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Maternar.

 

(Pinche para escuchar la canción en repeat one)

Maternar es lo mismo que ser madre? No lo sé.

Como siempre que escribo, intento que lo que expreso sea un manifiesto. Nunca lo logro y, por lo general, me tildan de loca, de intensa, de pesada, de reiterativa. Tienen razón, todo eso soy, y también miedosa, insegura y con la autoestima baja. El ego del escritor? Es solo un artilugio para mantenerme viva, para que no se note que detrás del revoque fino hay solo escombros. Así y todo, desde los escombros y muy a pesar de todos los pronósticos, tomé la decisión de maternar. La tomé tan a consciencia, tan desde el centro de mi cuerpo, que no estaba dispuesta a aceptar el no que la naturaleza me dio como respuesta. Mediante un tratamiento médico, logré quedar embarazada porque ése ere mi deseo. No solamente la crianza, sino la gestación, el parto, la lactancia. Tuve suerte, la ciencia puso lo suyo, y la biología, la energía, el cosmos o quién sabe qué fuerza poderosa, puso el resto. Yo me transformé en envase y empollé. Sin complicaciones llegó mi felino, en un mar de lágrimas por no haber podido parirlo y que tuvieran que sacarlo por un tajito que duele como el fracaso, pero al que le agradezco ser un portal mágico, una entrada a la otra dimensión.

Hoy mi felino tiene 10 meses y 6 dientes. Camina agarrado a los muebles, llora cuando desaparezco de su campo visual y elige los gatos por sobre los perros; cualidad adquirida quizás después de que un gatito mágico sacrificó su existencia para dejarle su legado.

Cuando decidí maternar, todavía no sabía que sería biológicamente complicado. Lo decidí con el corazón y con la cabeza. Lo razoné, lo desarmé, lo sometí a análisis, lo expuse a todas esas pruebas que ponemos los capricornianos para estar seguros de que la situación no es riesgosa. Tardé casi 4 décadas en que la situación pasara el análisis de riesgo, y lo decidí un minuto antes de que la oferta expirara, porque así somos algunos, unos verdaderos idiotas.

Creía que maternar era algo que masomenos sabría hacer, porque perros, gatos, rescates, adopciones, etcéteras me habrían semi preparado; pero resultó que maternar no es solo sacrificio, maternar resultó ser algo parecido a cuando el gusano se transforma en mariposa, o la serpiente deja su piel atrás… maternar es dejar morir a una persona para darle lugar a otra, en este caso a dos. El día que nace tu bebé, nacés de nuevo con él, y el miedo no es solamente desconocer por completo lo que él necesita, el miedo es porque también desconocés a esa nueva persona que sos, que siente distinto, que tiene otras prioridades, que se emociona por otras cosas o no se emociona por nada. Y todo aquello que me gustaba? Me gustará? Y todo aquello por lo que luchaba? Lo que me definía? Dónde quedará? Todavía no puedo responderlo, no sé si alguna vez llegaré a conocer del todo a la nueva mariposa.

Cuando todo parecía acomodarse, alguien decidió agregarle pandemia al cóctel. Y yo, que siempre fui una depresiva al borde del acantilado, decidí construir un castillo de colores, lleno de budines de fruta, galletitas de banana, flores, animales, música y abrazos… pero con vista al acantilado, por si acaso.

Nunca dejaremos de ser quienes fuimos, querida mamá. Dijo una voz invisible.

Enojada, compré por mercado libre con envío rápido un mural de cartón con fondo agradable para poner en la ventana de bebé, en la de mi cuarto, en la del living. Ahora cuando desayunamos, podemos ver que afuera el mundo es hermoso, hay un sol de otoño que trae gatitos a comer y dormir a mi patio, cocino comida sin sufrimiento animal y me abrazo con los hombres de la casa mientras bailamos canciones y nos reímos de cosas sin sentido.

Pero algo acecha. Y lo sé.

Algo está sucediendo o por suceder, algo está explotando o por explotar. Yo no sé si es la muerte rondando como un dementor, subiendo el acantilado y golpéandose con un fondo de cartón. Yo no sé si es el miedo a maternar de la forma que quisiera con una expectativa y una exigencia tan alta, que me hace perder las batallas cada vez que pongo al felino delante de la televisión para poder lavarme los dientes sin que grite. No sé si pierdo cada vez que le doy una puntita de un budín que tiene azúcar, o cuando se acaba la paciencia porque hace 2 horas que no se duerme y me tira del pelo hasta que le digo Basta! Dormite!

Lo que acecha me tiene expectante, lo que acecha no me deja llorar sino hasta ahora que, escribiendo esto, me rompo. Siendo escombros intensos, mariposa depresiva, serpiente maternando, o la misma de siempre… finalmente logro llorar. Solamente yo sé a lo que tuve que renunciar para poder ser mamá. Lo digo sin reproches conmigo misma, lo volvería a hacer. Pero yo no cambié solamente mi piel, yo me encerré en un baúl con llave y me tiré al mar. Esta que soy hoy, no deja salir jamás a la que era. La que soy hoy es dura y no le importa. Por eso no lloro jamás.

 

Por eso no escribo más.

 

Porque es cuando escribo que libero el baúl, es cuando escribo que se fusionan todas mis partes, se cae el decorado y con el acantilado adelante, me trepo a la ventana más alta del castillo y siento el viento frío en la cara, enredándome el pelo mientras el bebé gatea hacia mí gritando mamamamama y no lo escucho, porque el abismo es más fuerte, es más potente, es más seductor. Mentira, sí  lo escucho, siempre lo escucho; entonces me bajo, lo abrazo, cierro la ventana y le digo que jamás se suba ahí, que vamos a jugar con los chichitos, vamos que hay teta, vamos que hay que dormir.

Porque eso es maternar, eso decidí y es para siempre. Incluso cuando la cabeza duele, el cuerpo duele, la mente duele.

Incluso cuando la muerte se puso una sucursal en tu barrio y anda jugando a la ruleta con tus vecinos, con tu paquete de harina, con las patas de tus perros. Incluso cuando la tele se llenó de barbijos, cuando todos los que amás quedaron afuera, cuando todas tus ocupaciones están prohibidas, cuando abrazarte es ilegal, tu trabajo se destroza, los aviones desaparecen y todo tu futuro depende de algo invisible que dicen que no está en el aire pero sí en las cosas, pero como no sabés en qué cosas, por las dudas no las podés tocar.

Recuerdo una época en la que le escribía a los aviones. Para qué lo haría ahora si el idioma que teníamos en común se esta extinguiendo? Para qué lo haría ahora si puede ser que jamás pueda volver a entenderlos, a abrazarlos, a pisarlos de verdad. Ustedes quizás no entienden el dolor que podemos sentir los que imaginamos pisar un avión únicamente de visitante. Para nosotros, los aviones son nuestros, aunque estén teñidos de muerte, son nuestros. Nosotros queremos seguir pisándolos aunque tengamos que vestirnos de astronautas para hacerlo. Nosotros lo necesitamos porque no sabemos hacer otra cosa más que esa, y no hablo del saber de la capacidad, sino del saber del alma. Nosotros no sabemos más que volar.

Todos los idiomas que hablaba quedarán en el olvido. Intento, por videollamada, mantener algunos idiomas vigentes, no puede ser que el amor sea menos fuerte que la muerte. Para qué sirve amarnos tanto si no podemos con la distancia? Hacemos el esfuerzo mientras dure nuestro distanciamiento, y mientras nos volvemos locos, cada uno en su metro cuadrado y con las latas de comida que le queden, soñamos con volver a abrazarnos.

El baby call vibra, se acabó mi recreo.  Cierro con llave el baúl y lo empujo por la ventana. Me seco los ojos y vuelvo a poner el cartón con los árboles otoñales y los benteveos elegantes. No pasa nada- me digo. Respiro profundo y me encamino a maternar.

Maternar no es lo mismo que ser madre. No es lo mismo que parir, o dar a la luz. Maternar es una decisión que se toma cada mañana y cada noche, y que no se abandona nunca. Maternar es un trabajo que se paga con sonrisas, abrazos y crecimiento. Maternar es la mejor decisión de mi vida, maternar es la fuerza que me impulsa, es lo que me alegra, lo que me emociona e impulsa.

Maternar hace que seas capaz de construir castillos en donde sea, como sea. Y que no importen todos los acantilados, todas las tristezas, ni tu propia naturaleza. Una vez que decidís maternar, lo harás para siempre y será sin duda la mejor decisión que hayas tomado. Por qué? Porque maternando se forman a los mejores seres humanos que existen: seres amorosos, empáticos, inteligentes, independientes y fuertes. Y esos seres, son los que podrán transformar nuestro mundo en un lugar mejor.

Si sos madre, te recomiendo maternar, es una revolución de amor que no sabemos lo bien que puede terminar.

 

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The panic, the vomit.

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Solo se sale para comprar comida, remedios, ir a la farmacia, el cajero, la veterinaria.
Los perros con las patitas limpias al volver y la ropa de calle toda al lavarropas. No tocar nada al llegar sin lavarse las manos. Dejar las zapas de calle en una cajita en la entrada, en casa andar en patas.
Lavar cada producto que viene de la calle con un trapo con desinfectante. Barrer y pasar el trapo con lavandina todas las mañanas y una vez más antes de acostarse. Alcohol en gel en todas las salidas, para utilizar mientras estamos tocando cosas que toca todo el mundo. Una cajita para apoyar billetera llaves y todas las cosas que traemos de afuera. Desinfectarlas cuando sea posible.
En la calle mantener distancia social de la gente en las colas de los negocios, no saludarse, no tocarse, no besarse, que no te hablen cerca. No pedir delivery, quién cocinó sobre tu comida, pudo haber tosido sobre ella? Salivado? Amasado con manos infectadas? No tocar nada que haya tocado el otro, no confiar en nadie. Sacarse la mascarilla y considerarla infectada en la parte de afuera. Retirar con guantes y tirar todo. Al sacar los perros rociar con lavandina donde hicieron pis y caca. Que nadie acaricie tus perros, que éstos no se sienten en ningún lado. No sacar a los bebés. Llevarles comida a los viejos, que no salgan. Todos están infectados menos yo. Todos son un potencial peligro. Lo siento en el aire. Me subo a la moto, me pongo el casco y estoy a salvo, y si el virus está adentro del casco? Imposible, estaba guardado en una bolsa en mi escritorio, nadie lo usó por meses. Igual lo desinfecto por las dudas. Cierro la visera, que no me entre en virus volando. El virus no vuela, pero no importa, por las dudas. El de la moto al lado mío tiene guantes, el de la moto de adelante también, por qué yo no tengo guantes? Por las ventanas bajas de los automovilistas veo que llevan barbijo y guantes. Por qué llevan la ventana baja? Están locos? Yo no lo haría. Llego a casa, guardo la moto. Me saco las zapatillas, me desnudo en el patio antes de abrir la puerta, meto la ropa en el lavarropas, me lavo las manos y la cara. Me pongo alcohol en gel, espero unos segundos. Corto bananas para mi bebé, se le cae una al piso, la levanto, la examino, la soplo: práctica antigua que ya se comprobó que no sirve de nada. Le saco un pelo de perro, se la doy de nuevo, se la lleva a la boca y la duda se instala en mí. Pongo cara de terror, se la saco bruscamente, él me mira sorprendido, le doy un nuevo pedazo de banana, sigo haciendo mi té, descalza, en bolas, parada en la cocina sobre mi piso blanco lavandineado, al lado de mi bebé desinfectado, rodeada de mis perros etílicos y mi mesada inmaculada.
Estoy cansada, agotada, exhausta.
Estoy harta de pensar mil veces por día que el enemigo está ahí afuera. Cada vez que salgo (cada 3/4 días) me siento sucia. Siento que estoy haciendo algo mal. Cuando me cruzo con alguien por la vereda nos sonreímos de manera cómplice, con malicia. Como si ocultáramos algo. Yo oculto que estoy yendo al portugués a comprar nueces y todos sabemos que las nueces no son TAN necesarias. Y si me para la policía? Tendría que inventarme una excusa, ya sé, voy a comprar harina también, por harina no puedo ir presa. Aunque un señor fue preso por una prestobarba! Se me acelera el corazón, me siento una malviviente. En casa estoy a salvo, no corro riesgos, no me contagio. Quisiera ni siquiera tener que sacar a los perros, pero no me queda otra que caminar esa cuadra infame mientras me cruzo con gente que no sabía ni que tenía perro, los usan de excusa para salir, claramente. Que no me salude, que nadie me hable, que nadie se me acerque.
Voy a pasar todo el tiempo que sea necesario alejándome de este fantasma, de esta nube de muerte que me traigo cada vez que salgo y que solo se va disipando con el correr de las horas cuando veo que no estoy tosiendo.
Y cuando todo esto pase, y nos digan que podemos salir, que volvamos a nuestros trabajos y nuestras reuniones… cómo nos vamos a sentir? Cómo vamos a volver a confiar en el otro, en tocarnos, en respirarnos cerca? Cómo volver a viajar en subte amontonado? Cómo coger con un desconocido que te puede traer la muerte con un beso? Cómo olvidar los audios de los médicos extranjeros que dicen que hay gente de 30 años con respirador artificial? Y los crematorios comunitarios? Y esos papás que dejás en el hospital y no volvés a ver nunca más? Cómo no llorar? Cómo no pensar en todos esos nenes que están por debajo de su peso si los agarra el virus? Cómo olvidarse de los que viven al día y no tienen para comer porque no pueden trabajar? Cómo no sufrir la desesperación de ver que mueren 600 personas en un día en tu país? Y si mañana es tu mamá, tu papá, tu hermano? Y si sos vos el que tiene los pulmones vidriados y no vuelve a ver a su hijo, a su novia, a sus amigos?
Y si esto es el fin del mundo como lo conocíamos? Y si todo colapsa de manera tal que recordaremos para siempre y con nostalgia como era el mundo antes del 2020? Ninguna película de Tom Cruise nos anticipó esta angustia, ninguna nos dijo que íbamos a sentir esta ansiedad, esta incoherencia.
Y sin embargo, henos aquí. Aplaudiendo a este presidente, compadeciéndonos por aquél otro, mirando como bobos la historia de un surfer como si importara; haciendo crossfit en el pasillo, cocinando lo que jamás nos animamos, haciendo videollamadas de a 6 personas, exprimiendo las series, jugando online, agradeciendo, haciendo yoga, viendo crecer a nuestros hijos, dándonos cuenta de que lo que tenemos en casa es mejor de lo que pensábamos, tratando de evolucionar y ser un poquito mejores.
Son las 5 de la mañana y no te podés dormir porque el fantasma se te metió en la cabeza y es casi peor que tenerlo en los pulmones. Definitivamente la vida no será la misma después del 2020, y no es porque la economía se te arruinó, o porque no sabés cómo afrontar los cambios que se vienen…
Es porque viste el miedo a los ojos, quizás por primera vez de ésta manera; y una vez que eso sucede, no se puede seguir siendo la misma persona.

Cuídense mucho y cuiden al otro.
Por primera vez entendamos que no somos el centro del mundo, cuidemos al otro y el mundo será un lugar mejor. ❤️

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Distrito 13.

 

Ya me quedó claro que si la voté a ella, somos todos unos choriplaneros, chorros, negros, mugrientos, villeros, que deberían haber muerto al nacer, escoria del país, jamás agarrar una pala, jamás estudiar.

Ya me quedó claro que si lo voté a él soy un antipatria, un cheto de mierda con caca en la cabeza, una persona que solo quiere su bienestar, que hace caca con olor a dólares a 40 pesos y que si quería el cambio entonces mejor me hubiera hecho puto.

Me quedó claro que si visto un pañuelo verde soy una tortillera asesina mata bebés que odia a los hombres y no tiene respeto por la vida humana y solo quiere abominaciones para el futuro de nuestra generación. Me quedó también claro que si visto de celeste soy una asesina de mujeres en problemas, de mujeres pobres sin recursos, sin enseñanza. Me quedó claro, sos cheto, sos negro, sos asesino, sos chanta, sos opus dei. Todos somos una manga de mierdas vistos desde la vereda de enfrente. “Yo seré una mierda pero al menos no soy chorro” “Yo seré una mierda pero al menos no mato bebés” y así, todo el día.

Leí un libro que me partió la cabeza, de una señorilla llamada Agustina Bazterrica, Cadáver Exquisito: una plaga mata todos los animales del mundo, y se empiezan a criar “cabezas humanas” para consumo de su carne especial. Nadie lo ve como algo horroroso, a todos les gusta la carne y esos humanos no son normales, fueron criados para ser alimento. Ni más ni menos que lo que decimos nosotros “No podría comer perro, mi perro es el amor de mi vida, lo amo, es especial. Las vacas, los pollos, los peces, fueron criados para alimentarlos, es la ley de la vida, es la naturaleza humana”. También era naturaleza humana pegarle con el garrote a la mina en la cabeza y llevársela a la cueva, pero evolucionamos, aprendimos, somos mejores.

Desde que empecé a fantasear con la idea de quedar embarazada, la gente me dijo que volvería a comer carne, en algún punto del embarazo. Bueno, guess what? Si había alguna chance, el libro de Bazterrica logró repugnarme de tal manera que lo veo imposible. O digamos que lo veo igual de posible que comerme a un humano, ustedes qué creen? De todas maneras, lo de tener hijos parece que va a ser bastante difícil en esta vida, así que parece que no voy a tener que preocuparme por el asunto de tentarme con un mcdonald´s. El asunto es, haberle dado tantas vueltas en la cabeza y darme cuenta, de golpe,  que normalizamos tipos de violencias cotidianas, mientras luchamos contra otras. Con los niños no! Con las mujeres no! Con los animales?? mm si, con esos dale, porque son ricos y es cultural. Está bien que seleccionemos a cuáles vamos a proteger y a cuáles explotar y asesinar. Los ciervos me encanta verlos, estoy en contra de la caza, lo que cazan son unos hijos de puta! Pero si voy al sur, un ciervito ahumado, eh? Seee, que rico!  Así somos todo el día, así somos de hipócritas, así somos de ciegos, así nos dejamos llevar, año tras año por una tradición macabra, que mueve nuestra economía, que mueve el mundo.

“No, bueno. Es un extremo, yo no puedo dejar la carne. Me gusta, no quiero y no me interesa. Vos comías carne hace menos de 3 años, me acuerdo de las milanesas de la farola que te clavabas…” Si, yo también me acuerdo, eran riquísimas, fritas y con queso y tomate encima. El tema es que un día abrí los ojos y decidí parar, como espero que decidan parar los curas que se violan nenes de 8 años, como espero que dejen de matar los hombres a las nenas y de tirarlas a descampados, como espero que los maridos dejen de fajar a sus mujeres y que las chicas dejen de asesinar a sus novios. Pero nada va a pasar, porque a los hombres les gusta matar nenitas, a los curas les gustan los chiquitos y a vos te gusta el bife de chorizo. De la misma manera que a los políticos les gusta la plata, y mentir. De la misma manera que a miles de personas les gusta que hoy nuestro país se hunda para poder decir “Viste que yo tenía razón, MacriGato”.

Así que no me queda más que el encierro; los animales, las plantas, el avión y el distrito 13. Un lugar que empieza en las ruinas del 12 y termina en los paredones enredados del Burlesque.

 

De qué hablaba este post? No me acuerdo.

y me chupa un huevo.

 

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Un día me crecerán alas.

Ph Fernanda Fernández <3

Pinche-

Voy a tomarme un minuto más, Juliet. Dame sólo un momento más, dije.

Mi closet está demasiado lleno de plantas, me abrí camino a machetazos desde la puerta hasta donde cuelgan las perchas “hace tanto que no vuelo que ni siquiera llegué a estrenar el nuevo uniforme”.

Hace mucho que no volas, que no escribís, que no llorás de verdad. Dijo. Qué es llorar de verdad? Pregunté. De verdad es como hacías allá, en el distrito 12. Contestó. Es culpa de las plantas, agregó ofendido.

Me reí apenas. Puede que tenga razón, las plantas han tenido el efecto que supo tener el avión, el que supo tener el amor. Las plantas lograron que saliera de la cueva. De pronto, clorofila, de pronto fotosíntesis, de pronto semillas.

Pero no son suficiente. Nunca nada lo es.

Hoy es el día de abandonar barcos, las niñitas siguen apareciendo muertas en los descampados, en la calle la gente se detesta, los galgos siguen corriendo con los huesos partidos, la gente amada se enferma y los bebés… los bebés parecen no querer tenerme de madre.

 

Un día, me crecerán alas, y todo esto va a parecer una gilada.

Mientras tanto, bienvenidos al distrito 13.