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La reivindicación del Fuckin Fux

 (Pinche)
Me desperté a las 8 de la mañana, resacosa y con recuerdos algo borrosos del fin de semana.
Caminé descalza y en pelotas por mi casa, intentando encontrar un reloj de pared que dijera la hora correcta, sin lograrlo. Mi celular tenía la barra de notificaciones al máximo, facebook, twitter, wasap, alarma, actualizaciones, mensajes de texto, de voz, llamadas perdidas y Nick Warren agregando un nuevo sonido en soundcloud. Los gatos se agolpaban a mis pies alrededor del inodoro, en una suerte de canto gregoriano, una oda a la comida. Les di de comer y me calcé la peor ropa que el distrito 12 del condado de Monserrat puede soportar: Jogging, remera sin corpiño, buzo 3 talles más grandes, ojotas, gorra. Solo volví a sentirme mujer después de la ducha y el correspondiente té verde.
Me buscaron para un Bariloche apenas unos minutos tarde, subí al auto, jugué a la simpática dos minutos y medio, acto seguido, saqué el celular de la cartera en señal de “no quiero hablar más”.
Llegar, subir, firmar, briefing, bajar. El capitán nos pregunta si queremos ir caminando por la plataforma en vez de esperar el micro ya que era muy cerca la posición y no sé que mambo negro había con los micros.
Voy última en la filita de patitos, porque vengo con el celular en la mano, cosa que está prohibido.
En el recorrido pintado en el cemento de la plataforma tenemos que pasar dos aviones por adelante hasta llegar al nuestro. Capitán a la cabeza, detrás primer oficial, detrás TC2, detrás TC4, detrás la 3 y última, colgada de la palmera que da palmitos bebés, yo.
Escucho un “Shh shhh”. Me doy vuelta, nadie. Bueno, dos mil personas, pero todas en lo suyo, maleteros llevando tractores con valijas, micros de intercargo manejados por choferes, mecánicos, despachantes, personalidad de seguridad, de limpieza, de catering; todos en sus respectivos medios de transporte.
Sigo caminando: “CHCH CHCHHH”. Me doy vuelta LA RECONCHA BIEN DE LA LORA. Quién me chichea la puta que te parió.
Nadie.
Me pongo paranoica y del orto, no una cosa a la vez, sino ambas dos al mismito tiempo. Todos los patitos siguen en filita y yo apuro mis pies para no perder el ritmo. Nadie parece escuchar el tercer “Shh shhh”.
Me paro en seco. QUIEN CARAJO ME LLAMA. CORTENLA.
Miro a mi alrededor y esta vez sí que no hay nadie, enfrente de mí un avión, pero nada más.
Me asomo algo incrédula a mirar la matrícula.
FUX
El Fuckin Fux. Arrugo un poco la entreceja en señal de desaprobación, él sabe que no lo banco.
Sigo caminando, me apuro detrás de mis compañeros, subo al BRY en la posición de al lado y lo saludo al subir.
Mientras los chicos chequean el equipo de emergencia le pregunto:
-Che, el Fux ahora habla?
El BRY no me contesta, sigo en lo mío, no me importa.
Hago el vuelo, la ida, la vuelta y me bajo en la posición 29, me subo al micro y me apoyo en un asiento mientras leo cosas indispensables en mi celular. Me duele la cabeza, tengo hambre y quiero llegar a mi casa.
Cruzamos la plataforma por el costadito y, paralelos a la pista, algo me hace mirar.
El Fux aterriza de una manera seductora, suave pero firme, frenando de a poco y dejándose ver despacio y seguro como la belleza que es, dejándome algo tonta, algo mareada, algo así como una de esas cogidas que te mojan hasta el cubresommier. Sacudo la cabeza desaprobando mis propios pensamientos, qué mierda me pasa?
Vuelvo al teléfono y me bajo del micro, abro la puerta de entrada exclusiva de personal aeroportuario, esa que pone los nombres impresos de todas las empresas  y el nombre de la mía con lapicera, tachado, y vuelto a escribir 3 veces porque ante todo, INTIMOS.
Antes de cerrar la puerta y meterme, me asomo disimuladamente y lo veo entrar a la posición 28. Alto, blanquísimo, joven, un poco frío, un poco forro, y dificilísimo de entender. No sé por qué lo miro, y aunque espero que no me haya visto mirarlo, estoy casi segura de que se debe haber dado cuenta. Cierro la puerta, me voy a mi remis y me vuelvo a casa pensando en cosas de mi vida real, en mis problemas reales, no en aviones, no en idioteces, no en fantasías imbéciles.
Llego a casa, subo la escalera, Ade sale corriendo por el palier de una punta a la otra riéndose y llorando a la vez, los gatos salen también, me mordisquean las plantas y yo me siento en el piso, con uniforme y todo; justo cuando los vecinos abren sus puertas y me ven despatarrada con todos los animales encima chupetéandome la cara, yo cantando una canción con música real pero letra inventada que dice algo así como “ustedes son tres mierditas tres mierditas y no los banco pedazos de mierditas no los banco no los banco no los banco” me pongo de pie, entro a casa y escondo mi vergüenza en litros de coca light y pionono de hace una semana atrás.
El día transcurre normal, siesta, comida, paseo con Ade, tuiti, teléfono, televisión, spotify, un libro, quejarme de mis tetas, de mis piernas, comprar algo en el chino, enojarme con alguien, con algo, bailar en el living, planear una fiesta, pensar algo fatalista, una peli, a la cama.
Me buscan a las 4.30 para Tucumán. Me despierto a las 3.30 y me meto a bañar sentada, como suelo hacer los días que me quiero mucho. Me afeito las piernas con los ojos cerrados y me acuesto hacia atrás en mi bañera cuadrada y fría. Quiero seguir durmiendo, ahí en la bañera, nada me motiva hoy a ir a este maldito Tucumán. Salgo de la ducha, me visto de azafata pero me pongo unas adidas, bajamos con Ade a las 3.10 am damos una vuelta manzana, sorteamos 4 paqueros que nos miran de manera amigable, no tenemos miedo, nos podrán quitar todo pero nunca podrán quitarnos nuestra libertad, y pensada la estupidez de la mañana, subo a ponerme los zapatos, agarrar el carry, la cartera, y dejar a Ade durmiendo hasta después del mediodía.
Llego a Aeroparque a las 5 menos 10. Hago el briefing de manera automática, medio despierta y medio dormida, sin acordarme mucho de mirar la cantidad de pasajeros ni la matrícula. Uno de los chicos dice “vamos en el Fux, como te llevas con los videos?”.
Me petrifico. Por qué me petrifico? Por qué mierda me petrifico?
Nos busca la camioneta y yo me voy peinando y arreglando los labios en el espejo de mi cartera. Bajamos en la 27 y ahí esta él.
Y la verdad me atraviesa como un rayo, como esas cosas de la vida que no tienen sentido, que no esperabas, que no querías, que no buscabas; entonces me tomo un segundo al pie de la escalera y me digo a mí misma en silencio “Fuck, me gusta el Fux.”
Decido serle indiferente, decido no saludarlo, no hablarle, no tratarlo de ninguna manera especial; me limito a hacer los chequeos y operar todo de la manera más natural, profesional y desalmada posible.
Pero hay que ver las trampas que te pone un avión cuando te quiere conquistar. Para el final del primer tramo me tenía con las medias a la rodilla y para el final del vuelo casi en 4.
Como todos los hombres que he conocido, cuando funcionan mal son una pesadilla pero cuando todo está en su lugar y están sanos y enteros, te embriagan con sus maravillas. Los videos fluyeron como nunca, apenas cargar la ruta, estando en tierra, te da acceso a poner música funcional o a poner cualquier video ( embarque, seguridad, contingencia) o cualquier anuncio de pram. Una vez terminado el video de seguridad, se suben las pantallas solas y al despegar, unos minutos más tarde, se bajan solas y empiezan a proyectar lo que corresponda según el largo del vuelo, razón por la cuál no tenés que preocuparte por estar poniendo otros si es que se terminan antes de tiempo. EN EL FUX NO HAY PANTALLAZO NEGRO.
Las luces se atenúan cuando pasas de bright a Dim, no es un cambio brusco sino algo suave, se puede regular la temperatura de la cabina, dividida en after y forward.
En un momento nos quedamos solos, me apoyé en la mesada con los dos codos y el culo hacia afuera y estoy segura de que si hubiese podido me lo hubiese cacheteado, pero como no pudo, me hizo un té.
“Me jode el tema del tachito” le dije para romper el hielo “Me jode soberanamente estar buscándolo todo el tiempo como una pelotuda, cada vez que meto la mano ahí y me la choco contra la estructura me siento una estúpida. Tanto te costaba un tachito? dije con cara de malcogida.
En ese momento descubrí una cara que solo él sabe poner, una expresión insoportablemente molesta, un gesto en el que claramente te está mandando a cagar pero en silencio, con una sonrisa escondida y un triunfo oculto. Con esa cara me puso una bolsita de mareo al lado del drenaje de la mesada y me dijo “Bonita, tira las cosas acá y cuando termines, tirás todo en el tacho grande, no te ahogues en un vaso de agua”.
BONITA!? BONITAAA??
No sabía si enojarme o calentarme así que me quedé callada.
El Sierra Juliet jamás me habría tratado así. Un poco ofendida abrí la mesita enfrente de mi jumpseat, apoyé mi taza y me quedé en silencio sacando trompa y cruzando las piernas. Mi compañera vino de atrás “Ay perdón que te dejé sola, me colgué hablando atrás”.
Nosotros no dijimos nada.
Aterrizamos en Aeroparque cerca de las 11 de la mañana, saqué la basura, saqué el agua del hielo, apagué la música, apagué la video, bajé las luces y junté mis cosas.
Mientras cerraba la valija, los chicos iban bajando para agarrar la camioneta y que no nos abandonara. El Capitán dice, bajá vos primero que tengo que apagarlo. Inventé algo para que bajara él primero y ser la última en dejar el avión. Cuando todos estaban a una distancia prudencial y nos quedamos solos, me colgué la cartera, suspiré y le dije “Bueno, nos vemos, supongo…”
Caminé a la puerta y me agaché apenitas a levantar mi carry, al levantarme, hice un paso hacia la escalera y sentí una palmada en el culo.
Me doy vuelta, nadie.

Sonreí, bajé la escalera.
Maldición, me gusta el Fuckin Fux.

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Cuando la prisión se vuelve un hotel

(Pinche)
Acá en el Sheraton convention center solía estar la penitenciaria de Lima hasta su demolición, entrada la década del 60.
Cuando la prisión se convierte en un hotel, tengan cuidado, porque al descuidarse, el hotel puede volverse una prisión.
Cuándo es que volar deja de ser volar y se vuelve un trabajo rutinario, pesado, por el que se están postergando las que podrían ser las mejores cosas de la vida?
Cuándo es que el mes de enero deja de ser el más hermoso del año y se vuelve el aniversario de la tristeza?
Cuándo es que uno se da cuenta de que llegó exactamente al lugar al que quería llegar y deja de buscar debajo de las piedras las puertas secretas al desastre?
La respuesta a estos “cuándo” es la misma desde siempre: hoy. Es entonces cuando la habitación se me achica, y la cómoda cama del hotel más lindo que he visitado se transforma en un colchón lleno de polvo y ratas, y la ventana con protección se vuelve un hueco con rejas, el desayuno lujoso son dos platos metálicos con agua y un ungüento raro con procedencia dudosa. No puedo salir, la luz no entra por ningún rincón de la horrible habitación perfumada con escencias de humedad y destrucción, no puedo ponerme de pie, no puedo respirar profundo, no puedo tocar el pasto con mis manos, no puedo salir, no tengo adonde ir.
Cierro los ojos con la esperanza de que mi mente me lleve de viaje a mis lugares felices, aprieto los puños deseando entrar en el limbo, como cuando se hace fuerza para volver a un sueño hermoso del que te acaban de despertar.
Me pregunto si la felicidad está en los recuerdos de aquél tiempo pasado que fue mejor, me pregunto si está en la lucidez de reconocer el mundo como algo imperfecto e infinito, o en la estupidez de no comprender nada y aceptar la realidad como algo que no se puede cambiar.
Siempre odié a los conformistas, siempre quise romper todo, dar vuelta las cosas, despertar otras
partes de mi cerebro, preguntar, preguntar, preguntar.
Pero los idiotas se ven más felices, eso es una gran verdad.
Desde la habitación 1067 de la prisión de Lima te pido que me vengas a visitar, quizás no te estén llegando mis cartas, quizás mis búhos se hayan perdido o hayan muerto en el camino, quizás se hayan enamorado y olvidado de que llevaban mis palabras hacia tu puerta, y que yo, sin mis palabras, y sin tu puerta, no soy nada.
Me pregunto si me vas a venir a ver, me pregunto si me vas a traer sanguchitos y me vas a acariciar las manos, me pregunto si cuando te vayas de acá vas a pensar en mí.
Pasan las horas, no hay manera de que alguien robe mi cerebro?
El avión que me ha traído hasta aquí se fue esta mañana, y no puedo saber cuándo llegará el que me venga a buscar.
Hace meses que el Bravo Sierra Juliet y yo no nos vemos, meses que no encuentro su nariz de galgo blanco, meses que no caminamos entre los árboles ni desayunamos al sol.
Golpeo las rejas con una taza como me enseñaron las películas, pero acá no hay nadie, nadie va a venir a reprimirme, a insultarme, a terminar con este dolor.
Me duermo.
Está bueno porque seguramente ustedes se pensaban que todas las azafatas salían de compras como Mariana Nannis, maquilladas, perfumadas y hablando con acento de zona norte amorosamente con sus novios por skype desde la cama de plumas del hotel, degustando almendras con chocolate, entangadas, depiladas, con uñas hechas de gel.
Sigan pensando eso, es mucho más hermoso que una Blancanieves zombie que pide morfina por room service.
El problema es la ansiedad, ya lo sé. El problema es no saber que quiero pero quererlo ya. El problema es que pasan las horas y el dolor no se va.

Me desperté con un estallido ensordecedor, los vidrios me cubrieron el cuerpo, la cama voló por los aires y quedé detrás de una mesa de luz, temblando, sin saber qué estaba pasando.
Cuando pude abrir los ojos, vi que la ventana había desaparecido, y en su lugar un agujero hacia el vacío era cubierto por una gran nariz.
“Vaya rescate, Juliet.”
Descalza, con mi short gris y una remera que rezaba For Bitching Only, me trepé como pude, intentando no resbalar y caer 10 pisos hacia abajo.
QUE CARAJO TE PASA fue lo más dulce que me dijo. Se quejó por tener que bajarse de un San Juan Mendoza con posta en Córdoba por venir a buscarme, y me puso esa pícara cara de turbina hermosa.”Vos también odias los tripletes ya lo sé.”
En el jumpseat de la puerta 1L del BSJ lloré por el mes de enero, por los duelos, por los muertos, por las ausencias, por el inconformismo, por los miedos, por las faltas de abrazos, por la falta de amor.
Con un té verde adelante mío, un té verde que me preparó un avión, lloré por el enorme miedo que tengo a que no me quieran y el enorme miedo que tengo a dejarme querer.

“Cuidado cuando visites una cárcel que se convirtió en hotel, no vaya a ser que el lujo te aprisione, no vaya a ser que empieces a buscar desastres debajo de las piedras y te olvides que lo que estás haciendo es exactamente lo que siempre quisiste hacer.”

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Las mujeres de contrato

(Pinche)
Debería estar durmiendo a esta hora.
Debería tener una almohada bajo mi cabeza, una entre las rodillas y una encima del cuerpo; reemplazando el peso específico que posee la pierna de un hombre promedio que disfruta tanto dormir con vos como atravesarse en la cama intentando acaparar todo el lugar.
Pero no puedo dormir, cuatro intensas horas de siesta avalan este pensamiento.
En vez de intentarlo, mastico, sin ganas, un paquete de almendras bañadas en chocolate proveniente de la caja navideña de la empresa, bajándolas con un vaso de coca light caliente y con poco gas.
En mis oídos, una lista brava de Spotify me recuerda que las noches son largas y que sigo teniendo corazón y mente adolescente. Si, pongo las listas de llorar, y las pongo para sentirme como el orto.
Me tragué 3 capítulos de Vampire Diaries al hilo, cosa que no había hecho nunca jamás en la vida, y ahora estoy hermosamente poseída por los problemas de los licántropos, las brujas, los vampiros, los inmortales, los hechiceros, los asesinos y los amores imposibles.
Así que aquí vengo a psicoanalizarme un rato. La verdad es que hace un mes que no visito a mi analista porque temo escucharme una vez más. Necesito que, por un rato, todo sea mentira, sea fácil, sea irreal. No quiero escuchar el sonido de mi voz pronunciando palabras que son sentencias, armando frases que no podré desarmar jamás. Prefiero así, quietita, muda, anulada, con los ojos cerrados bien bien fuerte, con las lágrimas contenidas un rato más.
Por momentos casi me parece estar rezando. Por momentos cierro los ojos y me envuelve una nube de aire espeso que posee su propia sustentación, y ya no sé dónde estoy, y ya no sé a qué cosa en el mundo le tengo tanto miedo, o a qué cosa en el mundo no le tengo miedo. Lo único que tengo es este momento que está acá adelante mio, y que no puedo definir como un momento mio, sino como el instante previo a la ruptura de todo lo establecido.
No es la primera vez, y probablemente, tampoco será la última.
Soy una mujer adicta a las revoluciones, estoy enamorada de los opuestos y de las contradicciones. Detesto los cambios como norma número uno y vivo exclusivamente para patear todos los tableros que me abro la piel por conseguir.
Me digo a mí misma que esto es sólo una revolución más, pero también me digo que el lunes empiezo el gimnasio y que voy a tirar los tuppers que no tienen tapa, así mi palabra no es de confiar.
La nube me lleva lejos, y le agradezco, pidiéndome que no me devuelva nunca más, que me deje ahí donde las almohadas reemplazan a los hombres, donde las almendras caen de los árboles y no necesito comer, ni dormir, ni esconderme de mi analista cuatro semanas seguidas solamente porque me quiero evadir. Camino por un lugar donde las luciérnagas no mueren, donde las canciones no terminan, donde los sueños no te duelen y los aviones te protegen. Camino durante días, sabiendo que perfectamente podría quedarme aquí. Podría vivir en esta tierra de necios, de conformistas, de gente del mismo sabor. Podría aceptar esta historia como propia, podría borrar todo el pasado, podría ponerme en manos de alguien que me ayudara a ser alguien que jamás fui.
Como en un escenario de Truman show, espero que llegue el final del camino y toparme con un cartón pintado de celeste, golpearme la cabeza y que alguien me diga “se acabó”, pero el cartón no aparece, y el camino se hace tan largo que se me vuelve costumbre: dormir es un recuerdo, llorar es muy ajeno, temblar al ver unos ojos es algo que no puedo recordar. Parece ser que la comodidad finalmente me ha alcanzado, parece que me he ganado el paraíso después de tanto renegar.
Estaba a punto de sonreír cuando me pidieron que firmara el contrato.
Los miré a sus caras sin ojos y les pregunté “Qué contrato?”. Insistieron en que solamente firmando el contrato me podría quedar.
Me puse de pie todo lo que mis imbéciles pies me permitieron y les dije que yo no era ninguna mujer de contratos, que por quién me habían tomado. Y allí las vi. Las mujeres de contrato yacían ante mis ojos, hermosas, suaves, con la mirada tranquila y pacífica, con las uñas perfectas y prolijas, con su pelo impecable y sus sonrisas ketamínicas. Los hombres de contrato las acompañaban sin acompañarlas demasiado, las amaban sin amarlas (demasiado), las abrazaban sin asfixiarlas, las apretaban sin romperlas, las disminuían sin hacérselos sentir (demasiado).
Los hombres y las mujeres de contrato se llevaban de mil maravillas ya que ambos habían acordado hacerlo así. Ellas habían aceptado la cláusula de permanecer siempre bellas y no hacer preguntas y ellos juraron protegerlas de sí mismos cada vez que fuera necesario, asegurándoles que jamás deberían preocuparse por nada, ni molestarse, ni pensar. Se besaban en la mejilla y se tomaban de las manos, sin arrugar sus camisas ni transpirar jamás, sin mirarse a los ojos, sin hacer preguntas, sin callejones oscuros, sin carcajada mortal.
En sus camas perfectas se acomodaban 7 pares de almohadones, cada uno con el título de cada capítulo de mi libro. Me senté a leer el contrato mientras me preparaban bebidas frescas que no quería tomar.
Toda esa cordura, toda esa cordura, toda esa cordura, no hacía más que exasperarme y violentarme, no hacía más que hacerme desear asesinar esos almohadones con un cuchillo, solamente para ver a esas mujeres menstruar por las encías mientras sus hombres buscaban el carnet de osde en sus carteras de Prüne.
Doblé el contrato en cuatro y di vuelta hacia atrás en la cama, poniéndome de pie sobre el colchón. Los almohadones se desordenaron, y alrededor de mis pies sucios yacían los títulos que elegí para cada capítulo de mi vida. Y por primera vez, no tuve dudas. Descarté For Bitching Only, descarté Bravo Sierra Juliet, descarté Hangar Games, descarté La mujer con cabeza de galgo, descarté Dime quienes eran tus padres y me quedé con Los Invisibles.
El pequeño Rocamadour tomó mi mano antes de que el agujero de gusano nos trajera de vuelta al living de mi casa, pero, al abrir los ojos, él ya no estaba aquí. Junto con sus hermosas pestañas desaparecieron el almohadón, el contrato, las nubes, las mujeres perfectas, los hombres ideales y el sueño de una vida cuerda y normal.
Mi perra dormía adentro de la cama apoyando las patas en las almohadas que uso para reemplazar al amor. Los gatos se lamían acostados arriba de mi uniforme de azafata arrugado y lleno de pelos. Los platos en la cocina seguían sin lavar, la ropa mojada continuaba adentro del lavarropas, los tuppers seguían sin tapa, y la heladera enfriaba dos botellas de jagger y un frasco de mayonesa a medio empezar.
Entonces recordé las palabras de quien me dijo que lo que sea que pase, es lo que está bien que pase, y pisé la tierra del piso de mi living con gusto, porque soy una amante de las revoluciones y no soy una mujer de contratos, porque no me interesan las camas perfectas con 7 pares de almohadones ni tener las uñas prolijas y envidiables, porque no tengo paz en mis pupilas sino fuego y no me interesan los hombres tibios que me dicen lo que tengo que hacer.
Toda esta falta de cordura, toda esta falta de cordura, toda esta falta de cordura, me hace bien.
Búrlense lo que quieran de quienes no hemos firmado el contrato, búrlense de nuestros callejones oscuros, de nuestras mochilas llenas de miedos, de nuestra improvisación. Búrlense acostados en sus camas perfectas mientras nosotros morimos de amor.
En algún lugar que no puedo ver, Rocamadour asesina un almohadón, prende fuego un contrato y se ríe muy fuerte, mientras yo lo escucho por el baby call.
Hemos hecho de las calles nuestra pista de baile, hemos hecho de nuestros abrazos una religión. Y mientras millones y millones siguen firmando los contratos; felices, aterrados y convencidos, empezamos nuestra revolución.

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Fuckin Fux

(Pinche)
Llego a sala de briefing para hacer un vuelo normal, en un día normal, con una tripulación de lo más normal.
Me siento a la cabecera de la mesa para comenzar y ponen ante mis ojos la crew briefing con los datos del vuelo. Cantidad de pasajeros, tiempo de vuelo, horarios de salida y llegada, especificaciones, matrícula del avión. Por costumbre es lo primer que miro. El papel jura que quien nos llevará a esta aventura será el FUX.
Ohhhh! Nada más ni nada menos que el FUX! Es la primera vez que lo vuelo, o debería decir “vuelo” porque técnicamente no somos nosotros los desintruídos tcs quienes lo volamos sino los agraciados pilotos… pero basta ya de susceptibilidades y pasemos a lo que nos concierne.
El Foxtrot Uniform Xray, señor feudal si los hay, viene a romper la monotonía de la pandilla Brava y ambos Charlies, ya que tiene novedades en la cabina que lo hacen mucho más hermoso y brillante, pero a la vez, lo vuelven, apenas un poco, una patada en el orto.

Lo poco que recuerdo es lo siguiente:
-El techo da la sensación de estar más bajo, es como entrar a la casa de Bilbo Bolsón.
-Equipo de emergencia cambiado de lugar en la cabina.
-Overhead bins o portamantas con cierre invertido al anterior
-Baño con carteles nuevos, “puerta debe estar inmediatamente cerrada cuando no se usa” en baño delantero.
-Sistema de boilers diferentes no sé bien en qué pero se veía raro
-Luces de asientos de pasajero blancas en vez de cálidas
-Luces de work galley BLANCAS onda bajo consumo UNA LUZ CEGADORA UN DISPARO DE FUEGO
-Luz de llamada de baño se enciende pero tarda 3 segundos en soñar el timbre.

Ahora vamos a lo importante:
-FAP
-SISTEMA DE VIDEOS
-EL TACHITO DE AL LADO DE LA PUERTA 1R

LA RECONCHISIMA PUTA MADRE QUE TE PARIO, FUCKIN FUX, DÓNDE MIERDA ESTÁ EL TACHITO? ME PASÉ TODO EL VUELO COMO PELOTUDA INTENTANDO TRASPASAR LA MANO COMO HARRY POTTER EN LA PLATAFORMA 9 3/4 CON EL SAQUITO DE TÉ USADO EN LA MANO SIN PODER ATRAVESAR LA TAPITA DE TACHO PORQUE NO HAY TAPITA DE TACHO PORQUE NO HAY TACHOOOOO!!!!
Una y otra vez me decía a mí misma, “ahh cierto, al lado de la puerta no hay tachito” y una y otra vez veía mi mano chocando contra la estructura plástica, los nudillos golpéandose y la basurita caer al piso. Imbéeeeeecil, basta de buscar el tachito, no hay tachito. Pero no había manera, seguía buscando el puto tachito.
Para aquellos que no vuelan este avión, o ningún avión, deberían saber que en los galleys tenemos un montón de lugares a los que les ponemos nombres ficticios por desconocer sus nombres originales. Así es que en el galley de adelante tenemos LA PUERTITA, EL TRIANGULITO, EL TACHO y el TACHITO. También se puede reemplazar por “LA PUERTITA DE AHI” y “EL TACHITO DE ALLA”. En el galley de atrás, al ser más complejo por su mayor tamaño y mayor cantidad de espacios, tenemos EL TACHO DE LA PUERTA, EL TRIANGULITO, LA PUERTITA DE ARRIBA y LA PUERTITA DE ABAJO. De vez en cuando viene algún nerd que te dice “Oh si, se rompió la trabita del gabinete de la posición 514B” si bebé no tengo ni idea cuál es, anotalo en el cabin y no me sequés la argolla, gracias, que estoy intentando destruir con mis jugos gástricos el morrón de la tortilla que me comí en el primer tramo y necesito todas mis fuerzas.

Problema número dos: EL FAP.
El FAP es el panel que se encuentra apenas entrar al avión, sobre la cabezas de los jumpseats de los tc. Sirve para manejar el sistema de luces, para ver las indicaciones de agua potable y basura de baños, para chequear correcto cerrado y armado de puertas y toboganes, para verificar las alarmas de humo de los baños, chequear que funcionen bien los sistemas de lo anteriormente nombrado y varias cosas más. En el caso del FUX se puede controlar la temperatura de la cabina separándola en dos partes, inhibir la llamada de los asientos de los pasajeros y otras fantasías animadas que en nuestros otros 320 son imposibles.
ME PARÉ ADELANTE DEL FAP y del SISTEMA DE VIDEOS.
Lo intenté durante más de media hora, las luces pasaban de DIM 1 apagarse por completo,  y JAMÁS ENCONTRÉ EL FAMOSO BOTÓN DE CABIN READY que debemos apretar para decirle al cockpit que ya estamos para despegar/aterrizar.
Gracias a la licenciada de botón de cabin ready pudimos salir adelante y todas las veces lo apretó ella, ya que fue la única que pudo saber dónde estaba.


De pronto me llama el piloto, voy a la cabina y me dice VOS ME ESTÁS TOCANDO LA TEMPERATURA DE LA CABINA?
-No.
Obvio que sí. Cómo después de haberme cagado de frpio durante 6 años arriba de todos los Bravo Sierra Garchas no voy a meter mano y poner la temperatura en lo que sea que me dé la gana? Lo re mil siento, pero lo voy a seguir haciendo, no hay chances de que no suceda.
Los videos fueron otra historia: jamás logré cargar el puto tramo AEP-BRC como para que el video de embarque arrancara solo, así que embarcamos en silencio absoluto, y en eso se me apagan las luces porque no sé que garcha toqué y PUM cabina a oscuras, pasan tres segundos, logro encenderlas y ahí estaban todos como entrando a un velorio, lenta y silenciosamente, pero CON LAS LUCES EN BRIGHT, BIEN BLANCAS y nosotros con cara de “no tengo idea dónde estoy ni qué está pasando, no sé lo que estoy haciendo SOY NUEVO, no me pregunte nada, no me pida cosas, siéntese y cállese si no quiere sufrir una muerte horrible, gracias”.
Intenté poner videos pero todos se llamaban de una manera rarísima: FULLFILLER o algo así FULLFILLER 1 FULLFILLER 2 FULLFILLER 3 FULLFILLER 5 LA RECONCHA BIEN DE TU MADRE DONDE ESTÁN LOS VIDEOS DE DESTINO, DONDE ESTÁN LOS JUST FOR LAUGHS, DONDE ESTÁN LAS PELIS? En un momento, me pareció que si ponía el video de contingencia iba a ser divertido y empezó a sonar una música infernal en toda la cabina y a todo volumen y tremendo cagazo se pegaron los pasajeros. No hubo caso, les tuve que poner un video que se llamaba LIBRE y se pasaron 2 horas 10 que dura el vuelo a Bariloche yendo de una imagen de un águila sobrevolando el altiplano a un mapa bobísimo con un avión dibujando un trazo imaginario sobre nuestra ruta aérea. Antes de aterrizar una señora me dice:
-NENA QUE BUENA LA PROGRAMACIÓN DE VIDEOS.
-Señora usted me está cargando?
-Sí, me responde la señora.
Yo no lo podía creer.
-Bueno, pero no me diga que no disfrutó del hermoso vuelo y la emocionante caminata de toda la flora y fauna de nuestro país.
-…

“Tripulación estamos próximos a aterrizar”
Toco las luces un par de veces, meto un prende y apaga furioso, sale el anuncio de aterrizaje DE PEDO y salimos a chequear cabina. La licenciada de Cabin Ready encuentra el botón y lo apretamos cuando se pone en verde, que es a determinada altura, no sé si 2000 y pico de pies porque no presté atención. Aterrizamos, intento agarrar el handset del interphone QUE TIENE UN BOTONCITO que lo libera del espacio que lo asegura y como NO ESTOY ACOSTUMBRADA A QUE TENGA EL BOTONCITO CASI LO ARRANCO. Leo el anuncio, se detiene el avión, enciendo las luces, quedamos en silencio, nos abren las puertas y con cara de sorprendidos y desubicados, saludamos a los pasajeros que bajan por la puerta de adelante, como si no hiciera más de 6 años que estamos volando el 320.

Un día agotador y estresante, en el que le dimos la bienvenida al nuevo integrante de nuestra flota, el más nuevo, el más moderno, el más mimado y esperado: EL FUCKIN FUX.