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No se entiende el menú pero la salsa abunda.

Enero pega mal.
Hasta el año pasado era mi segundo mes preferido después de Noviembre.
Ahora es muerte.
Se acerca la fecha de aniversario de la partida de Bamba y toda la oscuridad se me mete adentro.

Estoy enojada con el mundo.

Y todo lo que escribo está hecho para lastimar.
Estoy demasiado enojada y no es normal, no quiero a nadie, no me concentro, me olvido las cosas, no me interesa nada.
Si, soy emo.
Enero y su calor, los cortes de luz, el clima en la calle, los amigos que cada vez son menos, los entierros que cada vez son más, cada día veo menos, cada día veo menos, cada día veo menos, creo, menos mal.

Ya no hay tiempo de lamentos ya no hay más.

Digo que no pero estoy barriendo abajo de la alfombra. No me animo a destapar de una vez lo que ha pasado aquí. Toda esta terapia, todo este “dejar ir”, todo el trance en el que me meto no sirve de nada si no decido aceptar la realidad. Lo siento, no puedo aceptarlo, es demasiado dura, demasiado fea la verdad.
Escribo esto y se me llenan los ojos de lágrimas, Podrán ustedes entender? Adónde va este blog? Adónde va mi libro? Dónde va mi avión?
No puedo aceptar toda esta realidad. Déjenme barrer, déjenme cerrar los ojos, déjenme volar.

Tengo la teoría de que los tripulantes tenemos algo en común. Tenemos un gran demonio en común.
Ese demonio nos persigue, nos acecha, nos machaca, nos ataca; está bajo la alfombra, está detrás de la cortina, está en nuestra niñez, está en nuestros secretos, está en el día a día, está SIEMPRE ahí.
Nos acompaña de la mano a la puerta del jardín y nos pasa a buscar a la salida, nos vigila cuando damos nuestro primer beso, nos compra las primeras drogas, nos mete los primeros cuernos, nos regala un hermoso espejo con doble fondo.
Nuestra propia actividad paranormal.
Y nosotros corremos de amor en amor, lloramos por las noches, jugamos a ser perfectos, cuidamos de espíritus ajenos, sonreímos ante las escobas y cepillamos las alfombras… hasta que un día llega el avión.
Y ENTONCES SÍ, HIJOS DE RE MIL PUTAS, AHORA SÍ ME VOY A IR.
Ahora desaparezco, ahora no existo, ahora no me encuentran, no me tocan, no saben dónde estoy.
Arréglense sin mí, mueran, peleen, retuérzanse en sus colchones de putrefacción porque YO ME VOY.
Y nos fuimos nomás, pero antes de que digan *Tripulación estamos próximos al aterrizaje* un frío nos corre por la médula. Hemos vuelto y la mugre sigue ahí. El demonio abre la puerta y junto con el modo avión desaparece la seguridad, la falsa alegría, el entusiasmo exagerado, las ganas de hacer algo por el otro, las ganas de ayudar. Y nos quedamos con nosotros mismos.
Nada más tocar las llaves de mi casa me transporto como portkey a mi realidad. Ya no hay Sierra Juliet que te salve nena, bienvenida al mundo real.

Enero viene con todo, te recuerda, te sacude, te congela, te acribilla, te desentierra, te sonríe y te viene a violar.
Por qué vuelan ustedes? Por qué quisieron volar?
Ustedes quisieron ser tripulantes desde que nacieron? No tienen demonios? Ustedes no escapan de nada?
Estoy completamente equivocada?
Por qué están en el medio de la nada? Por qué flotan? Por qué prefieren las mil maldiciones de la presurización, el dolor de oídos, el dolor de cabeza, de estómago, la hinchazón, las venas explotadas, la sequedad de la piel, los diez mil procedimientos, el riesgo de que el avión se rompa, se caiga, estalle, desaparezca y nadie nunca más sepa nada más de vos?
Por qué no sentarse detrás de una computadora de Lunes a Viernes?
Por qué no pasar los cumpleaños y las fiestas con la familia? Por qué no ir a todos los casamientos, por qué no llegar todos los días a casa  a las 19 horas y tomarse vacaciones en Febrero? Por qué no dormir todas las noches en la cama, con el marido, con los hijos, con el celular apagado, con el cerebro descansado, con la cajeta mojada y aceitada y el culo a salvo de todo mal?

No, no nos interesa, no nos gusta, nos aburre, no lo queremos. NO LO QUEREMOS.
Ahora, ya mismo me dicen por qué.

Claro, ya lo veo, no me lo van a decir.
Y yo tampoco.
Sigamos barriendo y sonriendo, sigamos jugando a vocación, tatuándonos alas, calzándonos medias, reconociéndonos en la religión de avión.
No hace falta que digan a qué le escapan. No hace falta aquí.
Pero las caretas se han caído, y el For Bitching Only ha llegado, y no se piensa ir.

Por favor no se quejen de toda esta oscuridad, permítanla.
Un ser muy bello me enseñó lo que es patinar en manteca, y decidí permitirme fracasar.
Y día a día, minuto a minuto, viviré mis fracasos de Enero, viviré mis fracasos de Febrero y de Marzo, me caeré en mis pérdidas de Abril y Mayo, lloraré en Junio, dormiré en Julio y negaré Agosto, lo intentaré de nuevo en Septiembre y tropezaré en Octubre, pensaré ganar en Noviembre y maldeciré en Diciembre. Y así, año tras año, volver a empezar.
Hasta que alguien esconda mis escobas, quizás ustedes, quizás mi libro, quizás mis perros, quizás el avión.
Y cuando la pelota bajo la alfombra sea más grande que el sillón,
y cuando la imagen del espejo me diga quién soy,
cuando pueda empezar a decir
y a entender que no hay adonde ir…

Mi fracaso habrá triunfado, y jugaremos de Enero a Junio y de Julio a Diciembre, el único juego al que me gusta asistir, el de reir, el de escribir. El de decir.
El de vivir.

Y me comeré el plato de fracaso, con queso, con salsa, con gusto y placer y con la libertad de que nadie jamás me haya dicho lo que tenía que hacer.

2 comentarios en “No se entiende el menú pero la salsa abunda.

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