo cambiar de color.
Y mirando las luces en el techo y oliendo a lavandina y formol, entendí que eso era enfermarse por culpa y por dolor.
Todo lo que se queda adentro es tumor.
Todo lo que no barremos, lo que no extirpamos, lo que no logramos procesar.
Todo aquello que fingimos, los juegos que jugamos, todo lo que no es verdad.
El espejo que habita dentro mío me deja ver la realidad. He decidido empeñar mis más preciados bienes, mis únicos tesoros: mi útero, mi corazón.
Enfermaré hasta límites desconocidos para limpiar mis culpas, coquetearé con el malestar de tener la muerte sacándome a bailar, dormiré siestas de lágrimas con esta elección nueva, este amanecer lleno de oscuridad.
Esto es volver a empezar.

Con tantos aliados como dedos en una mano, pero con hectáreas de libertad, reviso el pozo en el que he caído, reviso si mis heridas tienen un grado mortal.
Minada de invisibles está esta plataforma hermosa, repleta de telarañas explosivas, plantas venenosas, personajes peligrosos, mentes retorcidas si las hay.
Cruzo descalza sin evitar los cortes, los tajos; las plantas rojas de mi pie se dibujan como un camino que no se debe seguir, y al llegar a la escalera, subo sin mirar atrás.
Me sumerjo en el Sierra Juliet como en la pileta de Cocoon, y sentada en el jumpseat de la 1L me abro al medio el pecho y lo dejo ver, mi útero, mi corazón.

Es Juliet quien me dice que todo tiene remedio menos la muerte y que no está muerto quien pelea.
Es el cielo quien me responde que no me va a dejar abandonar.
Son los seres en las nubes quienes recuerdan que aún queda algo por crear.
Pero mi útero, mi corazón.
Son ellos quienes aguantan hasta que termine mi creación.
Son ellos quienes dictan mis templos y mis misiones, mis vuelos, mis letras, mis animales, mis tiempos, mis aviones, mi verdadera pasión. Son ellos quienes dirigen las ideas, quienes aceptan y rechazan, quienes hoy, plateados, bellísimos, brillantes como diamantes me repiten que siempre es hoy.

Mi útero, mi corazón, cansados pero no vencidos. Golpeados pero no acabados, usados pero nunca esclavos.
Enfermos pero todavía vivos.
Mi útero y mi corazón.

Avanzar, caminar, conseguir, aprender, disfrutar, festejar, descansar, despertar, tropezar, resbalar, dudar, recular, descender, fracasar, dormitar, vomitar, retroceder, pensar, callar, analizar, cerrar los ojos, respirar.

Curar.

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