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Este escrito puede dañar su sensibilidad. Quizás no debería leerlo.

 

(Pinche)

Salí caminando de casa, miré el cielo -tendría que haber traído la campera azul, va a hacer frío a la noche.

Estaba chateando con mamá, le dije ya estoy llegando a la parada, guardé el teléfono para que no me lo arrebataran. Tenía los auriculares, no sé bien cómo pasó. Todo demasiado rápido.

Unos forcejeos, unos golpes, unos gritos mudos después… estaba adentro de un auto y ya no me acuerdo muy bien de nada más. Empecé a abrir los ojos no sé cuánto tiempo después, y disculpen que les ahorre los detalles morbosos a los que entraron para leer cosas terribles; pasaron unos cuantos tipos por encima mío, grité sin voz, lloré, pataleé, de nada sirvió, mis brazos no tenían fuerza, mis piernas estaban vencidas. Me rompieron toda, no sé quiénes eran, no sé dónde estaba. Me dolía la cara y el cuerpo, no podía dormir, no podía estar despierta tampoco. Uno de mis ojos no se abría por los golpes, tenía gusto a sangre en la boca, escuchaba voces, risas, olores. Temblé durante horas, días; pedí por favor que me dejaran, los amenacé, y finalmente, les pedí que me mataran.

Si quería morir? No, no recuerdo querer morir. Lo que no quería era seguir así. Lloré mientras me ahogaba en sus manos, lloré y pensé en que ya no iba a poder anotarme en la facultad, pensé en los abrazos de mi mamá, en dormir con mis gatos, juro que traté de llevarme algo hermoso en la mente… juro que no quise llevarme el olor de ese lugar, el dolor de mi cuerpo, la cara de esos tipos. Pero de qué sirvió, terminé en una bolsa que nadie jamás volvió a encontrar. Saben la cantidad de lugares que hay para meter un cuerpo chiquito como el mío? Miles, millones.

Y así, en las manos de un hombre, dejé de ser.

 

Esperé un taxi en la esquina, no era muy tarde, pero ya estaba oscuro.

De dónde salieron los tipos? Yo no sé, estaba pensando en hacer la comida en casa cuando llegara, en bañarme antes de acostarme… pero con qué fuerza me agarraron, parecían tener hierro en vez de brazos, toda mi resistencia parecía un chiste. Nadie escuchó nada, nadie vio nada. Nunca hay nadie, claro.

Estuve en un cuarto mareada, sin poder ver bien y sin poder hablar. Pensaba de todo, les juro. Mi cabeza iba a diez mil pero no era capaz de manifestar nada con el cuerpo.

Me dieron de comer, no me maltrataron, pero me explicaron que ya no iba a volver a casa. Tenían fotos de mis nenes, recuerdo llorar. Me explicaron que si hacía lo que ellos decían, los nenes iban a crecer sanos, que incluso me dejarían ver fotos o algún video, pero que si intentaba escapar, comunicarme, hablar con alguien, o pedir ayuda, no solo me iban a matar inmediatamente, sino que quienes los vigilaban iban a ir a buscar a los chicos. Lloré, pregunté por qué, pedí por favor, supliqué, ofrecí todo lo que tenía. No me contestaron más.

Me dijeron que mi vida anterior, simplemente, había dejado de ser. Yo había dejado de ser.

En unos días viajaríamos a otro lugar, tenía que estar tranquila y nada iba a pasar. No me iban a maltratar.

No sé cuánto tiempo pasó. Me alimentaron, me dejaron bañarme. Me hablaban poco. No los escuchaba hablar entre ellos, sonaban teléfonos, entraban personas. Me sacaron fotos.

Una mañana después del desayuno me sentí muy descompuesta, no tenía fuerzas en las piernas, casi no podía pararme. Un rato después, me vistieron y me llevaron. Intenté hablar, pero no me salían más que sonidos guturales, me vencía el sueño, pero me hicieron caminar. Subimos a un auto, empecé a ver gente en la calle. Quise gritar. Los sonidos parecían los de un animal, no era una voz, no era nada entendible y me descomponía aún más intentar pensar claramente o querer hablar. Intentá dormir, va a ser lo mejor -dijeron.

Llegamos a un aeropuerto, caminé del brazo de uno de ellos. Nadie parecía darse cuenta de que algo me pasaba, la gente reía, llevaba valijas, se sacaba fotos. Intenté mirar a alguien pero nadie me miraba. Subimos a una escalera y se detuvieron, me mostraron un video de los nenes, alguien estaba con ellos filmándolos. Me dijeron que no hablara una sola palabra o ya sabía lo que iba a pasar. Me quedé petrificada por el video, entre desesperada, triste, muerta y felíz. Ni siquiera me caían las lágrimas. Pasamos los controles en silencio, me llevaron del brazo todo el tiempo. En la entrada al avión uno que venía adelante presentó los pasajes de todos y los dni. Tenían mi dni? No puede ser, mi familia me debe estar buscando. Será un dni trucho. Pero cuánto más intentaba pensar más la cabeza me llevaba a lugares sin sentido, a estupideces, formas deformadas, más mareos, más cosas sin sentido… quería cerrar los ojos y dejar de caminar. Subimos al avión, me recordaron que no mirara a  nadie, me sentaron contra la ventana y me dieron un antifaz para dormir y una almohadita alrededor del cuello. No quiero dormir, no quiero dormir. Me quiero bajar, quiero volver a casa. Si este avión despega, nunca más voy a volver a casa. No puedo hablar, no puedo patalear, no puedo pedir ayuda, no puedo hacer nada. Dejé de ser, ya no existo. Mátenme. Por favor, mátenme.

Cerraron mi ventanilla, me quedé mirando mis pies apoyados en la alfombra mientras el avión cerró sus puertas y se escuchaban los anuncios. Me caían las lágrimas mientras miraba hacia abajo, mis piernas se mojaban de gotas, mis manos no eran capaces de limpiar mi cara, los brazos no me obedecían, estaba tan cansada… quizás deba hacer lo que dicen, dormir y no pelear más.

Me desperté con el avión volando, me habían puesto la almohada, el antifaz y auriculares. Seguro que desde afuera me veía como una turista relajada. Me sacudí y cayeron los auriculares, con mucho esfuerzo intenté destaparme los ojos mientras ellos volvían a taparlos, finalmente logré sacarme el antifaz.

Una azafata con un carro con comida me miró y con una sonrisa hermosa y brillante me preguntó si quería tomar algo.

Tantas cosas se me vinieron a la cabeza, tanta esperanza, tantas ganas de abrazarla, de agradecerle, de llorar… tantas, tantas ganas de que me saque de ese asiento y me lleve con ella ahí donde están las azafatas, al lugar seguro de ellas, donde te cuidan, donde te devuelven con tu familia. Abrí la boca para contestarle, pero el que estaba al lado mío se giró y me dijo en voz bastante alta que como estaba mareada y descompuesta mejor no comiera nada, y el que estaba en el pasillo le dijo a la azafata que yo tenía miedo a volar y que había tomado una pastilla y que mejor que durmiera. Interrumpí con un sonido que pareció un graznido y el que estaba al lado mío me dejó bien en claro que no volviera a intentar hablar.

La azafata sonrió, me  volvió a mirar y me dijo que no tuviera miedo, que el avión era el medio más seguro de transporte que existía y que allí estaban ellos para ayudarme en lo que necesitara.

Esa chica fue la última persona que me miró a los ojos en meses.

Me dijeron que a fin de año, si todo iba bien, me iban a dejar volver a casa. Así que trabajé para ellos, consumiendo todo lo que me daban para poder soportar día tras día lo que pasa acá. Llegó fin de año y no pude ir, todavía me necesitan.

Veo fotos de los nenes de vez en cuando, algún video. Se acordarán de mí? Tan chiquitos. Guardo las fuerzas, cuando los vuelva a abrazar va a ser el mejor momento de nuestras vidas, solamente quiero abrazarlos una vez más.

Pasan los meses, sigo acá. Hay días que quiero morir, hay días que solamente la droga que me dan hace que sea soportable todo esto. Hay días que no sé si me van a mantener viva por mucho tiempo más. Hay días que cierro los ojos y veo la cara de la azafata, sonriendo, prometiendo que todo va a estar bien.

 

En Enero se cumplirán 9 años de mi primer vuelo. Hace casi 9 años que recibo pasajeros, hablo con ellos, los saludo, les sirvo sus bebidas y los cuido. Trabajo por la seguridad de los pasajeros, además del rol de servicio, sus comidas y sus bebidas, mi trabajo es estar atenta a posibles situaciones de riesgo o de emergencia. Me encanta lo que hago, creo que, a pesar de lo que muchos puedan creer, éste es un trabajo que importa, que sirve, que ayuda. Me gusta pensar que no es lo mismo que estemos o que no estemos, me gusta pensar que hacemos una diferencia.

Pero… cuántas veces habrán subido personas, chicas, adolescentes, niños y niñas que están siendo vendidos? Cuántas veces se llevaron mujeres en mis narices, mientras yo ofrecía café y té con una sonrisa?

El mundo en el que vivimos ya no es un mundo solamente café y té.

Las mujeres valemos por nuestras conchas porque a los hombres les gusta pagar para penetrarnos. Las mujeres somos llevadas a colchones mugrientos en los que se nos droga, se nos pega y se nos mata, no sin antes disfrutar mientras lloramos y pedimos que por favor no, que por favor basta, que por favor nos maten de una puta vez.

Con suerte, a veces nos matan y ya dejamos de verlos encima nuestro una y otra vez.

Con suerte dije? Qué se yo si es con suerte, quizás alguna de nosotras tenga ganas de seguir viviendo después de ésto.

Pido disculpas por haber sido tantos años una azafata que sirve café  y té. Pido disculpas por haber estado drogada, callada, dormida, por no haber podido darme cuenta de que en mi propia cara se las estaban llevando. Ahora desperté y lo veo tan claro, que no puedo dejar de llorar y de prometerme y prometerles, que si se las llevan, al menos de mi vuelo no se van a bajar.

Es verdad que las azafatas tenemos ese lugar seguro donde ustedes pueden venir, es verdad que en ese lugar las cuidamos, es verdad que en ese lugar las devolvemos a sus familias. Lo que pasa es que nosotras no lo sabíamos, no sabemos cómo hacerlo, ni cómo construirlo.

Lo que les pido, a todos. Es que abramos los ojos. Si caminamos o vivimos en nuestro mundo/celular no vemos que a las chicas se las están llevando. Las marchas no nos devuelven a las chicas, las marchas no las reviven, las marchas las hacemos cuando ya las perdimos. Para no perderlas, hay que abrir los ojos. Para no perderlas, hay que estar atentos. TODOS.

Por ese motivo, por medio de la presente, les pido un compromiso para cambiar esta ignorancia que nos rodea, les pido que nos capacitemos, les pido que no seamos la azafata que sonríe y deja pasar sino la que conoce el procedimiento, la que silenciosamente actúa para que las chicas tengan la posibilidad de volver a sus casas.

Que necesitamos? Capacitación. Información. Saber cómo manejarnos, qué hacer, qué decir, qué no hacer y qué no decir. Yo sé que parece un delirio, pero… y si no lo es? Y si esto es tan delirante como todas aquellas cosas del pasado que parecían delirantes y hoy son una realidad?

Hagamos marchas por la gente que perdimos, por los que no volvieron, por los que no aparecen. Rompamos todo, reclamemos, gritemos, pidamos por los que no encontramos. Pero hagamos algo ya mismo por los que todavía están, para que vuelvan a sus casas todos los días, para que nadie sienta que simplemente, dejó de ser, de existir.

Yo no soy una azafata de café y té, yo quiero crear de verdad ese lugar seguro al que esa chica quería ir. Y estoy segura de que lo podemos construir.

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Agrandamo el cuarto

 

(Pinche)

Me activaron la guardia para una posta en Mendoza. Él me miraba poner  un jogging, unas medias abrigadas y una remera ancha en el carry. Nunca fui fan de Mendoza, por más que es una provincia hermosa, la paja que me da salir de la cama del hotel es directamente proporcional a la sequedad del ambiente. Me dio un beso en la puerta de casa, me dijo que me iba a extrañar y que me portara bien. Me daba gracia el “portate bien”, qué podría significar portarse mal? No ofrecer café y té con las bebidas? No ir por segunda vez a la salida de emergencia a preguntar si están de acuerdo con sentarse en ese lugar…? O no lavarme los dientes antes de dormir? Qué se yo, cuando una azafata está enamorada, ni piensa en portarse mal, lo único que espera es que le contesten los mensajes cuando se va de posta, o que la reciban con los platos lavados y la chota impoluta.

Debo decir, tenemos una vida difícil de entender. Los tripulantes suben esas fotos al facebook en la que hay dos chabones y dos minas en una cama king size y los demás flashean que se estuvieron chupando los cuerpos hasta cinco segundos antes del disparo, a veces se ven mesas de 10 personas y se ven botellas de vino, cerveza, champagne… ahh eso seguro es un cogedero!! Los pilotos le dan la leche a todas las pibas, los pendejos se cansan de garcharlas, las trolas estas se enfiestan fuerte. Pero de pronto, ahí estábamos haciendo terapia de grupo porque el padre del nene de una le quiere sacar la custodia, o porque la mamá de otro tiene un cáncer terminal, o porque una de nosotras perdió un bebé… a veces estamos lejos de nuestros amigos de la vida real, y esos momentos son lo más cercano que tenemos a la intimidad. Nadie se enfiestó con nadie, simplemente estábamos hablando… vino o cerveza de por medio, creando en un milisegundo una familia ficticia que nos abrace un poco, aunque cinco minutos después, ya no seamos nada.

Pero sé que para el que se queda puede ser raro, difícil, complicado. De pronto la casa está sola, nadie hace la comida, nadie enciende el lavarropas, nadie te abraza en la cama. Una semana, dos semanas, tres meses, dos años… y ese trabajo que parecía algo pasajero que iba a lograr que conociéramos el mundo entero y viajáramos gratis, se vuelve el enemigo que se lleva a la amada de casa en todas las fechas importantes. Desaparece la Navidad, desaparecen los aniversarios, los cumpleaños, los feriados. Se empieza a bailar la vida solo, y parece que eso es mucho más pesado que unas vacaciones hermosas en Ibiza.

Volví a casa cansada, con la espalda doblada y muchas ganas de dormir. Él no me miró a los ojos cuando entré, no se levantó a abrazarme, no se tiró en la cama mientras desarmaba la valija. Sin ni siquiera darse vuelta, dijo “Hola!” fingiendo interés. Desde ese exacto momento supe que algo andaba mal, pero bueno, nunca fui de las que revisan teléfonos. Apenas unos meses después, me encontré metiéndome en el historial de la computadora, viendo como desde las 22 hasta las 3 de la mañana, aparecía una seguidilla de álbumes de fotos de señoritas en sus vacaciones, sus salidas, sus cumpleaños. Quiénes eran? Contactos de facebook, que se yo. No podía preguntar, era vergonzoso contar que me metía en el historial. Y supongo que tampoco quería saber si esas niñas eran de carne y hueso o simplemente una fantasía. Qué diferencia hay entre el porno y un álbum en traje de baño en punta del este con las chicas? Que a las del porno no les mandás inbox.

No quise ver, no quise saber, no quise indagar. Las pruebas eran contundentes, cuando dejás de coger algo pasa, es un indicador que no falla jamás. Me acosté llorando cada noche, durante meses, en la cama de la provincia que fuera; las postas se convirtieron en un martirio, los mensajes jamás eran contestados y las salidas con amigos se extendían hasta cualquier hora. Sin embargo, cuando estábamos juntos nos divertíamos, siempre nos divertimos mucho. Mi estúpida manera de hacer personajes, voces, caras, juegos… siempre tiraba cualquier situación para adelante. Seguí jugando, todo lo que pude.

Una posta volví a casa y se nos fue de las manos. Se acostó a dormir la siesta conmigo como si nada, habiendo pasado la noche con unas chicas de la calle Corrientes, de esas a las que hay que pagarles para que te toquen.

Si dolió? Dolió bastante. Tardé tanto en enterarme que cuando dolió, ya ni tenía sentido que doliera. Qué mecanismo hace que un hombre pague por ver a una mujer desnuda, pague por tocarla, pague por penetrarla? Una mujer no lo va a entender nunca, jamás, al menos eso me sigue diciendo mi psicóloga cuando todavía le digo que tengo miedo. Te podés enamorar de la chica que atiende el kiosco, te podés emborrachar y darte un beso con tu mejor amiga, te podés hinchar las bolas e irte con una que esté doscientas veces más fuerte que yo; pero ir a pagarle a una señorita para que te haga todas las cosas que tu mujer quiere hacer con vos… en fin, soy mujer, nunca voy a entender el mecanismo por el cuál los hombres recurren a pagar por acostarse con alguien.

Un día pasó; me di un beso con un chico que quería ser mi novio. Yo le había dicho que no podía tener nada con él porque  convivía con alguien. Pero la grieta era real y se veía de afuera, así que el chico me dio el beso igual y yo me fui llorando a mi casa. Entré rápido, culposa, ocultando las lágrimas y la vergüenza. Me bañé, tratando de sacarme la suciedad por dentro y por fuera. Me enojé conmigo misma por disfrutar del beso, por querer que alguien me quisiera, que me abrazara, que me contestara los mensajes.

Me odié cuando le dije que se fuera de casa. Me odié cuando metía sartenes en una valija que yo le había regalado y me preguntaba si se podía llevar esta olla o esa toalla. Me odié porque para mí era un divorcio y para él eran vacaciones de invierno sin la bruja. Me odié cuando esa noche me quedé sola y la cama medía 3 metros. Me odié tanto, odié a los hombres, odié las familias, odié las postas, odié la calle Corrientes. Y eso que todavía no lo sabía.

Desde ese día descubrí que a las azafatas nos meten más los cuernos que a las amas de casa. Somos más cornudas que las mujeres de los pilotos. Salvo que seamos azafatas y mujeres de pilotos al mismo tiempo, en ese caso, el cuerno es doble y se anula.

Arrastrar los cuernos, los arrastré toda la vida. He sido fiel e infiel, yo misma he mentido alguna vez, pero el récord de quedar enganchada en las puertas lo tengo yo, claramente. Por suerte, después de tanto renegar con la inseguridad y los miedos, hace unos años decidí dejar de pensar en el otro, en lo que el otro hace, en lo que el otro quiere. Jamás sabremos de sus fantasías, de sus secretos, de sus otras vidas. No persigo, no busco, no encuentro. Si la vida quiere que me entere de algo, me lo enteraré; y si no, pues no.

Que cada uno viva con su conciencia.

Y felice los 4.

Un corso a contramano

La contradicción se hace carne. Debería tener las manos de una azafata, sin embargo, tengo los dedos llenos de tierra, barro bajo las uñas, me buscan en media hora.

Me activaron la guardia para ir a Salta cuando estaba en la cama con los 3 perros y los 2 gatos, esperando que la lluvia no dejara nunca de caer.  Después del llamado, me bañé, comí y salí a pasearlos. En la esquina donde siempre suelto a Ibi porque es una cortada y no circula gente ni autos, enfrente a la casa de la vecina que tiene un jardín con especies espectaculares y re bien cuidadas, había una pila de ramas de árbol y muchas hojas verdes. Miré disimuladamente pero había gente así que seguí de largo. Caminamos unas cuadras, los perros corrieron. Yo metí las manos en el tapado para paliar el frío de 24 de Julio lluvioso y me dio una paja terrible pensar en hacer el vuelo. Seguí caminando, llamé a Ibi, le puse la correa y volvimos por donde vinimos. No había nadie cerca, así que examiné los especímenes. ALGUIEN había cortado con odio una cantidad de agapantos que no puedo describir. Uno, dos, tres, siete, quince, veinte, todos con raíz. Agarré tres y volví a casa, pensando en que cualquier auto los pasa por encima y los mata- volví con una bolsa y metí 5 de los grandes. El bulbo con las raíces es del tamaño de un pomelo grande, algunos el doble. Faltando 40 minutos para la búsqueda me puse a hacer agujeros en el patio con una palita y un rastrillo de jardinería. Podía sentir como se me metía la tierra debajo de las uñas y supe con certeza que no iba a tener remedio.

Planté uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Quedaron otros tantos en un tacho con tierra, mañana será su turno. No hay mejor regalo para alguien como yo que encontrarse estas plantas con raíz en el medio de la calle, son casi mejores que los 100 pesos que me encontré el sábado en la puerta de Jet. Con la travesura finalizada, me lavé las manos y me apreté tres granos.

Son las 4, me buscan 4,25. No estoy preparada.

Dejó de llover, y un solcito tímido se asoma entre las nubes. Miro el cielo y me pregunto cómo me tratará en un rato, cuando lo vea de cerca. Qué extraño tener una relación tan estrecha con las nubes y la tierra al mismo tiempo. Qué tan contradictorio se puede ser?

Todo lo posible.

Miro al costado, descansan las tres primeras hojas de una nueva historia. Una historia que tememos contar, no sabemos bien por qué, no sabemos cómo la contaremos ni cuál será el resultado. Lo que sabemos es que esta nueva historia no puedo firmarla yo, que un nuevo seudónimo deberá nacer para firmarla. Y sé que ustedes podrán descubrirnos detrás de las palabras, pero yo jamás diré que fui yo. Lo negaré para siempre, miraré hacia otro lado, cambiaré de tema y prepararé un té.

Y ahora es tiempo de ponerme las medias y pintarme las uñas, así que me retiro.

Live long and prosper.

 

 

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La zona del caos

 

(Pinche, y escúchela entera, por favor.)

Nunca supe bien de qué se trataba eso del couching, debo admitir, siempre pensé que podría tener que ver con gente muy capacitada, muy elocuente, intentando convencer a otros, quienes con una autoestima muy baja, compraban recetas que de mágicas no tenían nada. Me puedo equivocar, sigo sin tener idea de qué se trata el couching, pero parece ser que de sus filas sale el concepto de “zona de confort”. Según estuve averiguando, quedarse en la zona de confort, sería un mal muy grande de nuestra generación, que se refiere a la necesidad de permanecer en situaciones cómodas y conocidas, pero que no representan ningún desafío ni crecimiento para el individuo en cuestión. Incluso algunos artículos, o sea wikipedia, hablaban de que estas situaciones podrían llevar al estancamiento y hasta a la depresión.

Hecho este enunciado, les cuento que el couching y los psicólogos ( los psicólogos? es esto real?), recomiendan sacudir la zona de confort y eyectarse de la misma.

Bueno, entonces, vámonos a la vereda de enfrente.

Cómo se llama esta otra patología, en la que, completamente enfrente de la zona de confort, se vive en un absoluto caos? Cómo se llama el mecanismo mediante el cuál, nosotros, los que no sabemos absolutamente NADA de zonas de conforts; nos generamos situaciones nuevas, complicadas, estresantes y hasta te diría peligrosas todo el tiempo sin parar? Cómo se llama la adicción nuestra a que, cada vez que una situación está medianamente controlada, siempre aparezca o hagamos aparecer un agente descontrolador, que lleve todo al cuerno?

Que tendría el couching para decir de mi caso?

Soy adicta al caos. No puedo mantener el orden en ningún aspecto de mi vida. No diría que me aburre, pero sí que me resulta casi imposible de sostener. Cuando la balanza está al medio, pum, algo aparece; y generalmente, no parece mi culpa, más bien diría que son casos fortuitos, fuerza mayor…  de ese equilibrio cósmico que hace que los de enfrente estén sentados en sillones quedándose dormidos, y los de este lado, nos agarremos de nuestros propios pelos, a los gritos, porque las horas del día no son suficientes, porque la cabeza no para de pensar, porque todo el tiempo tenemos una idea nueva que es diferente a la anterior y además, la contradice, entonces, nada, nunca, jamás es suficiente, queremos más, hacer más, conseguir más, crear más, pensar más, sentir más… la vida tiene que explotarnos en el pecho constantemente, y la única manera de lograrlo, es generando cosas, constantemente, de manera incansable y compulsiva.

Cuando pasen los años, nadie jamás recordará aquellas noches en las que se acostó a las 9 de la noche y tranquilo, apagó la luz, y se quedó dormido.

Pero de esta época, de volar a cualquier hora, de despertar con distintos techos sobre la cabeza, de la casa repleta de animales propios y ajenos, de cambiarme el uniforme en plaza italia quedándome en culo al lado de los pasajeros del 152 mientras el semáforo está en rojo para no llegar tarde a la facultad, de frenar en una senda peatonal al lado de una autopista y dejar el auto abierto con balizas para cruzar corriendo a buscar a un perro que casi atropellan, del día que un chico se apareció en la puerta de casa y sacó un libro de la mochila y me preguntó si yo era fbo, o del día que en el aeropuerto de san pablo me frenó un desconocido y me dió una bolsita con chocolates y una carta que decía “Yo te invito el vip” con 60 dólares adentro porque había leído en twitter que yo estaba llorando por la escala larga que tenía en el aeropuerto y no quería pagar la entrada… y de meterle la lengua en la boca a las jirafas, y de sacar gusanos con una pinza durante 50 días, y de ver que alrededor mío en todos lados todos tienen 15 años menos que yo porque la sociedad dicta que ya no estoy haciendo “cosas de mi edad”… de eso, de todo eso, no me voy a olvidar.

Jamás seré perfecta, lo sé.

Jamás alcanzaré el modelo que quieren para nosotros. Jamás seré la nuera que las madres quieren para sus hijos, ni quizás sea la azafata ideal que las líneas aéreas quisieran haber contratado, jamás tendré la casa limpia como esas señoras, ni las calzas me quedarán tan lindas como a esas chicas, jamás estaré a la altura de esa vara que alguien puso tan, tan alta… que nos hace sentir a todos los de la vereda de enfrente, que somos poquita cosa. Pero saben qué? A pesar de no tener ni la más puta idea de lo que vinimos a hacer a este mundo, a pesar de no haber tenido revelaciones católicapostólicasromanas que me indiquen que estoy en el camino correcto hacia la verdad de la vida, tengo la sensación de que, desde que tengo uso de razón, vivo CADA PUTO SEGUNDO DEL DÍA como si fuera el último, y es por eso que no me importa morirme joven o morirme vieja, y no me importa enfermarme horriblemente o vivir sana hasta los 100 años, porque estoy trazando un camino único y absolutamente explosivo, en el que en cada momento están pasando cosas nuevas. Es por eso que, desde este lugar caótico, desprolijo e insurrecto les digo a los de la vereda de enfrente, vénganse a tomar un trago a casa, crucen, prueben. Puede que cuando pase el tiempo se olviden de la sensación de estar cómodo, pero ni en un millón de años podrán olvidarse de cómo se siente la libertad.

 

Y si eso es caos, bueno.