LadyGagaLanaDelReyBeef
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Mis niñas y yo.

(Pinche)

He vuelto a casa.
El viaje quedó atrás y con él se fueron la playa, la música, las caminatas y la paz.
Miro mis sillones desordenados, las mantas arrugadas, los platos sin lavar, la ropa que no se seca por esta constante lluvia.
He vuelto a mis animales, mi uniforme, las postas, los aviones. He vuelto a mi análisis, a mis viejas canciones.
He vuelto a mi vida, claro. Como era de esperarse.

Abro la puerta de mi casa con una desconfianza conocida, miro todos los objetos que la conforman. Todo está exactamente igual. Con el ceño fruncido analizo cada habitación, el olor, la mugre, el caos.
Es éste mi hogar?
Es éste el lugar en el que quiero estar?
Oh por Dios, ha vuelto a empezar.

Tengo la maldita costumbre de cuestionar hasta las leyes más simples de la naturaleza.
Todo es analizado, todo debe demostrar su inocencia si quiere permanecer. Todo debe pasar pruebas, hacer esfuerzos, ganar su lugar.
Acostada en una cama que no parece mía, tomando de tazas que se sienten ajenas, mirando una tele que no comprendo bien. De piernas cruzadas bajo el escritorio que compré para terminar mi libro, miro lo que me rodea intentando reconocerlo.

Piso la plataforma a las 5 de la mañana y allí está él.
Charlie Quebec Sierra.
Buenos días, digo.
Me deja subir. Subo sus luces, abro las puertas, guardo mis cosas, lo reviso de punta a punta.
Él también desconfía de mí.
En la mitad del primer vuelo me acerco a la mesa que se esconde enfrente de mi jumpseat.
El dibujo tallado de un avión sigue ahí, como hace meses, como más de un año cuando lo descubrí. Para quienes no lo sepan, en esa mesa, una muesquita provocada quizás por un golpe, dejó la forma de un avión, una forma como esas de los nudos de los techos de madera, como la de las manchas en un papel. Ese pequeño avión, sigue ahí.
De modo que sos vos, le digo.
No responde. Continúa en silencio, atravesando los cielos, dejándome dudar.
Me paro, camino, me hago un té.

Qué le pasa a la religión del avión? pregunto bajo la work light del galley fwd.
La luz natural que entraba por las ventanitas se apaga, la cabina se oscurece, el avión corcovea un poco y se vuelca mi té. La señal de cinturones en encendida al mismo tiempo que logro agarrarme con mis dos manos a la manija de sujeción y el mamparo. Sacudón de aquellos. Lo que los inexpertos de la aviación llamarían caída libre.
Los pasajeros gritan. Mis compañeros en el galley de atrás se aseguran, el capitán me llama por el interphone.
Yo me sujeto con mis dos manos esperando una respuesta un poco más concreta.
Querido Québec Sierra, no evadas mi pregunta, no le temo a las turbulencias.
Me sacude más y más. Los pasajeros vomitan en mil colores, los baños se salen de lugar, las valijas bailan una sensation black en los overhead compartments, los niños están pálidos, las embarazadas tocan sus panzas, los viejitos hacen la señal de la cruz.
Me pongo de pie e intento llegar a mi asiento para atarme.
Pero el Quebec Sierra no va a dejarme hacerlo ésta vez. Si me suelto durante un solo segundo, probablemente mi cabeza se estrelle contra alguna parte estructural de su maldito cerebro.
Me quedo con los ojos cerrados y los puños fuertes, los pies bien apoyados, las rodillas abiertas y el estómago apretado. Pero el Quebec Sierra sigue bailando su baile de no creer, su rutina de los cielos, su ritual de poder.

Moriremos aquí y ahora?
Estallaremos en el aire?
Caeremos en donde nadie nos encuentre jamás?
Seremos presos de un plan macabro? Abducidos por ovnis? Desviados a tierras desconocidas? Seremos víctimas de otro juego político, económico, militar?
O será tan solo el cielo, sus nubes, las tormentas, los rayos… la maldita religión del avión?
Acaso estamos a punto de morir?
Entonces escucho su voz.
Por primera vez, escucho la grave voz del Charlie Quebec Sierra, suena mucho más profunda y experimentada que la del Sierra Juliet, suena más seria, más reflexiva y más segura.
“Siempre estamos a punto de morir, todo el tiempo, todos los días”
“Después de todo, qué hay de malo en morir?” retruca.
HAY DE TODO MALO EN MORIR, digo lo más fuerte que puedo decir sin que me escuchen los pasajeros de la fila 1 detrás de mi cortina impenetrable.
Me muerdo la lengua con un sacudón y casi caigo al piso, me golpeo la rodilla con un carro que está guardado, me mojo las medias con el té volcado, se me engancha el rodete en el ganchito del top y quedo con la cabeza hacia atrás como si alguien me estuviera sujetando y sometiendo.
El Charlie Quebec Sierra me está sometiendo, me está entrenando, me está sacando el miedo a morir.
Tan solo dos lágrimas me recorren la cara cuando lo escucho decir:
“Querida mía, prefiero que le tengas miedo a la muerte, antes que le tengas miedo a vivir”.
Y dicho esto la luz vuelve a entrar por las ventanas, el empedrado desaparece y volvemos a deslizarnos como si fuera algo natural. La señal de cinturones se apaga, los pasajeros suspiran, los niños lloran y aplauden y yo miro mis medias mojadas, mi maquillaje corrido, mi mueca del mal.

Somos mucho más que mujeres sirviéndoles su café. Somos mucho más que la mujer que se va de casa el fin de semana mientras la casa se llena de otras mujeres. Somos mucho más que nuestro uniforme desnudo reposando en una habitación ajena porque la señora oficial no está. Somos más que sus mucamas, sus putas, sus madres, sus hijas, sus primas, sus medios para justificar todo aquello que nos arrojan y no sabemos rechazar.
Y sí, nos ofende que nos digan las ordinarieces, las imbecilidades, las estupideces que nos dicen.
A MI ME OFENDE, Y NO POR PURITANA Y MENOS POR PELOTUDA. Me ofende que sean tan vacíos, tan básicos, tan obvios, ustedes, sus pijas, su dinero, su poder, su maldita cucharita cuando llueve, sus espermas bostezando aburridos, su regalo de aniversario, sus efímeras fotos abrazados en las vacaciones, sus favores, sus destornilladores, sus autos lujosos, sus brazos trabajados, su cena lista para servir.
Tenemos la bendición y el martirio de tener este trabajo sexista y demoledor. Jugamos sus juegos, bajamos la cabeza, callamos, permitimos, repetimos… les dejamos creer que nos han lavado la cabeza, que nos convencieron de que somos idiotas, de que manejan mejor que nosotros y nosotras lavamos mejor que ustedes; de que nosotras debemos estar depiladas y limpias y ustedes pueden estar peludos y sucios; nosotras cuidaremos de sus hijos y ustedes nos darán un cheque, el cual deberemos reclamar durante semanas mientras una señorita más joven gasta el doble del importe en un pedazo de bife jugoso en Kansas a cambio del más medieval sexo anal.
Lo siento, pido disculpas, ya no puedo ser la que fui.
No puedo mirar hacia otro lado, desproteger a mis niñas y seguir pidiendo permiso para vivir.
Mis niñas y yo hoy decimos que no.
Y no sabemos cuánto tiempo más tendremos las fuerzas, tendremos las ganas, tendremos este poder.
Así que escuche esto atentamente, mundo.
Escuchen atentos y no nos hagan repetir.
No vivimos pendientes de chupar sus pijas, lavar sus ropas, criar sus hijos, ver sus programas, reír de sus chistes, visitar sus parientes, calentar su comida, estar listas para salir, no debemos ser más flacas por ustedes, no necesitamos que nos pasen a buscar, no necesitamos sus regalos, su dinero, su falsa seguridad.
Nosotras no somos sus putas.

No somos las putas de nadie.
No, señor.

Mis niñas y yo hemos salido hoy a volar.
Nos hemos mirado a los ojos sin decirnos nada, entendiendo que nos queda mucho por enfrentar.
Hemos hecho nuestro trabajo en silencio, lo hemos respetado, lo hemos disfrutado, y estamos volviendo a casa.

Al abrir la puerta, mis sillones me reciben con su hermoso olor a hogar.
Mis animales me acarician, mi cama me invita una siesta, mis canciones me envuelven, me regalan todo lo que necesito escuchar.
Todas nosotras tenemos muchos motivos para disfrutar, muchos para reír.
Porque mis niñas y yo, no le tenemos miedo a vivir.

La piedra

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Llevo años preparándome para ésta excursión.
Todo lo que pasó, pasó para que yo evolucionara y llegara a éste lugar en el que estoy hoy.
Me adentro en el bosque con mi equipo de objetos preciosos, con la mente clara y los objetivos bien puestos. No voy a parar hasta encontrarla.
Encontrar la piedra es el único motivo que me queda para ser feliz. Sé que la voy a encontrar.
Pasé semanas dentro del bosque. Pasé miedo por las noches, se mojó mi refugio, me atacaron animales, me quedé sin provisiones.
Estoy deteriorada y cansada, estoy lastimada y desganada, afligida, desmotivada, pero no vencida.
En cuanto amanezca, voy a salir una vez más.
Encontré varias piedras con las que pude haberme confundido, pero luego de analizarlas, supe que no eran la indicada, no eran la correcta.
Estuve a punto de retirarme después de mi pelea con el último animal que me atacó. Fui desangrándome desde el río hasta la base de un árbol cuyas raíces me sirvieron para descansar. Me vendé la herida con un pedazo de tela y miré el cielo recortado por las ramas espesas.
Me refregué los ojos, tenía la frente afiebrada, transpirada y pegajosa de sangre.
Me largué a llorar. Dónde diablos está la piedra? Grité sin escuchar mi eco, grité un grito de niña pequeña, sin coraje, sin fuerza, sin determinación.
Recogí mis cosas y volví por donde había venido. Me dí por vencida y decidí volver a casa y volver a empezar. Empezar de cero.
En el camino me perdí, con los ojos llenos de lágrimas y la lluvia goteando de mi pelo, todos los caminos se veían iguales, me perdí una y otra vez hasta caer rendida en el piso.
Antes de que anocheciera, algo me despertó. Un sonido, un animal, el viento, no lo sé.
Me levanté y me puse a andar, deseando que todo terminara de una vez.
Y entonces la vi.
La piedra.
Lloré de alegría, bailé a su alrededor, le canté al cielo y a la tierra, me reí con fuerza y ganas, mis heridas parecían no ser nada.
Allí estaba la piedra.
Podría reconocerla entre cientos de ellas, podría olerla con los ojos cerrados.
Era ella, estaba ahí.
La envolví en mi camisa y la llevé hasta un bello lugar. La puse donde no le daba el sol, donde no se mojaba, donde nada la podía dañar.
Me fui al río, me bañé, me peiné, limpié mis heridas, até mi pelo, acomodé mi ropa y volví a verla.
Allí estaba ella.
Caminé directo hacia donde se encontraba mi piedra.
Cerré los ojos con la seguridad de estar haciendo lo correcto, no frené la marcha, no me acobardé ante nada, mi piedra me esperaba.

En línea recta me dirigí hasta donde estaba y en cuánto mi pie logró tocarla, volví a tropezar con ella.

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Estuve drogada en tu velorio porque vos estuviste drogado toda mi vida.

(Pinche)

Solo quisiera compartirles algunas cosas de la última entrada que tendrá el libro vulgar.
Pero… cómo hacerlo? Qué poner? Como no spoilear?

El libro se está terminando, falta tan poco que ya siento la nostalgia de todo aquello que tiene final.
Aún cuando conozca cómo termina, aún cuando soy yo la que lo escribo, aún cuando sé que tengo todo por delante y que ésto no es nada más que comenzar.
Este libro es el proyecto más grande que he tenido en mi vida.
Este libro es, probablemente, el único proyecto que he tenido en mi vida.
Esta noche decidí no caretearlo, no esconderlo, no tapar la rebelión de toda esta vulgaridad.
Vamos, si todos queremos decir las cosas tal cual son. Si nos morimos de ganas de dejar de fingir, de ocultar, de mentir… si nos morimos de ganas de largarnos a llorar, de gritarle a los otros, de escondernos bajo la almohada, de dejarnos amar.
Si nos morimos de ganas de amar.

Si después de todo, para lo único que se viene a este mundo es para aprender a amar.
Todo lo demás, es el relleno.

Este libro no trata de aviones, no trata de azafatas, de pilotos, de perros, de gatos, de hoteles, de caviar.
Este libro se trata de lo difícil, de lo imposible, de lo incontrolable y duro que es amar.
Habrá quienes sepan entenderlo y lo sientan, habrá quienes se queden en lo superficial.
Pero, si quieren hacer el esfuerzo, les pido que tomen con cariño al libro vulgar,
Tomándolo me tendrán en sus manos, tomándolo tendrán un pedazo de sí mismos, tomándolo habrán puesto en jaque todo aquello que no es real.
Tomándolo tendrán en sus manos un pedazo de una historia real.

Vengo de una seguidilla de eventos difíciles, mi manera de escribir cambió y tengo que esforzarme mucho para hacerlos reír. Yo sé que les gusta reír, casi puedo verlos en su casa, con el teléfono y la computadora adelante, riendo solos, o adelante de alguien que los mira como si estuvieran locos, alguien que no sabe lo que es el blog vulgar.
Casi puedo verlos y amarlos, casi puedo abrazarlos y agradecerles toda esta compañía, todo este apoyo, toda esta realidad.
Gracias por la paciencia, gracias por jugar los juegos, gracias por imaginar.
Estos últimos tiempos han sido difíciles y pasaron muchas cosas a las que me tuve que adaptar.
Tengo que aceptar que no me estuve adaptando muy bien.
La muerte es la única cosa de la vida que nos enseña lo que en realidad es la vida.
Y al ser la única cosa que no tiene remedio, nos deja un poco desprotegidos, un poco UMs, un poco solos, un poco mal.

En el momento en el que llegó la primera muerte, decidí que no me podía afectar.
Sabía que el mundo podía comerme entera, que podía tragarme cruda y sin masticar, así que decidí patearlo, no entenderlo, no pensarlo, no vivirlo y no llorar.
Decidí, simplemente, que no había pasado y que no podía pasar.
Pero, al llegar la segunda muerte, no hubo manera de escapar.
Los invisibles se hicieron presentes con cartas como las de Hogwarts, entraban por las ventanas y las chimeneas, entraban con búhos, con wrecking balls, con bombas, con los yankis diciendo que atacaban porque en realidad tratan de defender.
Y no tuve más remedio que dejarlos entrar.
Y adiós adiós a mi mundo vulgar.
Todo se tiñó de tristeza, porque la segunda muerte trajo la primera a tomar el té.
Me había recogido el pelo, había sacado el juego de tazas importado, había cambiado el mantel.
Los tres nos sentamos y tomamos en silencio, sin mirarnos, sin ladrar.
Yo tomé mi té verde sin derramar una lágrima, intentando demostrar que sabía no llorar.
Muy corteses los tres, mantuvimos la cordialidad hasta el final, pero cuando los acompañé a la puerta me temblaron las rodillas, se doblaron hacia adentro, y supe que no podría fingir más.
Nos abrazamos de una forma cálida y hermosa. Nos encontramos en un lugar donde hijos son padres, y padres son hijos, donde perros son padres y padres son perros, y los perros son hijos, y los hijos son perros. Nos abrazamos en un lugar donde todos somos los hijos, los padres y los perros de alguien.
Entonces pude llorar.
Entonces, en Enero del 2012 pude llorar, y no he parado desde entonces. No he podido parar.

Estuve drogada en tu velorio porque vos estuviste drogado toda mi vida.
Qué querés que te diga?
Que me da culpa? Pues no me da.
Bien contenta me pone haberte despedido como correspondía.
Bien contenta me pone haber sabido aprovechar tu estadía, haber aprendido tus lecciones, haberme evadido mientras podía.
Pensé que tenía que sentirme culpable por haber estado bailando mientras vos te morías, pues no.
Porque muchas veces, yo era chiquita y mientras me moría, vos bailabas y te reías.
La vida es desprolija, hoy lo sé.
Hoy lo sé, pero antes no lo sabía.
Y tengo que venirme a miles de kilómetros a este país del orto a poder aceptar en un blog cuánto te quería, cuánto me hacés falta y qué cosa no daría por verte una vez más.

Mi vida sigue.
Y ha llegado mi momento de elegir.
Lamentablemente, debido a las grandes incongruencias y los grandes traumas, debido a los faltantes, a los pilares inexistentes, a los modelos truncos y los miedos reinantes, me cuesta elegir bien.
Así que voy a hacerlo tranquila y por partes, voy a hacerlo lúcida, voy a hacerlo constante.
Voy a hacerlo sin ustedes, porque se han ido y voy a hacerlo con ustedes, porque han existido.

Pero voy a hacerlo, sin dudas, voy a hacerlo.

Gracias por haber venido hasta acá.
Estamos llegando casi al final.
Recíbanme con la mente fresca y la puerta abierta, porque conmigo traigo una fiesta, traigo las luces, traigo confetti, traigo mucho cotillón.
Recíbanme sin miedo y con ganas, porque si me dejan entrar de verdad, dejan entrar una revolución.

Me despido de ustedes hasta dentro de unos días.
Quiero que sepan que Los Angeles no tiene este nombre en vano.
Gracias, Los Angeles.

Gracias a ustedes, los de la religión del avión.

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Me odia, pero yo la odio más.

(Pinche)
Pasé 2 días más en el Hotel Pagoda del barrio Chino.
El primero lo pasé paseando por Los Angeles downtown, una suerte de zona céntrica y ejecutiva, con grandes edificios espejados, restaurantes y algunas tiendas de joyas. Me comí un burrito un poco desabrido y compré un chip de celular yanki, para poder tener internet en el teléfono sin depender de la gracia de las wifi sin candadito.
Con el google map me moví a todos lados, tomé colectivos, trenes y pude ubicar todo lo que quería.
A la noche tenía pensado salir, pero volví demasiado tarde después de esperar un taxi casi una hora en una esquina, pasando bastante frío por no tener campera.
El último día en Chinatown decidí irme un poco más lejos. Camino a la estación de tren, me encontré con un pasillito que llevaba a un pabellón gigante. Seguí a todos los chinos que iban ciegamente como fila de hormiguitas hacia una entrada minúscula. Subí dos escaloncitos y allí estaba, una little China se escondía ahí. Un mercado del estilo de la salada, puestos con diez mil cosas colgando, llaveros, mochilas, bolsos, bombachas, piedras verdes, muñecos feos, sandías, monedas, budas y sopa.
Salí con una mochila nueva bastante fea: tela verde militar con muchos bolsillos y un compartimento interno para la compu, útil y necesaria. Metí todo en la mochila, el bolso que traía y la pc.
Adquirí la tarjeta para viajes en tren y metro bus, que no me acuerdo el nombre pero se los averiguo. Un dólar la tarjeta y le cargás lo que querés, yo le puse un pase por un día y me fui a Hollywood Highland.
Subí por la escalera mecánica sin esperar nada especial, y allí estaba. El walk of fame.
No me puedo explayar demasiado porque en realidad no visité mucho, necesitaba aprovechar el día para escribir y editar, así que después de dar unas vueltas, me metí en un restaurante, pedí una hamburguesa con papas, una lata de coca y me puse a hacerlo.
Volví a Chinatown antes de que se hiciera de noche, me bañé, me tiré en la cama y llamé a un club llamado Exchange LA, ubicado en el downtown, donde esa noche se presentaba un dj muy bueno.
La chica que me atendió se sorprendió un poco de que quisiera ir sola, así que me anotó en una lista para pasar sin cargo. No entienden algunas personas que las mejores cosas ocurren estando solo, que se yo, como sacarse los pelos con una pincita al sol, hacerse la paja, o llorar con videos de perritos bebés.
Clavé unas plataformas que me acababa de comprar en el Forever de Hollywood Boulevard y a las 22.30 local time estaba en la puerta del club. Entré sin cola, inspeccioné el lugar y elegí el punto en el que me quedaría toda la noche.
Con el teléfono en la mano, rogando que la batería me dure toda la noche para poder pedir un taxi a la salida, me apoyé sobre una columna en el extremo izquierdo de la barra, mirando la cabina.
Con los ojos entre cerrados analicé las botellas, no reconocía muchas. Ah si! Bombay! Bacardi, Jameson, cervezas varias. Si, todo muy bien, dónde está el Jäger? No jodamos.
Finalmente me animé a preguntar. EL barman me lo sirvió solo y con mucho hielo, en un vaso de whisky de boca ancha y detalles en la base, pero de plástico. Muy lindo, me lo hubiera llevado, eran descartables, pero me sentía muy Moni Argento, de todas maneras, para cuando estaba terminando el cuarto vaso ya no me acordaba de nada.
Volví en un taxi que encontré en la puerta luego de comprar un sanguche de pollo con verduras en un kiosco. Me lo comí en la cama, en pijama, haciendo migas y jugando al twitter.
Lamentablemente, hay gente que tiene algunos archivos de sonido grabados en ese momento en los que no se me escucha muy sobria.

Me desperté cerca de las 10.30 de la mañana porque el despertador no paraba de sonar.
Resaca.
A las 12 tenía que dejar la habitación y tenía el típico caos ebrio de la noche anterior. Ropa tirada, maquillajes, carteras, pedazos de sanguche, toallas colgadas de picaportes, cables, cables, folletos, ganchitos de pelo, paquetes de galletitas, latitas vacías, corpiño, zapatos, botas. No suelo ser muy desordenada y menos en los hoteles, pero el Pagoda sacó lo peor de mí.
A las 12.10 estaba entregando la llave, bañada, con todo guardado y la habitación impecable. Suelo dejar las toallas todas juntas, la basura dentro del tacho, cerrada, la cama estirada y los papeles y carteles del hotel todos juntitos en una esquina, para que los puedan volver a usar.

Afuera brishaba el sol como la concha de la madre.
Compré unos adornos en locales de la calle en Chinatown y me despedí del barrio.
Tren a Highland de nuevo, cuatro cuadras hacia arriba y llegué a mi nuevo hotel. Holiday Inn Express Walk Of Fame, tremendo nombre le pusieron.
Muy lindo, como un Holiday Inn pero sin los detalles costosos, digamos, los detalles al pedo.
Cosas copadas? La cercanía con la zona del Walk of Fame, el wifi, las máquinas de hielo y de latitas de coca, el laundry para usar con monedas, BAÑERA, caja de seguridad, (la mía no funciona pero bueno) la pileta, el gimnasio, (el cuál no pienso pisar) la zona de computadoras e impresora (que no te deja imprimir word ni tampoco hacer un ctrl P) y el desayuno obeso hasta las 9.30 am.
Descansé, me bañé y salí a caminar con la compu en la mochila. Algunas fotos lindas después, me metí en un Hooters. No saben lo buenas que estaban esas pibas, se me salían los ojos como al lobo de los dibujitos. Lo peor es que había grupos de tipos, los auténticos yankis gordos que van a ver el partido de football y tomar cerveza, y ni las miraban. Qué sociedad de mierda somos nosotros, nos muestran dos tetas y un culo y me tenés ahí toda desconcentrada cada vez que pasa alguna. Finalmente, pude desistir de toda esa carne y me puse a escribir. Me vinieron a preguntar varias veces si quería algo más, si estaba todo bien, si quería lo que me había sobrado para llevar, si quería que me retiraran, si quería refill, si quería postre, pero fuera de lo quemadoras que son y de que cada 15 minutos pasaba una distinta y firmaba en una planillita que me habían dejado en la mesa, eran un amor.
Escribí, acomodé, leí. Fue productivo. Cuando salí era de noche, siendo las 20 hs. ya había almorzado y cenado en esa comida, así que me fui a una licorería y me compré una botella pequeña de Jäger que me reservo para mi última noche en LA.
Volví a la cama y tuve la primer buena idea de estas vacaciones.
Después de mucho resistirme a la idea de organizar el libro en capítulos, VOY A ORGANIZAR EL LIBRO EN CAPÍTULOS. Por ahora son 7. El prólogo y 7 capítulos. Ya están escritos los títulos y ya están las entradas correspondientes en cada uno de ellos. Tengo una carpeta en la que hay entradas que todavía no sé dónde poner, o ni siquiera sé si van a estar. Me falta ponerlas en orden para generar el clima en cada capítulo. Me faltan algunas entradas nuevas que unan a las viejas entre sí, dándole coherencia al paso entre una y otra. Cuando termine eso puedo dar por concluida la misión de estas vacaciones. En Buenos Aires me quedará la tarea de editar entrada por entrada, una por una, hasta la perfección. Y después de eso Ctrl Print.

La mañana del 17 fue hermosa. Lindos días aquí en Hollywood. Tomé sol, caminé, saqué muchas fotos y me metí a almorzar/cenar en el Hard Rock Café.
Lugar: hermoso
Música: genial
Comida: muy buena
Atención: POR FAVOR LA RE CONCHA DE TU MADRE PODES DEJARME EN PAZ!???
La CANTIDAD DE VECES que vino en UNA HORA la camarera a preguntarme cosas, no se las puedo explicar. Me senté a las 5.30 de la tarde, se sentó en la mesa con su timbre chillón a charlarme de la vida, preguntarme cómo estaba, cómo me sentía y no es broma. Me contó que era Saint Patrick y si quería festejarlo con algunas de sus cuarenta y tres mil opciones de… LA CORTÉ CON UN SIMPLE “I DON´T LIKE BEER THANK YOU”. Me ofreció quinientas otras bebidas ,”Just Diet coke, Thank you” Se fue, volvió, me trajo la coca. Me preguntó si necesitaba ayuda con el menú, porque unos minutos antes cuando empezó a contarme la historia de cómo San Patricio se afeitaba con espuma las bolas, le dije que me disculpara pero que no hablaba mucho inglés, nada más que para que se fuera. Entiendo que por ese motivo pensó que no podía entender el menú y que le iba a pedir como hombre de las cavernas.
Le pedí un mac with cheese and chicken porque no me había decidido y su presencia al lado mío me presionaba tanto que lo primero que vi, ahi nomás lo elegí. Se fue y volvió dos veces más hasta que trajo la comida, para avisarme que ya venía y para ver si estaba todo bien.
EL NIVEL DE SEQUEDAD VAGINAL QUE TENÍA EN ESE MOMENTO ESTABA PROVOCÁNDOME UN PARO CARDÍACO pero lo seguí soportando un rato más.
Llegaron los fideos.
Imagínense la escena. Yo, sentada, con la netbook abierta y el word, con MOUSE y MOUSEPAD, onda, ME CHUPA UN HUEVO TU GLAMOUR, con el vaso de coca gigante y comiendo fideos sin mirar el plato. La tarada esta viene y me pregunta si le quiero poner un wouldyouliketotrysomesiuperwillichispikiwikigüeliserant whit your macandchis?

Eh?

IFYULIKETOTRYSOMEOFOURNIUSUEKEREQUENTCHIKIMILIRELISERANT?

Uy flaca te pego.

Me toqué la cara, juro que no quise, pero ya quería que entendiera que estábamos bien así, que si quiero que me chupen el agujero del ano me voy dos cuadras más hacia Constitución, que vivo cerca, que no me voy a venir HASTA ACÁ A LA CONCHA DE LA LORA.

“It´s OK thank you Honey”.
Sonríe y se va.
(Me odia, pero yo la odio más)

Mientras me comía los fideos vino dos veces más.
Quería saber IT´S EVERYTHING OK FOR YOU? y IT´S EVERYTHING OK FOR YOU? de nuevo, por si en el medio entre un fideo y otro EN UNA DE ESAS, se me había dado de golpe por probar el wikiguiliserrant o cagarla bien a trompadas.

Terminé de comer. Escribir? un poco. El odio que tenía era tal que no me podía ni concentrar. La gente de la banda empezó a tocar una versión medio chill, medio reggae de Karma Police y eso me hizo muy feliz.
Con el último fideo en la boca me retiró el plato y me preguntó si quería un postre.
Le dije que en un ratito, más tarde, y casi sin mirarla me sumergí en la pantalla. Clavé la compu BIEN ENFRENTE MÍO, onda NO TE METÁS MÁS, y la ignoré.
Acomodé un par de cosas, arrastré words de una carpeta hacia otra y me gustó, “Si tan solo me dieran una hora o dos horas más, termino” pensé, pero ella quiso saber si yo quería CAFÉ.

Dios, Café me ofrece.
Por favor, llevátela. Que cambie de turno, que cambie de mesas, que le dé diarrea al perro, le avisen por teléfono y pida de irse, que la agarre un compañero y le pegue una cogida en la cocina, no sé, que se desmaye, que se muera, pero SÁQUENLA DE ACÁ!!
Mi última cara ya no fue muy amigable, ya no le sonreía ni le decía “Thank you”.
Empecé a pensar que le molestaba que estuviera ahí, que necesitaba la mesa, pero me doy vuelta y el lugar estaba vacío. 10 % de mesas ocupadas.
No entendía nada. Yo estaba arregladita, bien vestida, no molestaba para nada, ya había comido, estaba con mi mini pc ahí en una mesa de frente a la cocina, en silencio, sudaca sí, pero en silencio, por qué habría de molestar? O es que son tan serviciales que no saben cuándo detenerse?

Seguí en lo mío unos minutos más cuando con mi visión periférica veo que se acerca.
Escucho la música de tiburón en mi oído interno.
Se para al lado mío, abre la sonrisa grande y me dice:
Y ESCUCHEN ESTO

“Are you ready for the check, now?”

Con un movimiento lento de la cabeza, lentísimo, miro a mi alrededor, buscando a alguien que me explique ALGO.
La miro seria unos segundos y, así, seria, le digo “YES, PLEASE”, y me doy vuelta, en un suspiro mortal, a abrir la mochila y sacar la billetera.
Ella se da cuenta de su error y empieza a querer retractarse.
“I mean, not now, whenever you need, I just… when it´s ok for you…” con esa voz PENETRANTE, con ese TIMBRE AGUDO, que es algo que no soporto ni de las yankis ni de ninguna mujer.
La muy conchuda saca la cuenta que tenía PREPARADA en el delantal, y me la da, con una sonrisa GIGANTE y escondiendo cara de culpa.
La cuenta decía 22.40 toda adornada con corazoncitos y poronguitas celestiales.
Le doy 40 y me pregunta “Do you need change?”

YES CONCHUDA, I NEED CHANGE, MIRA SI TE VOY A DEJAR CASI 20 DÓLARES DE PROPINA DESPUÉS DE QUE ME SECASTE LA CONCHA DURANTE 65 MINUTOS Y ACTO SEGUIDO ME ECHASTE.

“Yes, please”, digo.
Vino con el cambio, me recomendó dar el tour por las guitars de la siuper truper cheicon of de costumes of de virtins of de parrot y se fue toda feliz.

Salí con un humor que no les puedo explicar.
Caminé unas cuadras, compré unos regalos y me volví al hotel.
A las 20.30, pijama puesto, en la cama, con la compu encima, ya estaba para dormir.
Pero claro, me sentía miserable. Me sentía sola, lejos, improductiva, vacía. Esa pequeña mujer me había chupado las energías, me había despojado de mi alma como un Dementor, y ahora no había vuelta atrás.
Así que agarré mis escritos viejos y los empecé a leer.
Leer, música y leer. Llorar, leer, música y llorar leyendo.
Los disparadores pueden ser tantos, pueden ser tan tontos. Un disparador es una petisa con voz finita, rompiéndote las bolas en un bar.
A las 12 me dormí.

Hoy es mi último día en LA.

Me vino.
Quiero agradecer a Dios por los Rolls de Canela y el Ponstil Forte.
Tengan paciencia, todavía queda lo peor.