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Cuando la prisión se vuelve un hotel

(Pinche)
Acá en el Sheraton convention center solía estar la penitenciaria de Lima hasta su demolición, entrada la década del 60.
Cuando la prisión se convierte en un hotel, tengan cuidado, porque al descuidarse, el hotel puede volverse una prisión.
Cuándo es que volar deja de ser volar y se vuelve un trabajo rutinario, pesado, por el que se están postergando las que podrían ser las mejores cosas de la vida?
Cuándo es que el mes de enero deja de ser el más hermoso del año y se vuelve el aniversario de la tristeza?
Cuándo es que uno se da cuenta de que llegó exactamente al lugar al que quería llegar y deja de buscar debajo de las piedras las puertas secretas al desastre?
La respuesta a estos “cuándo” es la misma desde siempre: hoy. Es entonces cuando la habitación se me achica, y la cómoda cama del hotel más lindo que he visitado se transforma en un colchón lleno de polvo y ratas, y la ventana con protección se vuelve un hueco con rejas, el desayuno lujoso son dos platos metálicos con agua y un ungüento raro con procedencia dudosa. No puedo salir, la luz no entra por ningún rincón de la horrible habitación perfumada con escencias de humedad y destrucción, no puedo ponerme de pie, no puedo respirar profundo, no puedo tocar el pasto con mis manos, no puedo salir, no tengo adonde ir.
Cierro los ojos con la esperanza de que mi mente me lleve de viaje a mis lugares felices, aprieto los puños deseando entrar en el limbo, como cuando se hace fuerza para volver a un sueño hermoso del que te acaban de despertar.
Me pregunto si la felicidad está en los recuerdos de aquél tiempo pasado que fue mejor, me pregunto si está en la lucidez de reconocer el mundo como algo imperfecto e infinito, o en la estupidez de no comprender nada y aceptar la realidad como algo que no se puede cambiar.
Siempre odié a los conformistas, siempre quise romper todo, dar vuelta las cosas, despertar otras
partes de mi cerebro, preguntar, preguntar, preguntar.
Pero los idiotas se ven más felices, eso es una gran verdad.
Desde la habitación 1067 de la prisión de Lima te pido que me vengas a visitar, quizás no te estén llegando mis cartas, quizás mis búhos se hayan perdido o hayan muerto en el camino, quizás se hayan enamorado y olvidado de que llevaban mis palabras hacia tu puerta, y que yo, sin mis palabras, y sin tu puerta, no soy nada.
Me pregunto si me vas a venir a ver, me pregunto si me vas a traer sanguchitos y me vas a acariciar las manos, me pregunto si cuando te vayas de acá vas a pensar en mí.
Pasan las horas, no hay manera de que alguien robe mi cerebro?
El avión que me ha traído hasta aquí se fue esta mañana, y no puedo saber cuándo llegará el que me venga a buscar.
Hace meses que el Bravo Sierra Juliet y yo no nos vemos, meses que no encuentro su nariz de galgo blanco, meses que no caminamos entre los árboles ni desayunamos al sol.
Golpeo las rejas con una taza como me enseñaron las películas, pero acá no hay nadie, nadie va a venir a reprimirme, a insultarme, a terminar con este dolor.
Me duermo.
Está bueno porque seguramente ustedes se pensaban que todas las azafatas salían de compras como Mariana Nannis, maquilladas, perfumadas y hablando con acento de zona norte amorosamente con sus novios por skype desde la cama de plumas del hotel, degustando almendras con chocolate, entangadas, depiladas, con uñas hechas de gel.
Sigan pensando eso, es mucho más hermoso que una Blancanieves zombie que pide morfina por room service.
El problema es la ansiedad, ya lo sé. El problema es no saber que quiero pero quererlo ya. El problema es que pasan las horas y el dolor no se va.

Me desperté con un estallido ensordecedor, los vidrios me cubrieron el cuerpo, la cama voló por los aires y quedé detrás de una mesa de luz, temblando, sin saber qué estaba pasando.
Cuando pude abrir los ojos, vi que la ventana había desaparecido, y en su lugar un agujero hacia el vacío era cubierto por una gran nariz.
“Vaya rescate, Juliet.”
Descalza, con mi short gris y una remera que rezaba For Bitching Only, me trepé como pude, intentando no resbalar y caer 10 pisos hacia abajo.
QUE CARAJO TE PASA fue lo más dulce que me dijo. Se quejó por tener que bajarse de un San Juan Mendoza con posta en Córdoba por venir a buscarme, y me puso esa pícara cara de turbina hermosa.”Vos también odias los tripletes ya lo sé.”
En el jumpseat de la puerta 1L del BSJ lloré por el mes de enero, por los duelos, por los muertos, por las ausencias, por el inconformismo, por los miedos, por las faltas de abrazos, por la falta de amor.
Con un té verde adelante mío, un té verde que me preparó un avión, lloré por el enorme miedo que tengo a que no me quieran y el enorme miedo que tengo a dejarme querer.

“Cuidado cuando visites una cárcel que se convirtió en hotel, no vaya a ser que el lujo te aprisione, no vaya a ser que empieces a buscar desastres debajo de las piedras y te olvides que lo que estás haciendo es exactamente lo que siempre quisiste hacer.”

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Las mujeres de contrato

(Pinche)
Debería estar durmiendo a esta hora.
Debería tener una almohada bajo mi cabeza, una entre las rodillas y una encima del cuerpo; reemplazando el peso específico que posee la pierna de un hombre promedio que disfruta tanto dormir con vos como atravesarse en la cama intentando acaparar todo el lugar.
Pero no puedo dormir, cuatro intensas horas de siesta avalan este pensamiento.
En vez de intentarlo, mastico, sin ganas, un paquete de almendras bañadas en chocolate proveniente de la caja navideña de la empresa, bajándolas con un vaso de coca light caliente y con poco gas.
En mis oídos, una lista brava de Spotify me recuerda que las noches son largas y que sigo teniendo corazón y mente adolescente. Si, pongo las listas de llorar, y las pongo para sentirme como el orto.
Me tragué 3 capítulos de Vampire Diaries al hilo, cosa que no había hecho nunca jamás en la vida, y ahora estoy hermosamente poseída por los problemas de los licántropos, las brujas, los vampiros, los inmortales, los hechiceros, los asesinos y los amores imposibles.
Así que aquí vengo a psicoanalizarme un rato. La verdad es que hace un mes que no visito a mi analista porque temo escucharme una vez más. Necesito que, por un rato, todo sea mentira, sea fácil, sea irreal. No quiero escuchar el sonido de mi voz pronunciando palabras que son sentencias, armando frases que no podré desarmar jamás. Prefiero así, quietita, muda, anulada, con los ojos cerrados bien bien fuerte, con las lágrimas contenidas un rato más.
Por momentos casi me parece estar rezando. Por momentos cierro los ojos y me envuelve una nube de aire espeso que posee su propia sustentación, y ya no sé dónde estoy, y ya no sé a qué cosa en el mundo le tengo tanto miedo, o a qué cosa en el mundo no le tengo miedo. Lo único que tengo es este momento que está acá adelante mio, y que no puedo definir como un momento mio, sino como el instante previo a la ruptura de todo lo establecido.
No es la primera vez, y probablemente, tampoco será la última.
Soy una mujer adicta a las revoluciones, estoy enamorada de los opuestos y de las contradicciones. Detesto los cambios como norma número uno y vivo exclusivamente para patear todos los tableros que me abro la piel por conseguir.
Me digo a mí misma que esto es sólo una revolución más, pero también me digo que el lunes empiezo el gimnasio y que voy a tirar los tuppers que no tienen tapa, así mi palabra no es de confiar.
La nube me lleva lejos, y le agradezco, pidiéndome que no me devuelva nunca más, que me deje ahí donde las almohadas reemplazan a los hombres, donde las almendras caen de los árboles y no necesito comer, ni dormir, ni esconderme de mi analista cuatro semanas seguidas solamente porque me quiero evadir. Camino por un lugar donde las luciérnagas no mueren, donde las canciones no terminan, donde los sueños no te duelen y los aviones te protegen. Camino durante días, sabiendo que perfectamente podría quedarme aquí. Podría vivir en esta tierra de necios, de conformistas, de gente del mismo sabor. Podría aceptar esta historia como propia, podría borrar todo el pasado, podría ponerme en manos de alguien que me ayudara a ser alguien que jamás fui.
Como en un escenario de Truman show, espero que llegue el final del camino y toparme con un cartón pintado de celeste, golpearme la cabeza y que alguien me diga “se acabó”, pero el cartón no aparece, y el camino se hace tan largo que se me vuelve costumbre: dormir es un recuerdo, llorar es muy ajeno, temblar al ver unos ojos es algo que no puedo recordar. Parece ser que la comodidad finalmente me ha alcanzado, parece que me he ganado el paraíso después de tanto renegar.
Estaba a punto de sonreír cuando me pidieron que firmara el contrato.
Los miré a sus caras sin ojos y les pregunté “Qué contrato?”. Insistieron en que solamente firmando el contrato me podría quedar.
Me puse de pie todo lo que mis imbéciles pies me permitieron y les dije que yo no era ninguna mujer de contratos, que por quién me habían tomado. Y allí las vi. Las mujeres de contrato yacían ante mis ojos, hermosas, suaves, con la mirada tranquila y pacífica, con las uñas perfectas y prolijas, con su pelo impecable y sus sonrisas ketamínicas. Los hombres de contrato las acompañaban sin acompañarlas demasiado, las amaban sin amarlas (demasiado), las abrazaban sin asfixiarlas, las apretaban sin romperlas, las disminuían sin hacérselos sentir (demasiado).
Los hombres y las mujeres de contrato se llevaban de mil maravillas ya que ambos habían acordado hacerlo así. Ellas habían aceptado la cláusula de permanecer siempre bellas y no hacer preguntas y ellos juraron protegerlas de sí mismos cada vez que fuera necesario, asegurándoles que jamás deberían preocuparse por nada, ni molestarse, ni pensar. Se besaban en la mejilla y se tomaban de las manos, sin arrugar sus camisas ni transpirar jamás, sin mirarse a los ojos, sin hacer preguntas, sin callejones oscuros, sin carcajada mortal.
En sus camas perfectas se acomodaban 7 pares de almohadones, cada uno con el título de cada capítulo de mi libro. Me senté a leer el contrato mientras me preparaban bebidas frescas que no quería tomar.
Toda esa cordura, toda esa cordura, toda esa cordura, no hacía más que exasperarme y violentarme, no hacía más que hacerme desear asesinar esos almohadones con un cuchillo, solamente para ver a esas mujeres menstruar por las encías mientras sus hombres buscaban el carnet de osde en sus carteras de Prüne.
Doblé el contrato en cuatro y di vuelta hacia atrás en la cama, poniéndome de pie sobre el colchón. Los almohadones se desordenaron, y alrededor de mis pies sucios yacían los títulos que elegí para cada capítulo de mi vida. Y por primera vez, no tuve dudas. Descarté For Bitching Only, descarté Bravo Sierra Juliet, descarté Hangar Games, descarté La mujer con cabeza de galgo, descarté Dime quienes eran tus padres y me quedé con Los Invisibles.
El pequeño Rocamadour tomó mi mano antes de que el agujero de gusano nos trajera de vuelta al living de mi casa, pero, al abrir los ojos, él ya no estaba aquí. Junto con sus hermosas pestañas desaparecieron el almohadón, el contrato, las nubes, las mujeres perfectas, los hombres ideales y el sueño de una vida cuerda y normal.
Mi perra dormía adentro de la cama apoyando las patas en las almohadas que uso para reemplazar al amor. Los gatos se lamían acostados arriba de mi uniforme de azafata arrugado y lleno de pelos. Los platos en la cocina seguían sin lavar, la ropa mojada continuaba adentro del lavarropas, los tuppers seguían sin tapa, y la heladera enfriaba dos botellas de jagger y un frasco de mayonesa a medio empezar.
Entonces recordé las palabras de quien me dijo que lo que sea que pase, es lo que está bien que pase, y pisé la tierra del piso de mi living con gusto, porque soy una amante de las revoluciones y no soy una mujer de contratos, porque no me interesan las camas perfectas con 7 pares de almohadones ni tener las uñas prolijas y envidiables, porque no tengo paz en mis pupilas sino fuego y no me interesan los hombres tibios que me dicen lo que tengo que hacer.
Toda esta falta de cordura, toda esta falta de cordura, toda esta falta de cordura, me hace bien.
Búrlense lo que quieran de quienes no hemos firmado el contrato, búrlense de nuestros callejones oscuros, de nuestras mochilas llenas de miedos, de nuestra improvisación. Búrlense acostados en sus camas perfectas mientras nosotros morimos de amor.
En algún lugar que no puedo ver, Rocamadour asesina un almohadón, prende fuego un contrato y se ríe muy fuerte, mientras yo lo escucho por el baby call.
Hemos hecho de las calles nuestra pista de baile, hemos hecho de nuestros abrazos una religión. Y mientras millones y millones siguen firmando los contratos; felices, aterrados y convencidos, empezamos nuestra revolución.

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Fuckin Fux

(Pinche)
Llego a sala de briefing para hacer un vuelo normal, en un día normal, con una tripulación de lo más normal.
Me siento a la cabecera de la mesa para comenzar y ponen ante mis ojos la crew briefing con los datos del vuelo. Cantidad de pasajeros, tiempo de vuelo, horarios de salida y llegada, especificaciones, matrícula del avión. Por costumbre es lo primer que miro. El papel jura que quien nos llevará a esta aventura será el FUX.
Ohhhh! Nada más ni nada menos que el FUX! Es la primera vez que lo vuelo, o debería decir “vuelo” porque técnicamente no somos nosotros los desintruídos tcs quienes lo volamos sino los agraciados pilotos… pero basta ya de susceptibilidades y pasemos a lo que nos concierne.
El Foxtrot Uniform Xray, señor feudal si los hay, viene a romper la monotonía de la pandilla Brava y ambos Charlies, ya que tiene novedades en la cabina que lo hacen mucho más hermoso y brillante, pero a la vez, lo vuelven, apenas un poco, una patada en el orto.

Lo poco que recuerdo es lo siguiente:
-El techo da la sensación de estar más bajo, es como entrar a la casa de Bilbo Bolsón.
-Equipo de emergencia cambiado de lugar en la cabina.
-Overhead bins o portamantas con cierre invertido al anterior
-Baño con carteles nuevos, “puerta debe estar inmediatamente cerrada cuando no se usa” en baño delantero.
-Sistema de boilers diferentes no sé bien en qué pero se veía raro
-Luces de asientos de pasajero blancas en vez de cálidas
-Luces de work galley BLANCAS onda bajo consumo UNA LUZ CEGADORA UN DISPARO DE FUEGO
-Luz de llamada de baño se enciende pero tarda 3 segundos en soñar el timbre.

Ahora vamos a lo importante:
-FAP
-SISTEMA DE VIDEOS
-EL TACHITO DE AL LADO DE LA PUERTA 1R

LA RECONCHISIMA PUTA MADRE QUE TE PARIO, FUCKIN FUX, DÓNDE MIERDA ESTÁ EL TACHITO? ME PASÉ TODO EL VUELO COMO PELOTUDA INTENTANDO TRASPASAR LA MANO COMO HARRY POTTER EN LA PLATAFORMA 9 3/4 CON EL SAQUITO DE TÉ USADO EN LA MANO SIN PODER ATRAVESAR LA TAPITA DE TACHO PORQUE NO HAY TAPITA DE TACHO PORQUE NO HAY TACHOOOOO!!!!
Una y otra vez me decía a mí misma, “ahh cierto, al lado de la puerta no hay tachito” y una y otra vez veía mi mano chocando contra la estructura plástica, los nudillos golpéandose y la basurita caer al piso. Imbéeeeeecil, basta de buscar el tachito, no hay tachito. Pero no había manera, seguía buscando el puto tachito.
Para aquellos que no vuelan este avión, o ningún avión, deberían saber que en los galleys tenemos un montón de lugares a los que les ponemos nombres ficticios por desconocer sus nombres originales. Así es que en el galley de adelante tenemos LA PUERTITA, EL TRIANGULITO, EL TACHO y el TACHITO. También se puede reemplazar por “LA PUERTITA DE AHI” y “EL TACHITO DE ALLA”. En el galley de atrás, al ser más complejo por su mayor tamaño y mayor cantidad de espacios, tenemos EL TACHO DE LA PUERTA, EL TRIANGULITO, LA PUERTITA DE ARRIBA y LA PUERTITA DE ABAJO. De vez en cuando viene algún nerd que te dice “Oh si, se rompió la trabita del gabinete de la posición 514B” si bebé no tengo ni idea cuál es, anotalo en el cabin y no me sequés la argolla, gracias, que estoy intentando destruir con mis jugos gástricos el morrón de la tortilla que me comí en el primer tramo y necesito todas mis fuerzas.

Problema número dos: EL FAP.
El FAP es el panel que se encuentra apenas entrar al avión, sobre la cabezas de los jumpseats de los tc. Sirve para manejar el sistema de luces, para ver las indicaciones de agua potable y basura de baños, para chequear correcto cerrado y armado de puertas y toboganes, para verificar las alarmas de humo de los baños, chequear que funcionen bien los sistemas de lo anteriormente nombrado y varias cosas más. En el caso del FUX se puede controlar la temperatura de la cabina separándola en dos partes, inhibir la llamada de los asientos de los pasajeros y otras fantasías animadas que en nuestros otros 320 son imposibles.
ME PARÉ ADELANTE DEL FAP y del SISTEMA DE VIDEOS.
Lo intenté durante más de media hora, las luces pasaban de DIM 1 apagarse por completo,  y JAMÁS ENCONTRÉ EL FAMOSO BOTÓN DE CABIN READY que debemos apretar para decirle al cockpit que ya estamos para despegar/aterrizar.
Gracias a la licenciada de botón de cabin ready pudimos salir adelante y todas las veces lo apretó ella, ya que fue la única que pudo saber dónde estaba.


De pronto me llama el piloto, voy a la cabina y me dice VOS ME ESTÁS TOCANDO LA TEMPERATURA DE LA CABINA?
-No.
Obvio que sí. Cómo después de haberme cagado de frpio durante 6 años arriba de todos los Bravo Sierra Garchas no voy a meter mano y poner la temperatura en lo que sea que me dé la gana? Lo re mil siento, pero lo voy a seguir haciendo, no hay chances de que no suceda.
Los videos fueron otra historia: jamás logré cargar el puto tramo AEP-BRC como para que el video de embarque arrancara solo, así que embarcamos en silencio absoluto, y en eso se me apagan las luces porque no sé que garcha toqué y PUM cabina a oscuras, pasan tres segundos, logro encenderlas y ahí estaban todos como entrando a un velorio, lenta y silenciosamente, pero CON LAS LUCES EN BRIGHT, BIEN BLANCAS y nosotros con cara de “no tengo idea dónde estoy ni qué está pasando, no sé lo que estoy haciendo SOY NUEVO, no me pregunte nada, no me pida cosas, siéntese y cállese si no quiere sufrir una muerte horrible, gracias”.
Intenté poner videos pero todos se llamaban de una manera rarísima: FULLFILLER o algo así FULLFILLER 1 FULLFILLER 2 FULLFILLER 3 FULLFILLER 5 LA RECONCHA BIEN DE TU MADRE DONDE ESTÁN LOS VIDEOS DE DESTINO, DONDE ESTÁN LOS JUST FOR LAUGHS, DONDE ESTÁN LAS PELIS? En un momento, me pareció que si ponía el video de contingencia iba a ser divertido y empezó a sonar una música infernal en toda la cabina y a todo volumen y tremendo cagazo se pegaron los pasajeros. No hubo caso, les tuve que poner un video que se llamaba LIBRE y se pasaron 2 horas 10 que dura el vuelo a Bariloche yendo de una imagen de un águila sobrevolando el altiplano a un mapa bobísimo con un avión dibujando un trazo imaginario sobre nuestra ruta aérea. Antes de aterrizar una señora me dice:
-NENA QUE BUENA LA PROGRAMACIÓN DE VIDEOS.
-Señora usted me está cargando?
-Sí, me responde la señora.
Yo no lo podía creer.
-Bueno, pero no me diga que no disfrutó del hermoso vuelo y la emocionante caminata de toda la flora y fauna de nuestro país.
-…

“Tripulación estamos próximos a aterrizar”
Toco las luces un par de veces, meto un prende y apaga furioso, sale el anuncio de aterrizaje DE PEDO y salimos a chequear cabina. La licenciada de Cabin Ready encuentra el botón y lo apretamos cuando se pone en verde, que es a determinada altura, no sé si 2000 y pico de pies porque no presté atención. Aterrizamos, intento agarrar el handset del interphone QUE TIENE UN BOTONCITO que lo libera del espacio que lo asegura y como NO ESTOY ACOSTUMBRADA A QUE TENGA EL BOTONCITO CASI LO ARRANCO. Leo el anuncio, se detiene el avión, enciendo las luces, quedamos en silencio, nos abren las puertas y con cara de sorprendidos y desubicados, saludamos a los pasajeros que bajan por la puerta de adelante, como si no hiciera más de 6 años que estamos volando el 320.

Un día agotador y estresante, en el que le dimos la bienvenida al nuevo integrante de nuestra flota, el más nuevo, el más moderno, el más mimado y esperado: EL FUCKIN FUX.

Ustedes habrán caído en mi trampa

(Pinche)
Estoy sentada, apenas borracha, enfrente al cuadro de Dorian Grey.
Tengo una de las conversaciones más difíciles que se puedan tener con tal hermoso ejemplar: hablamos de mí.
Quizás sea que hace mucho no puedo decirle la verdad a nadie, quizás sea que hay algo en lo bello del rostro de este cuadro imposible de tocar que me obliga a dejar todas mis municiones del lado de afuera de la puerta, quizás sea algo mucho más simple, quizás ya es hora de decir la verdad.

No voy a vivir para siempre, mi energía no es inagotable, no sé lo que estoy haciendo, no siempre sé lo que quiero, no voy a quedarme inmortalizada en este momento, en este hoy.
Los seres humanos deseamos tanto la vida como la muerte, nos apasionan ambas dos por igual. Morimos por estar vivos y vivimos construyendo trampas para evitar morir.
Mi trampa es tan sencilla y hermosa, tan auténtica y mia, tan única y leal.
He encontrado la manera de evadir a la muerte, he encontrado la manera de permanecer siempre aquí. En este momento están leyendo mi trampa mortal. Mi manera de sortear la desaparición es que alguien me lea, que alguien entienda las letras que alguna vez escribí.

Dorian brilla como si le diera el sol. Yo sonrío admirándolo, por momentos quisiera tampoco envejecer, quisiera poder entrar al cuadro, quisiera abrazarlo, quedarme en silencio y que el tiempo no corriera, que todo esto que nos persigue ya no nos persiguiera, pudiendo jugar esos juegos que juegan todos los demás.
Pero no puedo entrar, entonces me conformo con contestar sus preguntas y poner mi cerebro encima de la mesa para que lo corte con el cuchillo y lo vea sangrar.
Mi cerebro sangra color plata, color metal.
Por momentos nos reímos, él en su posición de privilegio, yo del otro lado, mutante, orgullosa y mortal.
Es entonces que empiezo a decir la verdad.
Digo la verdad de una manera tan horrorosa y fuera de lo común que el cuerpo entero se me sacude y mis ojos se vuelven traslúcidos; no lloro porque no sirve llorar, pero sé que si él pudiera sacar las manos del cuadro, lo haría, tomaría las mías y me preguntaría más. Porque nunca es demasiado, porque siempre quiere saber más y este juego es mucho mejor que el de llorar.

Debo admitir que los engañé.
Este blog fue la trampa que les tendí para encontrarme con los verdaderos ustedes, los que ven más allá.
Les mentí cuando escribía cosas graciosas, les mentí cuando me reía del copiloto y del capitán, les mentí cuando hablé del triple Santiago, les mentí cuando les dije que me iba a operar las tetas con el osde 410. Les mentí porque los necesitaba, les mentí porque quería su amable atención. Tuve que mentirles para poder poner la trampa, tuve que mentirles para poder ser inmortal.
Sabrán entender que no les pida disculpas: ahora que están todos aquí y se han ido los que sólo querían reír, me siento orgullosa de mis mentiras piadosas y de lo que hemos formado al fin.
Yo sé que el blog ha cambiado, sé que esta pantalla negra con letras blancas ya no es lo que solía ser, pero no lo siento, no pediré perdón por haber cambiado porque no me avergüenzo de los cuernos en mi cabeza ni de las plumas negras naciendo de mi espalda. Simplemente esto es quien soy, esto es lo que tengo para ofrecerles, esto es lo que siempre estuvo adelante de sus ojos.
Les agradezco la compañía durante todos estos años, les agradezco el apoyo y la incondicionalidad; pero sabrán que hay algunos hechos que no pueden ser deshechos y que si un plato se cae al piso y se parte en varios pedazos, podemos pegarlos y seguir usándolo pero… ya no será el mismo plato que alguna vez fue.
Acaso ustedes quieren ser los que fueron hace 5 años atrás? Acaso la vida y la muerte a su alrededor no les hace remolino en las venas, acaso no les late el corazón por momentos más rápido, acaso las arrugas de sus ojos no se llenan de las preguntas que nadie les supo responder?

Yo estoy luchando porque no se me acumule tierra entre las rendijas del laberinto de mi cerebro. Estoy luchando porque no hagan ruido las bisagras cada vez que abro o cierro una puerta.
Estoy luchando, y si éste es mi último día, quiero que haya valido la pena haberlo empezado.
Después de todo, en algo nos parecemos este cuadro delante de mí y yo; no queremos irnos sin habernos hecho todas las preguntas.

Mi cerebro se está secando a la intemperie y lo miro con algo de lástima, rodeado de su sangre plateada como el río rodea la torre alta en la que vivimos desde hace tantos años mis animales y yo. Lo pincho con un tenedor, todavía vive. Hablo sin mi cerebro, hablo sin parar, acaso no saben que el secreto de la libre asociación de ideas es no pensar, no usar el cerebro, simplemente dejarse llevar?
Hablo de todas aquellas imágenes que se me cruzan, desactivo las barreras y los filtros, digo la verdad. Y recostada en ese diván, enfrente a ese cuadro, descubro que estar enfrente no es estar enfrentada, y me permito sonreír, sonreír de verdad.
El cuadro se mueve y se dobla cuando las manos de Dorian Grey salen para tocar las mías. Sorprendentemente, no tengo miedo, no le temo a lo sobre natural. Me dejo acariciar y veo que la piel de sus manos se quiebra un poco, se seca, se vuelve más vieja y gris.
Es entonces cuando descubro los demonios que nos sobrevuelan, esos de los que no hablamos, esos que decimos no conocer.
Cierro los ojos y me quedo en silencio mientras dos manos ajadas y sabias vuelven a poner mi cerebro en su lugar, al abrirlos, apenas si quedan unas gotitas color metal en el plato, apenas si algunas cicatrices en la parte baja de mi cabeza, apenas sus manos firmes manchadas de plata, apenas un millón de demonios mutantes esperando que bajemos la guardia para atacar.
Pero no lo hacemos.
Dorian regresa sus manos al cuadro y vuelve a ser hermoso y eterno. Vuelve a ponerse a salvo y sus manos son rosadas y bellas, son suyas y de nadie más.
Yo me sueno el cuello de un lado y del otro, mantengo los ojos abiertos y permanezco rebelde, invulnerable, fuerte y mortal.
Serguiré levantándome todas las mañanas intentando que valga la pena haberlo hecho, seguiré intentando sacudir el polvo de todos los laberintos de mi cerebro, seguiré intentando que me lean aunque no sea graciosa, aunque no sea cómoda, aunque no sea convencional. Y de esa manera, aunque muera de una muerte triste, aburrida y anti natural… ustedes habrán caído ya en mi trampa y me habrán vuelto inmortal.