Abro la puerta del baño en el medio del vuelo y me encuentro con esto.
(risas)
Abro la puerta del baño en el medio del vuelo y me encuentro con esto.
(risas)
Mucho cuidado en los hoteles, uno quiere encender la calefacción y, sin querer, se queda con la tapa en la mano.
y… rompe, paga.
-Viste el otro día que nos cruzamos, cuando yo bajaba y vos subías?
-Dónde era? Si, me acuerdo que nos vimos… Qué día fue?
-No sé, yo bajaba…o vos bajabas? dónde estábamos?
-Qué día fue?
-No sé, estábamos acá o dónde fue?
-Ah no sé,por qué? Qué pasó?
-Fue el Martes creo…
-El Martes?
-O el Lunes?…
-No sé.
-Si, que vos estabas con… como se llama?
-Ayer?
-Ayer que día fue?
-Ayer…eh… hoy es Viernes creo…Ayer..
-Hoy es Viernes? O Jueves?
(Interrumpe uno de afuera de la conversación… “Hoy es Martes”)
NOSOTROS NUNCA SABEMOS QUÉ DÍA ES.
NUNCA.
No sé en qué día vivo, me da lo mismo si es Lunes, o Jueves o Sábado… divido los días en los que mi novio está en casa o no, o en los que el chino está cerrado, razón por la cuál, me quedo sin coca cola.
Los fines de semana? Teniendo que levantarse a las 3 am, da lo mismo qué día de la semana es… A veces me pasan a buscar con el remis y mientras, en la oscuridad del auto, adivino el borde del labio con el lápiz, descubro autos con los vidrios bajos, que nos pasan a más velocidad, dejándonos una estela de regetón y fernet en el aire… ahí le digo al chofer “Ah, claro, es que hoy es sábado” y pienso “Fui la única que se acostó a las 9 pm con una sopita en el estómago, porque tenía este doble madrugón de la muerte; mientras la juventud vibra… yo crío várices a diez mil metros”
Así que no, nunca sabemos el día.
Quería aprovechar esta ocasión y este espacio, para comunicarles a todas las abuelas, primos, a los vecinos y a los amigos de amigos de nuestros padres, a los de las redes sociales y a los conocidos del gimnasio que nosotros no sabemos cuánto sale la tarifa de Buenos Aires-Madrid en temporada alta, tampoco del París-Roma en temporada baja, mucho menos el precio de otra empresa en una ruta que no volamos, me arriesgaría a decir, que desconocemos el precio de nuestras propias rutas, en nuestra propia empresa.
Y si lo supiéramos, seguramente, nos lo olvidaríamos.
Como nos pasa con el mismísimo día en el que estamos viviendo.
Esta es una entrada diferente a las demás.
Así como nuestro trabajo tiene risas, lugares, compañeros, amigos, pasajeros copados, líos de galley y ataques de risa en el medio de la cabina… también existe el otro lado… el que uno deja en casa.
A mí por ejemplo, hay algo que me duele en el alma.
Cuando tengo problemas de pareja, cuando tuve una pelea y terminamos mal, nos acostamos sin hablarnos, la discusión fue fuerte y no pudimos arreglarlo antes de irnos a dormir, o antes de irme de posta o de salir a volar… me queda una angustia fuera de lo normal, un vacío enorme que a medida que me voy separando cuadra a cuadra de mi casa, crece.
Si trabajara en una oficina, pensaría que esas 8 horas nos podrían venir bien a los dos para calmar las cosas.
Pero estar en el aire, solo incrementa mi ansiedad.
Cuando me voy peleada de casa, solo pienso en fatalismos.
Mi silent review es tétrico y pienso que, si algo me pasara, si algo fallara en el despegue, en el aterrizaje, en el crucero… no pude darle un gran beso y decirle cuánto lo amo.
Yo no tengo miedo a volar, no le temo a las turbulencias ni a las tormentas, no le temo a los despegues ni a las nubes ni a los pozos de aire o las casi-caídas libres.
Solo le temo a no haberme ido de mi casa diciéndole al amor de mi vida que lo amo.
Por eso, todas las mañanas, las noches y las madrugadas, antes de irme, me acerco a la cama aunque duerma, le doy un beso y se lo recuerdo.
El quizás no se acuerde, o quizás no entienda por qué es importante para mí.
Pero es mi ritual, y lo cumplo sin fallas.
Esta noche tengo que irme a volar sin haberme despedido, sin haberle dicho cuánto lo amo y que mi vida es mejor porque esta él.
Me entristece que así sea, pero así es.
Y voy a romper mi procedimiento aunque ni yo misma esté de acuerdo.
Este trabajo tiene ciertos riesgos, y yo inventé esta regla porque creo que el riesgo puede estar esperándome a la vuelta de la esquina.
Quizás lo que la vida de un tripulante tenga para enseñarle a los demás sea que la vida es demasiado impredecible y en el destino de cada uno de nosotros puede estar esperándonos cualquier cosa.
No sabemos lo que puede pasarnos en cualquier momento y es por eso, que hay que vivir siempre como si nos estuviésemos yendo a volar.
No te vayas a volar sin decirle a los demás que los amás.
Así volás tranquilo, y lleno de amor.