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La mala de Disney.

Adela duerme mientras yo escucho a Parov y trato de ordenar las ideas para escribir este post. Afuera llueve.
Hace unos días, un blog amigo contó una situación de demoras en el aeropuerto de Ezeiza y la reacción de los pasajeros ante estas contingencias.
Mi idea es que vivan el otro lado de la incomodidad de las demoras o cancelaciones. No quiero enseñar, ni justificar, ni dar pena, sólo compartir nuestro lado de la historia y que todos sepamos más del otro.

Ir en avión a los lugares a los que uno tiene que ir tiene muchas ventajas. Llegamos rápido, nos tratan bien, vamos “cómodos”, genial. Se le pueden sumar algunos items más de disfrute cuando uno posee la religión de avión, pero esa es otra historia.
Así como bella, la aeronáutica es como la mala de Disney, traicionera e incierta, misteriosa, impredecible y garca. Y siempre terminamos enojados con ella.
La cantidad de motivos por los que un vuelo se puede demorar o cancelar…son innumerables, son tantos, tantísimos, técnica del avión o problemas de mantenimiento, enfermedad, incapacidad o vencimiento de tripulación, meteorología: lluvias, tormentas, nieve, cenizas de volcán, paro de controladores aéreos, paro de personal de rampa, de maleteros, asambleas de personal interno de la empresa o ajeno a la empresa pero que colabore con la misma, ya sea los nombrados anteriormente o catering, transporte, señaleros, uff puedo seguir, lluvia considerable que no permita cargar combustible, falta de equipo terrestre para poner en marcha el avión cuando este no tenga APU propio…

En lo que vamos a enfocarnos hoy para aquellos que no lo sepan, es en los problemas de mantenimiento del avión.
Hay algo maravilloso llamado MEL, que es la biblia de nuestro avión.
La MEL es una lista que indica todos los items que NO pueden estar rotos al momento de iniciar una navegación. Si se rompe una cosa, por más mínima que sea, ya sea en la cabina, en el cockpit, en la parte externa, en el baño, en el galley o en una alfombra, se debe consultar la lista MEL. Si la lista dice que éste item no es MEL, se sale sin problema como si no pasara nada. Si el ítem está a mitad de camino hablando de importancia, se difiere y se tiene un tiempo corto para arreglarlo; ahora, si la lista dice que Sí, entonces cagamos. O se arregla en el momento o el avión queda NO GO. Como yo quedo muchas veces después de los vuelos.
¿Quién decide qué cosa se rompe y en qué momento? ¿Quién decide si lo que se rompe es MEL o NO MEL?
¿Lo decide la empresa, lo deciden los tripulantes, lo decide el avión?

NO LO DECIDE NADIE, LAS COSAS SE ROMPEN.

Entonces, si es una luz de lectura, la traba de un carro, el respaldo de un asiento, el audio de una fila, una luz de exit marker, el botón de flush, el boiler, los jumpseats, el sistema de detección de fuego en bodega, la logo light, el interphone de atrás, o un álabe… para todos los casos es igual, se revisa la lista y así se decide el destino de todas las almas que debieran ser transportadas ese día, en esa matrícula, en ese exacto momento.
Muchas veces la vida es tan puta que en el momento de llegar al avión, uno encuentra la cosa rota ahí nomás, haciendo el chequeo. Ese es el motivo por el cuál el pasajero se entera cuando llega al aeropuerto, mientras putea a todo lo que camina y le pregunta a los agentes de tráfico ¿¿¡¡CÓMO NO SE DIERON CUENTA ANTES!??? CÓMO SE DAN CUENTA AHORAA!!?
Señora nos damos cuenta ahora porque los tripulantes llegan al aeropuerto una hora antes del vuelo y chequean el avión que ACABA de aterrizar, encuentran la falla, la comunican, mantenimiento sube, hace sus propios chequeos y lo intenta arreglar. Si la falla persiste, y el item NO es Mel, sale el avión. Si la falla persiste, se sigue intentando arreglar hasta que se consigue. Por eso ve usted todas esas gentecitas con mameluco ir y venir rascándose la cabeza como chimpancés, paseándose con libros y hablando por teléfono. ESTÁN LLAMANDO A DIOS. NO SE DA CUENTA SEÑORA. LLAMAN A DIOS Y LE PIDEN QUE LE ARREGLE EL AVIÓN PARA QUE USTED PUEDA SEGUIR VIAJE.
Y mientras tanto, siguen dándole al reset como loco, a ver si desaparece la falla, o si aparece la bombita de la exit sign que está quemada y COMO JUSTO ES LA TERCERA CONSECUTIVA del martcador, y eso no está permitido, hay que encontrarla sí o sí. ( Para eso NECESITAMOS EL HANGAR MANGA DE MIERDAS, PARA LLENARLO DE BOMBITAS)
Entonces usted está ahí, en la puerta de embarque, cagándose en todo lo que se menea.
¿Y yo?
Yo estoy en el Bravo Sierra Juliet haciéndome un té verde con leche, es verdad.
Usted me ve desde su posición y piensa que yo soy una mierda de ser humano.
Usted ve que yo me asomo con mi tacita de For Bitching Only, tomándome el tecito con cara de pelotuda, usted me ve ahí parada al pie de la escalera, le da la impresión de que hablo sola, de que soy una loca, de que soy una tarada ahí con mis zapatitos rojos sin importarle que usted hace DOSCIENTOS SIGLOS QUE ESTÁ EN EL AEROPUERTO, y tiene hambre sed y malhumor y que no llega adonde tiene que llegar y que todos estamos complotados en contra suyo.

Yo me asomo y miro los aviones estacionados. Respiro el viento fresco de Octubre y suspiro.
Adela quedó en casa a las 6 am, llegué a aeroparque a las 7 menos diez y a las 8 teníamos que estar saliendo, pero tengo tanta mala leche que chequeando el avión salta un caution de qué se yo qué goma en el cockpit y listo, el avión tomado por Manto.
7.30 nos dicen que la próxima información es a las 8, cuando terminen el primer chequeo.
“Listo, chicos siéntense, desayunen, esto va a ser largo, lo veo venir.”
A las 8 nos dicen que el reseteo falló. Empiezan de nuevo, quizás 40 minutos más.
Van y vienen transpirados, andan como hormigas emputecidas, los pobres. Les ofrecemos algo de tomar pero ni nos escuchan. Es la golden hour.
Sube tráfico y pregunta cómo viene la mano. Los pasajeros se impacientan en el hall. No se sabe nada, respondo.
Pienso en la demora y en Adela que me va a estar esperando para mear y yo no voy a  llegar. Pienso en el día larguísimo que me espera, después de este tramo tengo otro más, y después de ese otro, y otro.
Tengo ganas de llorar, pero salgo a respirar airecito de avión al pie de la escalera de mi amado Sierra Juliet.
“Mariconazo justo ahora te venís a romper, justo CONMIGO te venís a romper, mirá que sos cabrón eh?” Le digo con mis pies rojos apoyados en el límite de su puerta delantera con el mundo exterior…
Miro la plataforma, es de día, pasan los Embraer, pasan los 800, pasan camiones de combustible, el Foxtrot Oscar, el Yankee, le guiñamos el ojo al Romeo Alfa y nos reímos de su impacto de rayo.
Le digo, callate Juliet vos estás en terapia intensiva, no te podés reir de nadie, fucking loser. Juliet se hace el ofendido y titilan las luces. La tripulación ni se entera, yo me río. Callate idiota, le digo.
Desde mi posición, observo la sala de embarque, mucha gente me mira pegada al cristal.
Serán mis pasajeros? Me estarán odiando?
Yo soy un poco como la mala de Disney, algo bella y algo horrible, etérea, sufrida y frágil, pero a la vez fuerte, intensa y vengativa. Soy un poco como la aeronáutica en general, nunca sabés cuándo te va a dejar de garpe, nunca sabés cuándo te va a dejar tirado, pero cuando funciona bien…
Entrecierro los ojos y les tiro rayos y centellas a los pasajeros enojados, me tomo mi tecito con cara de Karina Zampini y les permito ser el objeto de su desenfrenado y desmedido odio. Dos segundos después, entro y me siento en la 1 Alfa, en las rodillas de mi amado, y le aconsejo que la vaya cortando porque la furia es total.
Mantenimiento dice que próxima información a las 9.
En ese momento es que la tripulación saca las tablas. ¿Qué son las tablas? Los vencimientos.
Legalmente tenemos 4 horas de espera en aeropuerto, eso se cuenta desde el horario programado de despegue inicial. A partir de ahí, tenemos 4 horas en las cuales somos enteramente suyos, un minuto después de eso somos un sachet de leche el 3 de enero al sol durante varias horas. Nos cortamos, nos pudrimos, no servimos más. La ley dice que nos vayamos a casa porque no estamos aptos para cumplir nuestras funciones. Usted dirá: Qué? Por haber esperado 4 míseras horas sentados en un avión morfando como gordos lechones no pueden servir un condenado café a los pasajero
? Exacto Señora, la ley no nos permite entregar cajitas, hacer café, sostenerle a su crío mientras usted orina, pedir un médico a bordo si usted se descompone, alzarla para sacarla por la ventanilla si usted se desmaya en una evacuación, apagar el fuego del baño por el puchito que su fumó el pelotudo de su marido que estaba twitteando cuando proyectamos el video de seguridad. Todas esas cosas? Nada. Inhabilitados. A casa.
En este caso la tabla decía que a las 12 del mediodía somos un Serenito añejo. Nos queda una eternidad todavía. Tratamos de dormir, sin arrugar mucho el uniforme. Una chica se saca las medias de descanso, una se suelta el rodete, otra se saca el labial. Se bajan las luces de la cabina. Yo saco mi arma letal: mi s2.
Empiezo mi recorrido virtual, visito todas las vidrieras sociales, les cuento un poco acá y allá. Manto se sube, enciende las luces y libera el avión. No nos dan las manos para juntar las migas, cruzar los cinturones, maquillarnos de nuevo, lavarnos los dientes, ponernos las medias, darle al video de embarque. Suben los pasajeros, Buenos días, Bienvenidooooosss….

BUENOS DÍAS PARA QUIÉN?? responde el primer pasajero a mi sonrisa derretida.
Me reconoce, soy Maléfica, soy la culpable de todos sus males, YO ROMPÍ EL AVIÓN, YO VISTO LOS COLORES DE SU DESGRACIA, YO PORTO EL UNIFORME QUE LE ROBÓ SUS VACACIONES, YO ME TOMÉ ESE TÉ EN LA ESCALERA MIENTRAS ÉL MORÍA DE INANICIÓN, YO PEDAZO DE PUTA YEGUA ARRASTRADA QUE ME RASCO LA CAJETA TODO EL DÍA Y MI MARiDO ME MANTIENE, YO CONCHUDA CHILENA MAL COGIDA, YO ASSAFATA VIEJA GORDA PUTA FORRA MALA PERSONA Y VULGAR.

Bienvenidocomoleva le digo medio bajito al segundo pasajero, quién me responde con una gran sonrisa que me da esperanza y me hace revivir, pero la sonrisa era irónica porque inmediatamente me responde CÓMO ME VA A IR!? A USTED COMO LE IRÍA?! QUIÉN ME VA A DEVOLVER A MÍ EL TIEMPO PERDIDO!? USTED!???!!

V1-Hundido
No existo más.
Faltan subir 166 y estos dos ya me denigraron a lo más pequeño del ser humano. Y el té que vuelve por la garganta, con ganas de salir como vómito verde explosivo a la cara del pasajero número tres, antes de que diga ni hola, quiero gritar que ADELA ESTÁ SOLA, QUE NO TENDRÉ MARIDO NI HIJOS PERO QUE YO TAMBIÉN TENGO UNA VIDA Y TAMBiÉN TENGO GATITOS Y CACTUS QUE NO REGAR Y QUE TENGO LAS PIERNAS CANSADAS Y GANAS DE IRME A LA CAMA  O DE VACACIONES COMO ELLOS Y QUE SIN EMBARGO ESTOY ACÁ REZÁNDOLE AL PUTO SEIRRA JULIET QUE SE ARREGLE Y NOS LLEVE Y NOS TRAIGA COSA QUE YO PUEDA VOLVER A MI HIJADEPUTA CASA PARA TIRARME 500 PEDOS SIN TODOS USTEDES ADELANTE.

Sube el tres.
Le digo Buenos Días, no le vomito nada.
Me dice Buenos días, sonríe un poco. Me aflojo, suben cuatro más buena onda, dos belicosos, tres mamás con bebés, diez frecuentes a los que la vida les chupa un huevo, tres viejitos nerviosos que me dan pena, setenta y tres señoras conchudas, 20 pibes que no se enteraron de la demora porque tenían ipad, 7 señores amables y varios que pasan desapercibidos. Ah, un descompuesto al borde del colapso y uno que me va a hacer juicio.

Sale el vuelo. Llega el vuelo a destino. Todos sonríen y agradecen al bajar. Nadie fallece ni me manda carta documento durante el vuelo. Todo parece haberse arreglado en el aire. Como un what happens in Vegas stays in Vegas, dejamos todo ahí y nos despedimos más amigos que nunca.

SEGUNDO EMBARQUE: Arrastre de la demora inicial.
Primer pasajero: Buenos días… bienvenido…
BUENOS DÍAS SERÁN PARA VOS NENA.
Ok.
Recalculando. Buscando satélite.
Listo, vamos de nuevo.
Repite procedimiento de sobar quena y sonreir aunque mi cara sea la más odiada de los últimos años en el planeta tierra y la estrella de la muerte. Ser buena con mamás y bebés que son los que más sufren las demoras, ser amable con viejitos que se lo merecen mucho, escuchar las quejas, dar la razón, pedir disculpas, cagarse en silencio en el Bravo Sierra Juliet, Nota mental: i wish i was dead como Lana del Rey.
Aterrizamos: se bajan sonrientes. Felices, una vez más hemos hecho un buen trabajo, hemos revertido en vuelo las fallas de la mala de Disney.
Sonya Wins.

SEGUNDO VUELO: No doy más. El Juliet está diez puntos pero yo estoy NO GO.
El maquillaje de mis compañeras da pena. Se me rompíó una media, estoy hinchada como sapo y mis ojeras surcan la mitad de la cara. Necesito enseñarle a Adela a atender el teléfono, o a twittear su estado, o a abrir la puerta con la llave y salir a mear. Necesito que Adela le dé de comer a los gatos.
El coordinador me apura EMBARCAMOS?
Si, que hay micro que no hay micro, que se demoran los pax, por qué no llegan, por qué no están en el avión. Hay problemas con Intercargo, no cargan las valijas, la re concha de la lora, llegan los pasajeros con mucha demora. Se me ocurre pensar que esta demora puede traer complicaciones, pero cerramos la puerta y salimos. Los pasajeros tienen buena onda, nosotros estamos agotados pero compartimos su energía y hacemos un buen vuelo. Llegamos a destino, saludamos.
Sonya Wins. Flawless Victory.

Se me ocurre sacar LA TABLA.
Ay no.
Si no embarcamos en 15 minutos nos vencemos.
Por qué? Porque hay otra cara de la tabla. Esa cara habla de la cantidad máxima de horas de servicio que puede tener un tripulante en un día. Se cuenta desde la presentación en el aeropuerto hasta el horario de aterrizaje. Según esa tabla, debemos cerrar puertas en 15 minutos, caso contrario, el tiempo de vuelo sería mayor al tiempo permitido de servicio y estaríamos vencidos. Qué pasa si estamos vencidos? No estamos habilitados por la ley y si hubiera algún incidente, no solo no nos cubren los seguros sino que nos pueden revocar la licencia. YO NO SALGO VENCIDA. PUNTO.
Tenemos 15 minutos para que limpien el avión y embarquen 140 personas.
Se me ríe el culo.
Por favor que suban YA MISMO QUE ADELA ESTÁ SOLA.
Se consulta con la empresa, autoriza que embarquen ya, el avión a medio limpiar, juntamos las cosas como podemos nosotros mismos. Suben los primeros pasajeros, uno, dos, tres, cuatro, cinco, veinte.
Se hace la hora.
Los pasajeros siguen subiendo.
Voy al cockpit muriendo a cada paso, le digo al Capitán: estamos vencidos.
Todos queremos llorar.
Cómo le decimos a los pasajeros que se tienen que bajar?
No, yo no les digo. Tengo miedo.
El Capitán decide frenar el embarque por medio de operaciones y hace un anuncio a los pasajeros informándoles de la situación.

Se bajan 10 personas que me van a hacer juicio, cuatro que vieron a mi mamá revoleando la cartera en Constitución, ocho que se van desmayando y varias que no dicen ni chau.
Adela sola. Nadie tiene llave de casa, mi familia está de vacaciones, estoy peleada con mi mejor amigo, y me quedo tirada en Tucumán. No tengo ropa en la valija, andaré en medias de descanso como un zombie porno por el centro de Tucumán, arrastrando las cadenas de mi desasosiego azafatil.
Sonya Wins. Flawless Victory.
FATALITY.

Y mientras tanto, en Aeroparque, los pasajeros del 4028 son avisados de una demora por cambio de equipo, ya que su avión se quedó tirado en Tucumán.
Una señora dice que está cansada de que le mientan, le revolea un teclado por la cabeza a un agente de tráfico que lo esquiva y llama a la PSA.

La señora pasará la noche en la cárcel.
Yo pasaré la noche en Tucumán.
Y en Monserrat, Adela aprenderá a abrir latas de arvejas, meará en las piedras de los gatos y tirará la cadena cuando termine de cagar.

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NEGRO

(Le music)

Dudé mucho si subir esta entrada o no.
Pero aquí está, me hago cargo de mis furcios, basta ya de reirnos de los demás. Hora de reirse de uno mismo.

Situación: en el medio de servicio.
La Tana y yo íbamos lo más tranquilas que coca light, que sprite zero que agua con gas y de pronto sucede una de esas cosas que pasan en el servicio que es que uno de los dos va más adelantado que el otro y entonces muy amablemente hace alguna de estas cosas:
1-Destraba con el pie derecho el carro corta y ruidosamente; símbolo inequívoco de: “ya terminé conchuda, movéte que sigo yo”
2-No destraba, pero le dice a su compañero tc: dejáme, yo sigo. Mueven el carro y el que terminó continúa con la fila que estaba haciendo el lenteja.
3-Le dice cariñosamente :”te sirvo algo?”

En este caso, opté por la opción 3. Ya que La Tana no venía lenta sino que yo tenía menos pax que ella en mis filas.
La miro a los ojos y le digo, Te sirvo algo, Tana?
Me responde “Si, un café”.
Toda contenta, con la música de Parov Stelar sonando en mi cabeza, cosa que pasa muy seguido mientras hago el servicio, lalala, canto, lalala, muevo los piecitos, música que no suena pero está siempre, tarareo el tema mientras agarro vasito con mano izquierda y agarro cafetera con mano derecha, pienso qué pregunta viene inmediatamente después de que te dicen café y mientras sigo canturreando en mi mente y marcando el ritmo con mi piecito, pienso si lo querrá con leche, si lo querrá con azúcar o edulcorante, Marvin Gaye explota en todo su poder y yo con una sonrisa digo al aire, sin saber para quién es el café, ya que no es mi fila, sino la fila de la Tana:

-Negro?

En 32 milésimas de segundos intento localizar al pasajero dueño del café en mi mano, Alfa: Señora con jugo de naranja en mano que no me mira, Bravo: Señor dormido, Charlie: Señor con Coca Cola que mira el video riendo. Miro a la Tana que está empalideciendo y sin comprender por qué, sitúo mis ojos en el pasajero de la fila 8 Lima, quién con sus ojos oscuros y su piel hermosamente oscura me dice conlo que adivino una especie de sonrisa en su rostro:

-Y, si.

El señor era negro.
Y cuando sus ojos y mis ojos se conectaron, entendí que le acababa de decir ¿Negro? en la cara, como buscándolo por su apodo para darle el café. Por suerte, él entendió perfectamente y lo tomó como algo divertido, era extranjero, hablaba inglés y muy poco castellano, pero con su mirada me demostró que estaba todo bien.
Se lo dí en la mano a la Tana, con la cara totalmente contracturada, sin poder mover un músculo de la misma, y me di vuelta como un soldado, como un beefeater inglés de esos de la London Tower, y me volví 8 filas hacia atrás, a mi planeta galley, a arrodillarme al piso, y morir, SI, MORIR, de risa.
Ahí mismo, arrodillada detrás del mamparo, secándome las lágrimas con la cortina, me encontró un pasajero que iba al baño. “No pasa nada señor me estoy riendo”, le dije. Se encogió de hombros y siguió en lo suyo.
Me asomé tres veces para encontrarme con la Tana en la fila 10, petrificada y odiándome en silencio, abriendo los ojos y puteándome en idioma mudo por dejarla encerrada entre ese carro y la explosión de carcajada que necesitaba soltar.

Finalmente, cuatro o cinco minutos después, me recompuse, y sin mirar a los costados, volví triunfante al carro.
Seguí con el servicio como si nada hubiera pasado, intentando no cruzar miradas con la Tana, que de haber tenido un pañal puesto, se hubiera meado ahí nomás.
Esperamos a terminar el servicio muy amigablemente, para volver raudas con el carro al galley y dejar salir el griterío, que se habrá escuchado hasta la 28.

El For Bitching Only se disculpa con todos los pasajeros que son incomodados por la taradez total de los tripulantes con alma de niños.

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Regards from Hell

(Pinche para escuchar.)
Mi vida podría tener etiquetas de búsqueda para resumir esto y no estar perdiendo el tiempo con lo que no nos interesa. Tipeá Galgos- Darkness- Mezcla- Pan- Mantas- Celular- Piel- Siesta- Bravo-Sierra-Juliet.
Tipeá Summertime Sadness, tipeá cables y parlantes, tipeá repeat one, tipeá tinta, tipeáme ésta.

Ayer un bebé de un año y medio me cortó el rostro cuando le asomé al Koala por el mamparo del galley delantero.
Suelen reir, suelen distraerse. Este no, nada. Me dejó con mi cara de azafata copada tarada, moviendo el dedito, dándole vida al Koala y haciendo una voz similar a como intuyo que debe ser la voz de un Koala. Me ninguneó ante la mirada avergonzada de sus padres.
Lo guardé en la cartera roja con odio y hombros levantados, sabiendo muy en mis adentros, que ese bebé es un poco como yo. Me dijo en idioma bebé “Metete ese koala en el culo y pasame el ipad, gila”.
Soy una idiota.
La semana pasada una tripulante me dijo en el galley que cuando me vio las uñas en el briefing pensó “ay que horror”. Jamás me esculpí las uñas, jamás me hice la “francesita”. Arranquemos porque detesto que se llame “la francesita”, me suena a una práctica sexual depravadísima que incluye o bien a una extranjera muy puta o a una menor de edad. No me interesa. Les pongo brillo a mis uñas e intento que los carros las partan lo menos posible, pero no me interesa el calcio, la fortificación, el largo, el ancho, la cutícula. Son uñas. Sirven para rascar, para apretar granos, para sacarse la mugre de abajo de las otras uñas.
Sin embargo, esa chica, con su perfect french, vio eso de mí. Que mis uñas eran un asco.
Bebé cortamambo, Tc subestimadora… Mundo 2- FBO 0
Qué semana de mierda.
Me vine de posta y dejé a Adela en una guardería por primera vez. Pienso en ella todo el día. Si tuviera Wassap la stalkearía día y noche, ver si está conectada, ver su última conexión. Estoy obsesionada con Adela, con el sonido de su respiración, con su piel, con lo que come, con cómo corre, con su mirada, sus juegos, su risa. Estoy obsesionada con que sea feliz, con que se divierta, con que no sufra, con que no se enferma, con que viva una vida larga y hermosa, y preferentemente, bien cerca mío.
Anoche, en la cama del hotel de Córdoba, empecé a ver mi álbum de fotos de Enero. Están subidas al facebook el 24 de Enero del corriente año. Bamba en todas ellas. Bamba durmiendo, paseando, comiendo, mirándome.
Me acosté con una tristeza insoportable, aún sabiendo que me la había buscado, que con cada foto no estaba recordando el amor sino el dolor. Pero bueno, lo hice igual. Media hora de fotos, media hora de Bamba en sus costillas, despidiéndose a cada minuto.
Apagué la luz y me dormí.
Así desperté hoy. Veo el Koala y lo cagaría a trompadas. Simple.

Me siento en el escritorio del Holiday Inn, que es mucho más cómodo que el de mi casa y no tiene gatos cabeceando el teclado, tengo una carpeta blanca adelante con más de 120 hojas impresas en casa. Escritos, posts, cuentos, listas de los posts elegidos para el libro, listas de entradas, listas de ideas. Nada me gusta, nada es lo suficientemente bueno para ustedes, nada estará a la altura del papel.
Escribir en el espacio es gratis, es como un machete en la palma de la mano hecho en birome. Se borra, desaparece, se saca lavando con agua o refregando con baba.
Pero imprimir un libro es tatuarlo con tinta en la piel.
Enfrentarme a la editorial con un archivo de 250 páginas para que ellos quemen, cosan, peguen… es darle las llaves de mi casa a los invisibles, darle las contraseñas a los enemigos, sangrar ante los tiburones.
Ustedes me destrozarán, leerán mis palabras y dirán que no fue suficiente, que esperaban más, que no valió la pena, que había más expectativa, que pudo haber sido mejor.
Mis libros serán mis hijos. Y los odiaré a todos ustedes por lastimarlos, por no decir que son bonitos aunque hayan nacidos feos, por no querer alzarlos y llevarlos a pasear y decir que se portan muy bien aunque lloren toda la noche.

Mis libros llorarán toda la noche.

Vomitarán sus mesas, sus camas, se cagarán en sus manos, en sus sillones, en sus carteras, en sus lugares elegantes, les mearán la cara cuando intenten cambiarlos; gritarán en sus reuniones de trabajo, morderán a los tíos gordos, le sacarán la lengua a los desconocidos y le dirán puta a la abuela.
Mis libros les harán pasar vergüenza.
Se odiarán mutuamente, y yo me retorceré en la cama, sintiendo que de mi endometrio salió la cosa más perfecta, más preciosa, más única del universo entero y que ustedes no la saben tratar. O no es acaso ese el dolor de ser padre? El mundo no es lo suficientemente bueno como para tratar merecidamente a nuestros hijos.
Entonces saldré a matarlos. A todos.
Me meteré en sus casas por las noches vestida de Black Bamba y secuestraré a todos mis hijos, los pasaré a buscar uno por uno, los meteré en mi bolso, y volveré a la Embajada, el único lugar donde tenemos inmunidad.
Querrán quemar mi casa, querrán quemar mis libros, querrán quemar la verdad.
No podrán.
Los tatuajes no se quitan, las palabras dichas no se retiran, las letras escritas no desaparecen jamás.
El For Bitching Only será verdad.
Y por cada cien de ustedes que arranque las piernas de mis hijos y las queme en un hogar, habrá uno que habrá entendido, habrá uno que lo huela, lo acaricie, lo mire de cerca, lo salve, lo entienda, lo ame.
O no es eso acaso lo que queremos para nuestros hijos?
Tipeá Koala- Vómito- Ira- Fuego- Embajada. Tipeá Venganza-Vergüenza- tipeá papel.
Tipeá Verdad-Verdugo-Vanidad-Víctima-Violencia.
Tipeá Virtudes-
Tipeá una V.

Ahora me tenés en tus manos.
Qué vas a hacer?

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This is not Miami

(Pinche para escuchar)

Graciela vive en Villa del Parque, viaja a Miami con toda su familia.
Esa semana se hizo las uñas, se tiñó las raíces, y lavó toda la ropa con la que iba a viajar.
Por la noche casi no durmió pensando en sí le faltaba alguna cosa, en los pasaportes de todos, en que el taxi llegue a horario.
Grace se levanta a las 7 más aunque el vuelo sale a las 21 hs, se baña dos veces ese día, se seca el pelo, se perfuma, viste un jean, unas botas, una remera, un saquito y una campera porque sabe que en el avión hace frío.

Jessica se levanta a las 2 de la tarde, está de vacaciones y esa noche viaja. Tiene el cavado profundo hecho desde que sacó el pasaje, lleva su mejor ropa en la valija y lo que le falte no le importa porque se lo compra allá. Viste su remera más escotada, la que resalta mejor todo lo invertido en el quirófano, sus calzas nuevas, zapatos altísimos y el pelo planchado.
Sus papis la llevan hasta el aeropuerto pero en cuanto pone el pasaporte en el mostrador del checkin, se hace la grande. Aunque ni siquiera el dinero con el que se hizo la reserva en el hotel fuera suyo.

Carlos tiembla en la cola de los mostradores, por primera vez en su pasaporte figura la visa de Estados Unidos, lleva ahorrando para llevar a su familia desde siempre, y personalmente, supervisa el peinado de sus hijos, el planchado de las camisas, la prolijidad de los papeles, el tamaño y el peso de las valijas. Repite incansablemente “este avión es como el titanic, hay que estar impecable, este es el viaje de nuestras vidas”.

Diego se levantó a las seis de la tarde, cargó jeans y remeras en un bolso de mano, tres relojes, un traje de baño y cuatro pares de zapatillas. El equipo de gimnasia lo lleva puesto, es lo más cómodo para viajar. El auto lo busca a las 18.30, se sube con anteojos y auriculares, está harto de aviones. El fútbol es así.

Rubén acomoda su corbata arriba de varias camisas, todas planchadas. ¿Corbata o moño?¿Qué color quedará mejor? Desde qué Rosa no está, le toca a él decidir. Su viaje al viejo continente con cambio de avión en Miami, lo entristece, pero será la última vez que viaje a su pueblo natal, donde conoció a Rosa y donde quiere que ella descanse para siempre. Se afeita al ras, se perfuma, se peina a la gomina bien tirante y revisa una y otra vez que todo esté en orden, diez minutos antes ya está con su maleta preparada, esperando en la puerta del edificio que lo vengan a buscar.

Otra vez desfile, otra vez Miami, otra vez paparazzis en el aeropuerto. La Giardone tiene invertido la mitad de su patrimonio en su escultural cuerpo, cirugías, gimnasio, pilates, inyecciones, retoques, extensiones, blanqueamientos: dentales y anales; un jean que se le clava como un rottwailer comiendo a pleno, plataformas de 15cm, mucho animal print de Versace, valijas Vuitton, cartera Hermès, anteojos Dior. En el aeropuerto de Miami la recoge el Rolls Royce Phantom del rodete de turno, va maquillada como salida del Maipo, olvidando que 9 horas de vuelo derriten la cara.

Leo está en la casa de su manager desde hace dos horas con toda la banda. Todavía no se acostaron. Los jeans negros y la remera de Harley destilan el olor a diversión de la noche anterior. Los tatuajes de sus brazos dejan en claro a todo aquél que intente ser amigable, que no se debe esperar mucho de él. Finalmente, llega a Ezeiza; entra al aeropuerto con los ojos rojos y el demonio dentro, o le dan un whisky o lo dejan dormir, pero que no le rompan las pelotas.

Mariela se levantó muy temprano ese día, ayudó a los chicos con cosas del colegio, dejó preparada la comida y preparó la valija para la posta. La pasaron a buscar para hacer el Miami y al subir al auto, ya estaba cansada, poca paciencia, un vuelito de aquellos le toca por delante.
Viste el uniforme de la empresa, las medias de descanso, los zapatos rojos, el trajecito rojiazul y el rodete impecable, como a ella le gusta. Se adivina un cuerpo escultural debajo de esos trapos sin forma.
En la puerta del avión recibe a los pasajeros, los conoce, aunque no los haya visto en la vida, sabe lo que pedirán para tomar, lo que querrán comer, lo que preguntarán.
Sabe perfectamente quién vuela por primera vez, quién está emocionado y quién está harto de hacerlo. Conoce la mirada de quienes respetan su trabajo y de quienes, de ser posible, esperan la oportunidad para denigrarla.
Sabe quienes pedirán hasta el último átomo de su cuerpo transformado en servicio, y quienes solo quieren dormir.
A todos les sonríe por igual, les da la bienvenida, los asesora. Por la manga ve venir a una pequeña que apenas debe estar rozando los 21 años, tropezando en sus inexpertos zapatos, jugando a la mujer sexy, en vano.
Delante de ella, un futbolista reconocido cambia de canción en el ipod, ignorante de todo lo que pasa a su alrededor. Pasa el bolso por encima de su hombro, dándole un golpe a la pequeña, haciéndole perder la estabilidad y dejándola en el suelo. No se entera de nada y sigue caminando.
Mariela está a punto de poner un pie afuera del avión para socorrer al avergonzado pequeño gatito, cuando un señor muy mayor, con un moñito negro y anteojos de marco grueso la ayuda a levantarse.
Detrás sube apresurada una señora rubia con su familia, a los insultos con el jefe de otra familia, que aparentemente quiso ocupar su lugar en la cola. Se escuchan los gritos cada vez más cercanos, y decide no intervenir hasta que no estén arriba del avión.
Al llegar delante de ella, todos sonríen como si nada hubiera pasado. Se acomodan a los tumbos, mirándose como los Capuleto y los Montesco, unos detrás de otros.

Personal de tráfico se acerca con unas planillas y mientras Mariela firma, una mujer de su estatura, con anteojos negros y perfume insistente, le pone una familia de valijas marrones ante sus ojos y le dice “Te las dejo acá” y desaparece por el pasillo.
Mariela no llega a pronunciar palabra cuando un hombre de dudosa higiene tropieza con el escalón entre la manga y el avión y la mira a los ojos dos segundos, dos instantes fatales en los que ella comprende lo que está a punto de suceder. Alcanza a correrse milésimas antes de que el vómito que sale por la boca de este hombre aterrice encima de las Louis Vuitton de la supermodelo.
Mariela lo mira enfurecida, después reprime, respira, suelta el olor a vómito que le sube por las fosas nasales y le pregunta al señor si se encuentra bien.
Después de un breve cuestionario, le permiten viajar.
Se limpia el piso, se le explica a la señora lo ocurrido con las valijas, ella se pone a gritar como desquiciada, se demora el vuelo, las familias enfrentadas se ponen de acuerdo para escribir cartas de quejas, el futbolista se duerme, el viejito se desmaya, la pendeja se sigue frotando las tetas.

Y a Mariela le quedan 9 horas de vuelo por delante. Cierra la puerta y suspira.

Toda la situación queda registrada en las fotos y notas mentales del pasajero frecuente de la fila 1A de la premium bussiness.
Excelente y suculento, perfecto para su blog.