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Pero el pozo.

(Pinche)
Estábamos amándonos como parecía imposible amarse cuando escuché un crack entre mis dos pies. Miré hacia abajo y la tierra crujió hasta casi hacerme caer. Un rayo se dibujó en el pasto, abriéndolo como si alguien lo estuviera cortando con una sierra gigante, invisible, imposible de evitar.
Lo que ocurrió después, intento recordarlo de la manera más fiel posible, pero por más que haga esfuerzos, no deja de ser un momento borroso. Lo que queda claro es que cuando abrí los ojos, estaba en el piso, de este lado, y vos estabas de pie… del otro lado.
El terremoto dejó un hueco que no pudimos tapar, que no pudimos rellenar, que no pudimos saltar ni sobrevolar. Me asomé al precipicio y te miré. “Podés venir para este lado?” Te pregunté. Levantaste las cejas y los hombros.
Me dejé caer.
“No llores, no llores” Dijiste. No te gusta cuando lloro.

“Pero el pozo” Dije yo.
Pero el pozo.

Me dormí durante meses mirando tu lado de la isla. Tus ojos estaban allí, noche tras noche, mirándome casi como si estuviésemos en la misma cama, como me mirás cuando pensás que no me doy cuenta cómo me mirás, cuando pensás que porque no decís lo que te pasa estás a salvo, cuando pensás que no siento como a vos también te tiembla todo con los besos chiquititos. Pero no, no estábamos en la misma cama, ni mucho menos en la misma habitación, ni siquiera en la misma porción de tierra. Cómo se puede no estar ni siquiera en la misma porción de tierra cuando se estuvo uno adentro del otro? Yo sé que eso puede pasar, porque las cosas se rompen y a nosotros se nos rompió.

Me levanté porque mis rodillas se golpeaban entre sí por no ponerle ningún almohadoncito. Me levanté porque me dolían los huesos y porque tus ojos ya no estaban allí. Y yo confundo ausencia con abandono, y yo confundo verdad con maldad. Y vos confundís miedo con abandono, y vos confundís miedo con maldad.
El terremoto se llevó todo lo que había a mi alrededor, tengo que volver a construir. No tengo más que algunos galgos maltratados, olorcito a eucalipto, valijas destrozadas por los gatos y hambre de hot dog.
Vos tendrás tus cosas para empezar de nuevo, no puedo verlas ni adivinarlas, pero confio en que así será.
De aquel lado habrá quedado toda tu razón, tu certeza y tu bondad.
De mi lado la lava, los gusanos, la irracionalidad.
Seré la mala una vez más. Seré la loca, la ridícula, la desubicada, la mentirosa, la arrastrada, la que nadie quiera mirar.
Y vos serás un ángel que jamás se equivoca, vos serás el dueño de la verdad.
Y de tu lado de la isla, te lo cobrará caro el cuerpo cada vez que pienses en mí, y de mi lado de la isla, te aseguro que temblaré de solo imaginarme esa cosa que tienen tus labios.

Pero el pozo.

Pero el pozo, mi amor.

Vento: lo que sucede, conviene.


(Pinche)

El 14 de febrero, subieron a la página de Adopta un galgo, la foto de un galguito con cara desdichada y un agujero impresionantemente rojo con manchitas negras en el pecho. Lo levantaron en un auto, decidieron llamarlo Vento, lo llevaron a la veterinaria y pidieron que alguien se ofreciera para darle tránsito.
El 14 de febrero decidí enamorarme una vez más y me ofrecí para esta primera etapa de su curación.
Ser hogar de tránsito significa curar, en todos los sentidos. Enseñarle que se puede confiar, que puede dormir tranquilo, que no le va a faltar comida y que ya no va a necesitar pelear, ni morder, ni llorar para que alguien lo trate bien; una vez logrado el objetivo, se busca una familia que lo adopte.

Tres días después, Vento llego a casa, con una mirada muy distinta a la de Ade, con los ojitos un poco como Bamba, escondiendo una historia algo triste y con dolor, pero, lamentablemente para mí, desconocida. Nunca sabré lo que le pasó a Vento, así que solo puedo adivinar sus aventuras.
El agujero de su pecho era enorme, enorme, enorme. Cada vez que sacaba las vendas para curarlo, aparecían más y más gusanos muertos. El olor que despedía era algo nauseabundo, donde se acostaba dejaba manchas de sangre y ese líquido que se desprende de adentro del cuerpo. Pasé días lavando sábanas, colchas, almohadas, vendas… pero sus ojitos de tarrito de miel lo merecían, los besos que me da en las manos mientras lo curo, la tranquilidad cuando duerme…
Aquí abajo les comparto los relatos desde el primer día hasta el día de hoy, espero que les gusten.



Él es Vento.
Apareció con una bichera tremenda en Capilla del Señor; la gente de Adopta lo agarró, lo llevó a la vete y empezó su tratamiento. Necesitaba tránsito y ahora está en mi living. Es muy tranquilo, casi no les presta atención a Ade y a los gatos. Está tiradito en un colchón cob mucho dolor. Necesita curaciones, medicamentos, gasas y algunas cositas más. En las próximas semanas esperamos que, de a poco, vaya sanando su herida y algunos agujerotes más que tiene en el cuerpo, cuando esté enterito, más gordito, más sano y de mejor ánimo, lo castraremos y quedará en adopción. Cuento con ustedes, como siempre, con su ayuda para difundirlo y encontrarle el mejor hogar. Por ahora, se quedará en cada poniéndose fuerte, pueden visitarlo y conocerlo cuando quieran, también cuidarlo cuando esté de posta♡ me harían un enorme favor.
Les dejamos un beso enorme, desde nuestro living, Sharam, Fif, Ade, Vento y yo♡
Vento es el primer galgo en tránsito de mi vida. Fui muy nerviosa a buscarlo y ahora estamos enfrentando la primer noche en casa. No le dio bola a los gatos y casi no se mira con Ade. Come muy bien y revisa un poco las bolsas de basura, no ensució adentro y esperó a que lo saque. Durmió la siesta en un colchoncito en el piso y cuando se aburrió, se metió en mi habitacion e intentó subirse a la cama. Muy timido Vento♡
Las vendas se le soltaron un poco y se estuvo chupando asi que se las reforcé y le puse otra venda más encima para que no se le caigan. Mañana habrá que cambiarle todo de nuevo porque está muy flojo. Vento tiene unos ojos muy dulces, una mirada un poco cansada y triste, pero también agradecida. No tengo dudas de que será un gran perro cuando se recupere.
Ahora duerme en el sillón, con los gatos cerca.
Mañana se quedará solo unas horas por primera vez en casa, y a la vuelta nos empezaremos a conocer.
Vento, día 1.

Me sacaron de guardia y me fui a las 3 am a trabajar, dejando a Vento solo con Ade y los gatos. Volví a la 1 del mediodía esperando el desastre y este fue el panorama que me encontré: ambos dos empujando la puerta esperándome con ansias para salir a pasear. Apenas pude entrar los dos salieron al palier y me esperaron afuera. Entré al departamento con miedo. Todo estaba en su lugar salvo porque Vento decidió usar mi cama y estaba toda manchada de ese jugo inmundito que le supura de la herida. Colcha, sábanas, cubre colchón: todo a lavar. Un olor en toda la casa bastante difícil de describir, es un olor que despide la herida que jamás había sentido antes y que jamás voy a olvidar.
Así nomas como estábamos nos fuimos a la calle. Vento caminó 5 cuadras hasta la plaza y allá se animó a pis y caca. Volvimos cansados y muy despacito aunque se lo vio tentado de seguir el ritmo de Ade que pasea sin correa.
Las vendas le colgaban y la herida estaba a la intemperie. Compré más gasas y cinta y le saqué todo el vendaje viejo. Ahi me encontré por primera vez con la herida. Muy fuerte, debo decir, impresiona bastante hasta a una pecho frío como yo. Hice todo tal cual me dijeron pero me salió como el orto. El perro casi no se movía y solo me miraba mansito y con agradecimiento, pero mi torpeza, la inexperiencia y lo incómodo del lugar donde tiene la herida me hicieron desperdiciar los insumos, lo vendé como pude y nos acostamos.
A las 2 hs fuimos a la vete, que lo limpió excelente, le puso vendas limpias y una venda elástica que se nota que le queda muy cómoda porque camina al trotecito. Se largó a llover y Vento me enseñó que es bien galgo, tampoco le gusta el agua.
Ahora duerme.
Mi casa tiene olor a zombie putrefacto. Mi colchón está inhabitable, tengo olor a todo lo malo en las manos y en el pelo, gasté una fortuna y creo que todavía estoy sin almorzar… pero este perro es como esos hombres de los cuales uno no elige enamorarse, y sin darme cuenta me encuentro patas para arriba y dando mi vida por él.
Perdonen la poesía, hace mucho que no me topo con un especimen tan inspirador.

Vento dia 2.

Creo necesario contarles nuestra historia de amor.
Somos 2 perros, 2 gatos y un humano y nos encontramos discapacitados todos, algunos en ciertos aspectos, algunos en otros.
Vento tiene un agujero en el pecho que supura un olor infernal, renguea por el dolor y camina pegadito a las personas usándolas de sostén. Se mete en todos los negocios, casas y puertas de auto que vea abiertas.
Adele tiene demodexia, miedo a quedarse sola, miedo a los perros grandes, los ruidos fuertes y a los aviones. Tiembla de solo pasar cerca de aeroparque y odia ver personas armando valijas.
Sharam es un gato negro, es sadomasoquista. Le gusta que le peguen chirlos en la cola y masticar pelo por las mañanas. Tiene un aliento dragónico que permanece en el mismo hasta el primer lavado.
Mia es una gatita blanca que ama los perfumes y las fragancias, se tira encima de cualquier persona recién bañada y le mastica la cabeza, le chupa los dedos de los pies.
V soy yo, y le tengo miedo al amor. Le temo al daño que hacen las personas y elijo rodearme de animales, ya que dan el amor más puro, más sano y menos perjudicial que he conocido.
Los 5 dormimos bajo el techo, intentando sanarnos unos a otros, intentando hacernos mejores, intentando que se noten menos nuestras locuras y nuestros defectos.

Vento ha llegado a una familia más que imperfecta, pero experta en mimos, cuidados y besos.
Su herida está rosa y granulada, dicen las vetes que eso es bueno. Camina 8 cuadras tres veces al día, despacito y con dificultad, pero firme y con ganas.
Come mucho y muy bien. Duerme y descansa todo el dia, no le teme a nada.
Todavia no lo he visto llorar, mover la cola, sonreír, quejarse, saludar ni mostrar ninguna emoción más que esa mirada demoledora que me atraviesa cada vez.
Le digo “Vents” cuando lo llamo, y de a poco, va viniendo.
Agradezco cada día con estos seres y agradezco tener tiempo y cerebro suficiente como para no perderme los detalles que considero los más hermosos de la vida.

Vento, dia 3.



Que la fuerza te acompañe.

Anoche cerré la puerta de la habitación y Ade y Vento durmieron cada uno en su sillón.
Me desperté, comimos y salimos a pasear. Noto que Vento solo hace pis donde hizo Ade, y si está despistado cuando ella hace entonces no encuentra lugar donde hacer. Ahí estoy yo como pelotuda diciéndole “Mira Vents! Mira lo que hace Adee” y la gente me mira. 
Todos preguntan “uuuu Qué le pasó?” 3 veces por cuadra explico el drama de los galgos, soy una charla ted móvil. La gente se solidariza mucho, he recibido donaciones de medicamentos, vendas con nitro, gasas y alimento. Esta semana debería ir llegándome todo pero no puedo más que agradecer el compromiso que tienen♡
Esta tarde ocurrieron dos cosas buenas.
1. Vento dormía en el sillón y yo me puse a jugar con Sharam. Lo cascaba en el culo como a él le gusta, le daba chirlos y le decia ese gato ese gato ese gato y Vento saltó del sillón, se paró arriba del otro sillón y empezó a oler al gato como si recién lo hubiera descubierto. Mi gato, muy genio, se dejó oler y no se resistió para nada. Desde entonces, los mira mucho más curioso, más despierto.
2.fuimos a la vete a cambiar los vendajes. Al tirarle el menjunje sobre la herida, antes de ayer ni se movía ni nos miraba. Hoy, sin embargo, se resistió un poco, se iba para atrás. Tiene un poco más de fuerzas, de energía. Y yo me agarro de estas pequeñas cositas para saber que día a día está un poco mejor.
Ahora estamos tirados en un sillón cama que tengo en el living, hace un año que no lo abría, sin embargo hoy, pasamos todo el dia vagueando acá. de no está celosa, Ade sabe, entiende y acompaña. Lo guía por la calle para que él sepa por donde ir, donde frenar y hasta donde hacer pis. Sin embargo, no lo mima, no lo busca, no lo huele ni lo incomoda. Incluso permite que la aparte de su propio plato y le coma su comida, me mira a mí y yo le digo: veni Ade, está enfermito.y entonces le preparo a ella en otro plato, porque sé que ella es sabia y me ayuda a cuidarlo.
Vento tiene fuerza, tiene garra, tiene un fuerte corazón. El agujero de su pecho no fue lo suficientemente profundo como para doblegarlo ni destruirlo, y me demuestra hora tras hora el gran perro que es.
Mirándolo, pienso que deberíamos aprender un poco a pedir ayuda, a saber recibirla, a no darnos por vencidos, a conservar nuestras energías cuando no podemos más. Mirándolo me siento bastante tranquila, es un perro que transmite paz.

Vento, día 4.



La cosa es que por algún motivo que esperamos que tenga que ver con la incomodidad de la herida y no con que es un mugrientito, Vento no levanta la pata para mear, sino que se agacha un poco como las hembras, dirigiendo el chorro entre sus patas delanteras. Muchas veces le emboca al hueco y algunas otras no, regando toda su pierna derecha. Muy agradable por cierto. 
Hoy en la vete dijeron que toda la herida se puede cubrir con dos pañitos de gasa con Nitro, y antes usábamos más, por lo que creemos que la herida está, al menos, un poco desinflamada. Le sacamos dos gusanillos muertos de adentro, son algo negros y bastante inmundos, pero verlos fue como ganar una batalla, incluso me atreví a insultarlos una buena cantidad de tiempo mientras yacían en las gasas.
Hoy pasamos todo el día tirados en la cama, todos. Vento no encuentra una posición cómoda, se mueve, se acuesta, se para, se vuelve a acomodar, no debe ser fácil tener ese cráter ahí, la verdad es que es un santo.
Cada vez que hace caca deja su peso en oro, se que el cambio de alimento le está limpiando el intestino, le gusta mucho revolver basura, acabo de venir de la calle y tuve que pelear con 3 bifes crudos y sus dientes. Obviamente gané, pero a fuerza de que mis dedos estén todos grasientos y resbaladizos. 

Vento me mira. 
La mira a Ade, intenta apoyar su cabeza en alguna parte de su cuerpo. Hoy besó dos veces a Sharam, en la cabeza y en el lomo.
Todavía no sonríe, es demasiado pronto. Pero me mira, me mira como contándome esas miles de cosas que quisiera entender pero que solo puedo imaginar; porque el mundo de los hombres ha sido cruel con todos, pero al menos yo pude luchar de igual a igual, y nadie me dejó tirada a que me agusanara.
Yo lo miro y trato de decirle en el idioma que tenemos en común, que ya no habrá un solo día en su vida en el que alguien no lo mire con amor. 
Lo dije en el idioma de las miradas, y pienso mantener mi promesa.

Vento, dia 5.


Espero que aquellos que sean impresionables no me odien. Juro que no hay morbo en estas fotos sino alegría por lo bien que va sanando esta herida.

Pasamos todo el día en la cama. Volví de una fiesta a las 7 de la mañana y Ade y Vento me esperaban felices y ansiosos.
Vento hace pis adentro, generalmente se aguanta pero si me voy varias horas o me acuesto a dormir, elige un lugar muy piola donde hacer: en el patiecito, al lado de la rejilla y las piedras de los gatos. Ni que supiera.
No le digo ni mu, saco la fregona y me pongo ahi como cenicienta mientras el me mira medio culposo. Es una buena noticia que haya elegido un lugar donde hacer, ya que si me voy 12 horas a trabajar, sé que no se va a estar aguantando como la naba de Ade. También es buena noticia que haya elegido el patiecito y no el piso de madera.
Cuestión que a las 7 de la mañana paseamos nuestra belleza por Monserrat, ante los ojos sorprendidos del diariero y otros personajes que gritaban “se agrandó la familiaa?”.
Dos de cada 10 personas me dicen algo al respecto de Ade y Vento. Muchos de ellos me preguntan si los llevo a correr. Algunos se llevaron unas buenas puteadas, otros no tanto.
Llaman la atención, son bellos, son buenos, se frenan apenas alguien los toca y ponen una cara de buenazos y agradecidos, que da gusto.
Me siento orgullosa de los perros que estamos cuidando, protegiendo y rescatando. Son perros nobles y me gustaría pensar que intentamos ser un poco como ellos.

Hoy limpié la herida en casa, cambiamos algunos métodos ya que el pervinox y el agua oxigenada matan las células nuevas y retrasan la cicatrizacion del tejido según me dijeron. Aproveché para sacar estas fotos y de paso con la pincita, tres malparidos gusanos negros, largos y desagradables. Cómo puede ser que se estuvieran comiendo a este perro hermoso? No lo sé, pero estoy feliz de verlos afuera y lejos de él.
Se dejó curar como un campeón y ahora se desmayó en el sillón.
Se le nota en seguida cuando quiere cambio de vendas porque se pone incómodo.
Seguimos aprendiendo este lenguaje no verbal.
Hoy recibi muchos besos en las manos, algunos miradas de amor y un ladrido enfurecido a un perro maldito de un vecino que se acercó con algún fin que lo hizo desconfiar.
Ladies and Gentleman, tenemos un guardián.

Ahora miramos la entrega de los oscars desde el sillón, a él se lo nota más bien interesado en que se lo acaricie constantemente, parece que el cine lo tiene sin cuidado.

Vento día 6.

Me fui, a las 6 de la mañana, culposa y angustiada, como toda azafata que deja hijos en casa. 
No he tenido niños pero sí la suerte de aprender a amar a los animales como hijos propios, mientras la cruel procastinación decide si algún día podré superar los miedos y buscar una familia humana.
En casa quedaron los 4, dormían sobre mi cama cuando me levanté, los desperté para darles comida y un paseo a las 5 am y cerré la puerta de la habitación para proteger mis sábanas de los líquidos de Vento. Trabé la puerta con una silla, Adela es conocida en Monserrat por abrir puertas fácilmente.
Al mediodía pasó mi mamá a verlos. Cansada está la pobre de venir a pasearla a Ade y que ella no quiera salir, parece ser que los paseos deben ser CONMIGO o CONMIGO desde hace unos meses y no hay persona que logre hacerla salir de la casa. Les puso la correa al cuello a los dos y a la calle. Ade paseó junto a Vento como si fuera lo más normal del mundo. ¿Acaso se siente más segura? Como sea, me emocionó saber que él nos está enseñando cosas a cambio de este hostel amoroso en el que se está hospedando.
Volví esta tarde. Abrí la puerta y Ade gritaba desde adentro como suele hacer cuando me extrañó. Pegó dos mil saltos en el palier mientras yo esperaba ver aparecer a Vents por la puerta del living. NADA DE ESO. El señor estaba bajando la escalera, todo rengo y adormecido, porque se había ido a dormir a la cama de arriba. Si será turro, sube y baja la escalera solo, con ese agujero en el pecho y no le importa nada.
Fuimos a la vete a cambiarle los vendajes. Yo llevo los insumos y ella no me cobra. Abrimos el vendaje viejo y no había gusanos. La herida estaba limpia y brillante y la notamos mucho mucho más chica. Sorprendentemente más chica. La vete dijo “acá hay piel nueva y este perro está de mejor humor, tiene mejor cara”
Fuimos muy felices. Ade, Vento y yo.
Nos preocupan unos pelones que tiene en el cuerpo, el pelo se le levanta en mechones apenas lo tocas. Es como si le arrancaras mechones enteros. Pensamos que puede ser algún hongo, pero lo vamos a estudiar la semana que viene para no bombardearlo con cosas.
Volvimos caminando a casa y su paso es bastante más firme.
Sigue husmeando las bolsas de basura pero ya responde a “Vento!” cosa que no es menor.
Se mea las patas de adelante, huele como el demonio y es, probablemente el perro más hermoso que yo he visto jamás.
Vento, día 8.




Anoche nos acostamos en la cama un ratito todos juntos.
Vento no encontraba posición, lloraba, se quejaba. Me miraba a los ojos con cara de “hacé algo”, lo abracé, le hablé, le prometí que ya se le iba a pasar. Se durmió.
Esta mañana las vendas estaban bastante arrancadas. Se estuvo chupando buena parte de la noche, así que al mediodía le cambié todo. Las vendas de farmacity resultaron un fiasco y valen el doble que las de mercado libre.
Vinieron algunas madrinas a visitarnos, nos trajeron donaciones de gente de twitter que se enganchó con la historia de Vento. El se portó como un duque y las mimó como si supiera.
Dormimos la siesta, paseamos, comimos… lo de todos los dias. Incluso se hecho un trotecito, entusiasmado atrás de Ade. Quiere ir rápido, se le nota, pero cuando arranca se da cuenta que no puede.
La herida ya no presenta gusanos pero tiene un color que no es tan bello como el de días anteriores: hay una parte que no me gusta nada. Mañana la analizaremos bien con la vete para ver qué está pasando, solo espero que siga irrigando bien y que no se necrose.
Ahora está acostado al lado mío, duerme, se despierta, se queja un poco, se da vuelta. Pero cada vez que abre los ojos, nosotros estamos acá y acá nos vamos a quedar.


Vento, día 9.





Cómo te das cuenta cuándo estás enamorado?
Oh, eso es cosa de jóvenes! Pasó hace tanto tiempo! Ya casi no recuerdo! 

No es mi caso. Me enamoro todos los días de cosas que, en otra época de mi vida, eran invisible a mis ojos. Creo que eso pasó cuando vi la foto de Vento con el pecho abierto. Cómo mirar hacia otro lado cuando uno encuentra un pecho abierto? 
Finalmente, vino a casa. Al principio, con un olor desagradablemente fuera de lo común, sucio, con algunas pulgas y una cara de triste incurable. Cerraba los ojos cuando levantabas un brazo o una mano, no respondía a ningún llamado y se paraba en todas las bolsas de basura de la calle.
Han pasado diez días y, para mi sorpresa, el pecho empieza a cerrar. Ayer encontramos otro gusanillo muerto al que miré a los ojos e insulté sin tapujos. Limpiamos con suero, analizamos el sector oscuro y vimos que era resto de curabichera y propóleo derretido. El color sigue siendo el ideal.
Comimos, paseamos, tomó el medicamento y recibió doble ración de mimos porque tenía 40 de fiebre. Es normal? Y sí, es normal. Está peleando un agujero importante. No tendrían fiebre ustedes?

Esta mañana era la décimo primera. Las vendas estaban secas, infiero que no sólo no se chupó sino que no está largando tanto líquido. No hay olor.
Decido llevarlos a la plaza, vamos sueltos los tres. Vento para en la esquina, me mira a los ojos, no revuelve la basura, no mira a otros perros, no se distrae con gatos. Sólo existo yo, y Ade (apenas).
Entramos a la plaza y su actitud cambia. Cierro la reja y se mantiene pegado a mis piernas mientras Ade sale disparada detrás de un bull terrier.
Vento me mira y llora.
Me siento en unas escaleras y me apoya todo el cuerpo, descansando sobre mí. Le insisto para que vaya al pasto, pero no quiere.
Se acerca un perro, Vento levanta la cabeza y levanta la cola completamente. Me sorprende su actitud; cualquiera que haya visto “lider de la manada” sabe lo que significa esa actitud.
El perro lo huele y le ladra y Vento saca unos dientes hasta ahora desconocidos y le deja bien en claro quién es.
Estaré herido, pero no soy un pelotudo. Parece decir.
Se vuelve a mi lado y empieza a lloriquear, no le gusta que Ade corra con el perro que le ladró. La mira llorando y no permite que ningún perro se acerque adonde estoy sentada yo: les gruñe. Deja de gruñir cuando digo “Basta Vents” y me regala la mirada dulce que practica todos los días.
Vamos a buscar a Ade, que corre destartalada con la lengua afuera, gastando a todos los perros de la plaza. Vento la sigue con la mirada fija y arranca detrás de ella. Corre 5 o 6 metros y vuelve rengueando, con cara lastimosa. Me arrodillo, lo beso y le digo al oído “Todavía no, mi amor”.

Salimos de la plaza los 3, volvemos a casa, enciendo el aire y nos tiramos los 5 a dormir una siesta. Escribo este hermoso día para que quede para siempre, para no olvidarlo, para que todos sepan, que todavía podemos enamorarnos… si tan solo nos tomáramos un minuto para ver esas pequeñas cosas que siempre estamos demasiado apurados para ver… los olores, las miradas, los pequeños aprendizajes.

Vento, día 11.

El sábado me fui de posta. 28, 1, 2 y 3. Llegué a Ezeiza y llovía así que demoré en ir a buscar a Ade y a Vento a la casa del genio de Mati, quien los cuida y pensiona cuando no estoy.
Habíamos hablado por mensaje y él me había adelantado que Vento mariconeaba por las noches: llora, se queja, quiere ir a la cama.
Cuando pasé a buscarlos estaban bien, contentos. Parece que tuvieron algunos problemas compartiendo el lugar para dormir ya que NO LO QUIEREN COMPARTIR. Compiten. Cada uno quiere garcar al otro, bueno, no es momento de enseñarle cosas a Vento sino de sanarlo, ya habrá tiempo de explicarle que debe ser generoso.
Volvieron tirados en el asiento de atrás, perfumando todo el auto con sus sudores y sus gases lacrimógenos. Llegamos a casa y subieron contentos la escalera. Vento camina rengueando apenitas, sube los escalones con rapidez y sin quejarse, pero una vez en casa, lloriquea por el sillón, por la comida y por los mimos: es un auténtico bebé caprichoso.
Saben? No he tenido hijos humanos, pero entiendo que ustedes las madres entiendan qué tipo de llanto es cada uno; el del hambre, el del sueño, el del capricho o el del dolor de panza. Yo reconozco el llanto te Vento cuando le molestan las vendas.
Así que lo cambié, por primera vez, sin ayuda.
Se quedó bastante quieto, pero no tanto como hubiese querido. 
Saqué las vendas viejas y… sorpresa! La herida es un chiste. En serio, no miento. La herida es tan chiquita y tan boba que me reí de ella, me burlé, le hice bullying, le saqué la lengua a las babas oscuras y a las tres gotitas de agüita rosada que caían, le hice fuck you a lo que parecía una pielcita de gusano, besé a Vento en el rostro, en la cabeza, en la trompa y le dije miraaaa miraaaa miraaaaaa ese agujero cagón Cómo se cierra! Y como todos los dias lo dejé lamerse una, dos, tres veces, no porque piense que esté bien; sino porque creo que es importante que él se reconozca, que sienta su propio cuerpo y que se de cuenta que cada vez que le saco las vendas, es un perro más sano, más fuerte y más ganador.
Y cada vez que caen las vendas está más cerca, de encontrar una familia para siempre.
Vento, día 15.

Además de dulces, dormilones, mimosos y narigones; Adela y Vento son concertistas.
Soprano y Tenor, respectivamente, deleitan al edificio a todas horas con sus cánticos y sus serenatas. El precursor parece ser Vento, sus llantos despiertan los cantos de Adela, logrando convocar las voces de un perrito de abajo y dos de arriba. Es como la noche de las narices frías, salvo que aquí nadie quiere arrancarles la piel para hacer tapados. Aquí lo que pasa es que la madre, en este caso vengo a ser yo, ha salido.
Ayer bajé a comprar algo al chino de enfrente, cuando llegué, una imorovisada reunión vecinal de 2 VECINOS se agolpaban en mi puerta, siendo sorpendidos criticándome.
CLARO, LA AZAFATA DEL 13. Soy perfecta para la crítica, no saludo a nadie, no voy a las reuniones, voy y vengo a cualquier hora y siempre estoy metiendo animales en mi casa, gatos sucios, perros medio podridos, y ahora ESTO! NO LO VAMOS A PERMITIR!
Me chupó un huevo, les dije que el perro está lastimado y que llora porque le duele, que si me tengo que ir a trabajar, me tengo que ir y entonces llora porque se siente mal. No pedí disculpas, solo lo llamé a Vento y lo dejé renguear adelante de sus miradas recriminadoras.
Lo siento, no puedo hacer nada al respecto por ahora. Y cerré mi puerta, una vez más.

Vento me mira con esos dos tarros de miel que tiene como ojos. Le pregunto: por qué lloras? Por qué la haces llorar a Ade? Yo salgo un ratito, no te voy a abandonar. Si estás en esta casa estás a salvo, no tengas miedo. Aprovechá para dormir, descansá. Tu vida de antes se terminó, no tenés que llorar más.
Y él me sigue mirando, como si entendiera todo pero no fuera capaz de dejar atrás lo que sea que le haya pasado.

Lo intentamos todo, pero las secuelas a veces son tan fuertes, que 5 años de amor no pueden con 5 meses de tortura. 
No importa, lo seguiremos intentando. Estoy segura de que Vento va a cerrar todos sus agujeros del corazón y que pronto va a saber que ahora es intocable.

Su herida del pecho está tan chica que parece un chiste. Ayer apareció otro gusano aplastado, tuve que escarbar con la pinza porque estaba muy adentro, su agujero está cerrándose tanto que casi no se puede ver adentro. Me da mucha satisfacción verlo, casi como si fuera algo hermoso, como la representación de un triunfo, como un trofeo, como algo muy genial.
Muestro las fotos de los agujeros de Vento en cumpleaños y en reuniones, todos quieren vomitar y yo me siento un ser de otro planeta intentando explicar que esa herida es un poema, que hay que valorar el cambio… todos miran hacia otro lado y me dicen que soy una asquerosa. Yo guardo el teléfono, como una fanática incomprendida; reservando esas fotos para otros locos enfermos y desquiciados como yo, que sepan apreciar el recorrido de cada nuevo centímetro de piel, de cada pelo nuevo, de cada mueca de felicidad en su rostro, de cada canción nocturna que el amoroso de Vento le regala al cielo por las noches.

Vento, día 17.

Breaking news.
Cuando volvió de la pensión, noté que Vento tenía una manchita de sangre en el vendaje del lado izquierdo del cuerpo. Cerca de la herida pero más arriba. Se la examiné un poco y decidí ponerle agua oxigenada, era como un cortecito: al día siguiente sangraba más. Cuando fui a limpiar encontré que la piel se rasgaba sola, al pasar la gasa, se abrió como una tela podrida. Empecé a ponerle curabichera por las dudas.
Siguió sangrando, él se intenta rascar con la pata de atrás.
Lo cambié de nuevo ayer y recién, después de subirles la foto de anoche, volví a abrir todas las vendas y examinar.
La herida sigue cerrando, claro está. Al sacar.la venda encuentro un gusano bastante gordito pero muerto, pegado a ella.
Al mirar la herida de costado, empiezo a escarbar con la pinza y saco dos gusanos.
Los hijos de re mil putas están saliendo por donde pueden, los estará matando el antibiótico y empiezan a romperlo todo para salir, cuando se asoman, ya están muertos.
Todos los dias lo limpio, lo escarbo, le tiro curabichera y le doy el antibiótico, pero es probable que Vents tenga gusanos vivos por dentro.
No tienen idea el odio que me da pensar en eso.
Mañana iremos a la veterinaria a ver si cambiamos el remedio o el plan de acción.
Les dejo fotos, los impresionables no las vean.


Hoy es el día 17 de Vento en casa.Por momentos tiene fiebre, llora sin aparente motivo, no puede dormir, no encuentra posición cómoda. Por momentos nos mira con amor, a Ade, a los gatos, a mí. Toda la casa parece estar hecha a su medida, hecha para él.
Si Vento ya encontró su hogar definitivo? No lo sé.
Hoy se está curando, hoy recién está empezando su curación. La herida puede estar a la mitad pero todavía falta saber si no tiene cientos de gusanos caminando por dentro. No hay apuro para Vento, él puede quedarse todo lo que necesite, nadie lo va a sacar a la fuerza de acá.
Hoy sigue siendo un tránsito, hoy somos su familia adoptiva, hoy lo estamos cuidando para que sea más fuerte y más bello y para enseñarle que esto que le pasó no le va a pasar nunca más.
Y mañana veremos cuál será el hogar definitivo de Vento, veremos qué es lo mejor para su corazón y para el nuestro.
Porque en el amor no hace falta apurarse, no hace falta decir mucho, no hace falta falta aclarar. Solo alcanza mirarse a los ojos y disfrutar de lo que se siente; porque lo que sucede, conviene.

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Brace for impact

(Pinche)
Hace unos meses me contactó una persona de un diario para proponerme tener un blog nuevo que dependiera de dicho diario. Dado lo masivo del medio, me pidió que el nuevo blog fuera apto para todo público, entiéndase por esto: cero puteadas, cero depresión, todos relatos muy arriba y muy divertidos que se desprendieran de la actividad aeronáutica. Dije que sí, contra todos los pronósticos, dije que sí. Ustedes quizás preguntarán por qué? La respuesta es más bien simple, porque sí, porque tengo ganas, porque quiero escribir y porque quiero que me lean.
De alguna manera oculta y retorcida, lograré que un porcentaje, aunque sea pequeño, de esos ATP migren hacia aquí, y aquí conozcan la verdad.
Bien, fue entonces que empecé a pensar en Brace for impact como nombre para el blog, fue entonces que empecé a investigar lo que Brace for impact significaba para mí, y fue entonces, aunque el diario rechazó el nombre, que descubrí que vivo bajo los términos y condiciones del Brace for impact.

Empecemos por el principio.
Imaginemos que estamos en un avión, ustedes y yo. Imaginemos que yo vengo sentada sola en el galley del Bravo Sierra Juliet, tomándome un té verde y leyendo un libro, mientras ustedes duermen en la cabina, mientras algunos de ustedes juegan con sus hijos, mientras otros de ustedes miran por la ventanilla hacia una noche oscura y fría.
Sin que Juliet me diga nada, sé que algo anda mal. Entro al cockpit sin que el capitán tenga que llamarme y les pregunto “Qué mierda pasa?”
-V vas a tener que preparar cabina. Tenés 15 minutos, nos vamos al agua.

Salgo del cockpit pálida, intentando recordar las 500 veces que lo practicamos, que lo actuamos, que nos dejamos la garganta gritando cosas que pensamos que nunca tendríamos que decir.
Me reúno con la tripulación y nos ponemos de acuerdo.
Ya sabemos que el aterrizaje va a ser en agua y va a ser fuerte, así que necesitamos que la cabina esté lo más ordenada posible , que la gente esté calma, que estén dispuestos a ayudarnos para ayudar a los demás. Empezamos con todo, y yo, que no sé rezar, yo que no he rezado nunca, invoco a la religión del avión. El Sierra Juliet está herido pero no está abatido, y aunque me duela verlo sangrar, sé que hemos salido de varias guerras y que está será solo una más. Nos quedan apenas 5 minutos, los pasajeros ya gritaron, ya lloraron, ya entraron en pánico y se volvieron a tranquilizar.
Todos estamos sentados con nuestros cinturones abrochados, si todos hacemos lo que tenemos que hacer, vamos a salir bien, vamos a estar bien.
Repaso en silencio la lista aquella que solía estar en cartoncito rojo, repaso las caras de mis compañeros, repaso cada asiento, cada bebé acostado sobre su mamá.
Es entonces que digo en voz muy, muy baja: “Juliet vos mantenete en una pieza, que yo me encargo de lo demás”.
30 segundos antes de tocar el agua se escucha al capitán decir “BRACE FOR IMPACT” y todos, absolutamente todos, asumimos nuestra posición de protección.
Cierro los ojos fuerte, muy fuerte, y puedo verme a mí misma protegiéndome de todo aquello que no es agua, que no es avión, que no es golpe, que no es muerte, que no es ficción.
Hace tantos años que me protejo del dolor que no he sabido asumir otra posición.
Lo siento, no puedo dejarme amar. Lo siento, no me puedo entregar. Lo siento, no sé como hacerlo. Tus ojos se me aparecen y es casi como si estuvieras en el avión conmigo. Tus ojos que son lo único que yo quiero ver desde que los vi por primera vez, tus ojos diciéndome todas esas cosas que dicen tus ojos, tus ojos pidiéndome que abra los míos, tus ojos y su posición de protección.
Abro los míos obedeciendo a los tuyos, pero no puedo escuchar absolutamente nada de lo que está ocurriendo a mi alrededor. En mi cabeza suena Dizzy moments y logro desatarme a tiempo, abrir las puertas y encontrarme con un tobogán que reza For Ditching Only; la gente sale, no escucho gritos, no escucho golpes, no escucho agua, no escucho muerte ni dolor. Todos están a salvo, todos están afuera, todos menos yo.
Parada con los pies mojados en el galley, miro las 28 filas del ser más hermoso que jamás se paró ante mí. Estás en una pieza temblando adelante mio, estás aguantando todo lo que pudiste, estás cumpliendo lo que prometiste, y se supone que ahora tengo que dejarte ir.
Me gritan desde abajo, desde afuera, me gritan con fuerza que salga, que me vaya, que me aleje de ahí.
Brace for impact significa protegerse antes del impacto, significa ponerte en el lugar que va a salvar tu vida, significa adoptar la posición que va a salvar tu cabeza y tu cuerpo del desastre total. Brace for impact significa estar a salvo, significa que estando a la defensiva vas a vivir mejor. Brace for impact significa que si estás preparado para el golpe entonces es probable que duela menos, que estés atento, que estés alerta, que no te distraigas jamás.
El Bravo Sierra Juliet es una gran ballena en el mar.
He sobrevivido el impacto, tengo mi cabeza sobre los hombros, no sangro, ni siquiera se han roto mis medias; he salvado a todos y cada uno de los que he tenido adelante y mañana los diarios hablarán de mí.
Es esto la gloria, Juliet?
Acaso tus alas nadando en esta agua fría y mi corazón en posición de impacto es lo que merecemos en esta vida?
Pensé en quedarme, pensé en cerrar todas las puertas y sentarme en la 1 Lima a mirar como las balsas se alejaban del avión. Sin embargo, te besé fuerte, te abracé con todo el amor que cubre mis poros y me arrojé al agua. Abrí los ojos mientras me hundía apenas y ví tu pancita luchando por quedarse ahí.
Desperté en mi cama a mediados de febrero, 2 horas antes de un vuelo, sabiendo que todo fue ficción.
Respiro profundo, respiro aliviada, insulto lo infinito de mi imaginación.
Estoy entera, seca y en una pieza sentada enfrente de este blog. He sobrevivido el impacto hace muchos, muchos años pero ahora no sé si bajarme del avión.
Brace for impact es el estilo de vida que llevo desde que tengo memoria. Me atajo de todos los buenos momentos, siempre me preparo para lo peor. Viene San Valentín y planeo una fiesta para todos los que no tienen amor, si me tienden una mano pienso que es para golpearme, si me acarician pienso que quieren algo a cambio, si me besan profundo calculo cuánto tiempo tardará en decaer.
Brace for impact es porque amé demasiado, brace for impact porque realmente quería creer.
Este escrito estaba destinado al nuevo blog ya que así habría sido el título del mismo pero, quienes me contactaron, pidieron que no utilizara este nombre por ser en inglés. Sigo buscando el título ideal para esta nueva etapa. La etapa en la que no insultaré tanto a todos, en la que no estaré tan oscura ni tan negada, la etapa en la que no asumiré mi posición de protección.
Cuando ese proyecto esté en el aire, estarán más que invitados a formar parte de él. Seguramente nos riamos de las maravillas de la aeronáutica, de las ocurrencias de las azafatas, de lo divertido de la religión del avión.
Y de vez en cuando, cuando no podamos más de fingir las sonrisas, entonces tendremos nuestro encuentro secreto FBO.
Si me ven abrazada, calladita y algo rara, no se preocupen, no se escapen.
Es sólo que el 2015 es el año del tercer impacto y aquí me ven, en posición de protección.

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Si Burton los viera

(Pinche)

Él es alto, morocho, flaco y tiene una risa que podría romper las vidrios de todas las catedrales que jamás pisaremos.
Ella es algo rubia, blanquísima y le gusta más estar seria que reír. Se llevan un poco más de 15 años y ustedes me preguntarán si se nota, cosa que no les voy a responder todavía.
Él juega las veinticuatro horas del día, no le gusta tomarse las cosas en serio porque cuando son en serio duelen más de lo que la esponjita hermosa de su corazón puede soportar. Ella lo reta con miradas amenazantes y a veces palabras con filo, intentando reprimir aunque sea un porcentaje mínimo de las pelotudeces que el necesita decir por minuto. Todos reímos de sus chistes pero ella no.
Ella se queja de que todo lo que está mal en el mundo es culpa de él. Él resiste, en estoico silencio, todos los ataques; se explica, se disculpa, vuelve a empezar. Pide perdón aunque sabe que no hizo nada malo. Ella llora muy seguido, permanece enojada, le soporta más de lo que creía que jamás le soportaría a alguien y no entiende por qué.
Él tiene historia; mirando hacia atrás, las elecciones le dejaron heridas dignas de un Jedi. De todas aquellas batallas, un pequeño con sus mismos ojos y su pasión por romper el molde, duerme en una camita en la habitación de al lado. Y ella, con sus pequeños veintialgo, le está ayudando a él a formar al que aseguro que será un gran hombre algún día. ¿Qué pequeña mujer haría eso de la magnífica manera en la que ella lo hace?
A ella le dieron la espalda cuando lo eligió a él, a ella le dijeron la única cosa que nadie le puede decir: lo que tiene que hacer. Ella hizo una pequeña valijita y se fue de su anterior vida, para mudarse a la vida de él. En esta nueva vida se haría lo que ella quisiera, porque así la vida es mejor.
Él habla de ella tantas maravillas cuando ella no está presente que si ella lo supiera… se amaría a sí misma tanto como la ama él.
Ella, de vez en cuando, baja la guardia y lo mira con unos ojos, que yo, que estoy recostada en el sillón de al lado, no puedo más que festejar.
¿Qué los une? Los une todo aquello que piensan que los quiere destruir. Los une la necesidad de ser mejor para el otro y de querer que el otro sea mejor. Los une la exigencia con el otro y consigo mismos. Los une el idioma musical con el que se hablan, con el que se miran cuando las armaduras quedan en el piso al fin. Y entonces ustedes preguntarán ¿Se nota la diferencia de edad? Y yo les respondo que estos dos se encuentran a mitad de camino en la edad más perfecta que se pueda tener, que es la edad que tiene la persona que amás.

Me gusta tanto mirarlos. Me gusta que se admiren tanto y no se den cuenta. Me gusta que sean los dos tan sensibles y jueguen a ser duros. Me gustan sus peleas de perro y gato. Pero lo que más me gusta de Paco y de Dana es que, cuando los miro hacer algo juntos, vuelvo a creer en el amor.