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HANGAR GAMES

Qué día de mierda, la verdad. Qué día del orto pasamos hoy.
Más adictivo que el Candy Crush meterme cada dos minutos a leer qué habían opinado mis compañeros, los anti k, los anti Cámpora, los que confunden a Aerolíneas con la Cámpora, los que mezclan a los tc de las otras empresas con sus dirigentes, los silencios profundos de aquellos quienes apoyan fervorosamente al gobierno y el odio de quienes quieren verlos caer de una puta vez.

Yo he decidido llorar.
Y entonces, he llorado todo el día.
No pude escribir, no pude hacer nada de todo lo que podía hacer en mi día libre, no pude ver una peli, pasear, darme una ducha renovadora, o simplemente, recordar algo y reir…
Solo pude llorar.

Puedo sentir un temblor frío recorrer la espalda de los ex Lapa, temiendo que los obliguen a repetir la historia. Puedo sentir a los pequeños de 23 años sufrir por este primer y gran trabajo que tanto les costó conseguir, puedo escuchar las voces preocupadas, de box en box,  en Costa Salguero; puedo escuchar la desesperación de quienes dejaron la piel por estar hoy en este lugar, vos, yo y los otros miles.

Camino por la plataforma mientras rompo a propósito mis medias de descanso. Ya no necesito descansar. El piso tiembla bajo mis pies y voy a ciegas hacia MI lugar.
Al escuchar mis pasos cruzando la pista, el Bravo Sierra Juliet ruge como un león enardecido en el Hangar, su voz enfurecida desata mi ira, ¡¿Qué diablos te están haciendo mi amor?!
Corro a encontrarlo y lo encuentro atado de pies y manos. Lucha con todas sus fuerzas, logrando sacarse de encima a cientos de personas que quieren inmovilizarlo y sacarlo de allí.
El piso tiembla y las paredes quieren ceder, porque todo en ese Hangar es nuestro, y la energía de pertenencia de las cosas es una de las energías más fuertes que hay.
No podemos ser dueños de ninguna cosa que no hayamos conseguido por medio de nuestro propio esfuerzo o nuestro derecho natural. Todas las cosas que han sido obtenidas de manera ilegal, por medio de un robo o un engaño, se perderán; ya que los objetos tienen una energía de pertenencia y sólo obedecen a aquellos que supieron ganarla. Es una suerte de magia de los objetos, algo inexplicable para muchos y obvio para algunos pocos.
En mi religión, la religión del avión, la energía de ese hermoso lugar, nuestro precioso Hangar, nos pertenece. ¿Por qué? Porque trabajamos con y por él, porque lo cuidamos, porque todos los días cientos de personas hacen de él su oficina, su refugio, su hogar; porque LO PAGAMOS y PORQUE TENEMOS UN PUTO CONTRATO HASTA  EL 2023 LA RE PUTÍSIMA MADRE QUE LOS RE MIL PARiÓ!!!!!

Pero en este hermoso país en el que he nacido, la ley está escrita para los que temen. Así es, sólo los temerosos la cumplen, los demás se limitan a violar, robar, mentir, avasallar y conseguir todo lo que desean con la protección de otros mafiosos como ellos. Sin miedo, sin dudas… sonríen ante las cámaras sobrando al pueblo, riéndose de nosotros en nuestra cara, burlándose de los lomos doblados de las personas que trabajan todos los días, poniéndole impuestos a nuestro esfuerzo, poniéndole cepo a nuestras elecciones, poniéndole punto final a nuestra vocación.

Yo soy Escritora y Azafata. La primera nació en el Centro Gallego y la segunda en el Bravo Sierra Juliet; así que se imaginarán que ver a mi padre gritando de dolor, destrozado y abatido, luchando contra la corrupción de un sistema estúpido, necio, ambicioso, maldito y manipulador, no me hace ninguna gracia.
Hoy, estas Azafatas somos Amazonas, hoy estos Pilotos son Caníbales, hoy todo Costa Salguero es furia, hoy Sala de Briefing es Sparta.
Hoy me pinto la cara con aceite de avión y me tatúo a fuego el poder del FBO.
Hoy, todos en la pandilla Brava son TANQUES, hoy el Sierra Juliet es el JEFE DEL PELOTÓN.

Cuando me dicen que no me preocupe porque si la empresa me despide, entonces haremos paros… cuando me dicen que no me preocupe porque otra empresa nos absorberá, cuando nos dicen que estemos tranquilos porque el Estado lo va a solucionar, yo respondo lo siguiente:

YO NO QUIERO TRABAJAR EN AEROLÍNEAS ARGENTINAS LA REPUTA MADRE QUE LOS PARIÓ.
YO NO QUIERO CONSEGUIR TRABAJO EN EMIRATES, NI EN QATAR, NI EN AMERICAN, NI EN BRITISH, NI EN AIR-LA COTORRA DE TU HERMANA! NO QUIERO IRME DEL PAÍS PORQUE NO ME DEJAN TRABAJAR, NO QUIERO HACERLE PAROS A MI PROPIA EMPRESA CUANDO LO QUE QUIERO ES TRABAJAR. QUIERO VOLAR, VOLVER A MI CASA, PASEAR CON MI PERRA, COBRAR MI SUELDO Y VOLVER A VOLAR.
NO QUIERO QUE INVENTEN EMPRESAS QUE NOS PAGUE SUELDOS FANTASMAS QUE SALGAN DE LOS IMPUESTOS QUE PAGAMOS, NO QUIERO VESTIR LOS COLORES DE LA EMPRESA QUE ESTOS HIJOS DE RE MIL PUTA ME ESTÁN HACIENDO ODIAR.
ME CAGO EN TODOS SUS MACABROS CEREBROS, NIETOS DE UN ENJAMBRE DE PUTAS POR QUÉ CARAJO NO NOS DEJAN EN PAZ!??

No quiero ir a trabajar a Aerolíneas.
No quiero.
Tengo amigos allí, amigos que amo y que amo que estén en esa empresa. Me encanta ver los aviones de Aerolíneas al lado de los nuestros, me encanta que sea la empresa de nuestro país, me encanta que todas las abuelas y las madres y las hijas hayan sido y sean tripulantes vitalicias de esa empresa, me encanta, amo eso, es hermoso. Amo que ahora tengan mejores aviones, amo al viejo Jumbo, amo que hayan existido desde siempre y amo que existan hoy.
Pero yo tengo otra cultura.
Y amo más a mi cultura, la puta que los parió.
Amo putear por cambiar mis zapatos en las escalas, amo el puto sanguchito del celíaco que nadie quiere comer, amo nuestras cajitas de videos del año del orto, amo que tengamos que subir cada vez con curitas, paracetamol y vendas para que no nos las roben, amo ese pollito inmundo cortado en pedacitos, y las demoras del papamóvil, y el Córdoba-Bariloche y el Triple Santiago y la Reva y nuestros cardex y los mails de esa gente que ascendió a puestos que no sé que son, y también los newletters y los de cuarentena…
Amo los ojos de quienes me han elegido para que yo hoy esté aquí, amo que el For Bitching Only sea rojo y azul, amo que JAMÁS nadie me hayan dicho que dejara de escribir, amo que todos ustedes sean parte de esto, amo haber llegado hasta acá.
Por eso rompo mis medias, por eso corro sacándome los zapatos, descalza hacia MI lugar.
Y allí lloro a los gritos debajo del Sierra Juliet, y allí me peleo con mis uñas y mis dientes contra todos los que nos quieren mover.
No voy a dejar de llorar ni un minuto, no voy a dejar de pegar, de gritar, de romper, de pedir, de exigir, de insistir.

Y NO ME VOY A MOVER.

Juliet, no te prometo que esta guerra será fácil, no te prometo que no habrá heridos, no te prometo que no hemos de sufrir, pero sí te prometo dejar mi hidráulico en esta lucha, sí te prometo estar del lado de lo nuestro, de lo justo, de lo que nos hemos ganado y de lo que merecemos.
Seré la voz, seré el lugar, seré el pañuelo, seré el abrazo, seré todo lo que tenga que ser.

2999 personas me acompañan, y no tenemos ninguna intención de ceder.

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Lain

 La primera vez que me pusieron una computadora adelante era una compaq presario con el cpu integrado al monitor, una especie de nave madre que fui llenando, año tras año, de stickers de teletubbies y jem and the holograms. Era una pelotuda de 16 años y ya me dejaba tocar las tetas, pero adoraba como los teletubbies subían por la colina y decían “tubitosta-a! tubitosta-a!”. Con ese bodoque de 64 mb de ram conocí el mundo virtual. Me transformé en Lain dos años antes de saber quién era Lain; mi heroína japonesa de 14 años, la que no dormía por las noches para flotar entre cables e inventar su nueva identidad cibernética, su verdadero yo, la que se permitía ratonear a masculinos de toda edad y visitar lugares a altas horas de la noche.
Yo fui Lain durante tres, cuatro, cinco años.
Me interné día y noche a escribirle privados y privados a mis novios del espacio, aprendí de códigos de programación, ya que el PIRCH y el MIRC así lo dictaban. Chateé hasta aprenderme el orden de las letras en el teclado sin mirar, me presenté al colegio con la cabeza agujereada de falta de sueño, litros de coca cola y horas de sailor moon. Nos matábamos a pajas en el chat, y después en las fiestas que hacíamos para conocernos, no nos dirigíamos la palabra.
El dulce sentimiento de ser un geek sin saber que uno lo era, que estaba creando el concepto en su versión latinoamericana. Todos nosotros preferíamos ser nuestro nick name, nos escondíamos detrás del poder que nos daba que nadie supiera si en realidad eramos lindos o feos, gordos o flacos, mayores o menores de edad.
Nos encantaba.
Con la desaparición de los programas y canales de chat, surgieron icq y su versión aggiornada, el msn. Que en paz descansen. Pero para eso ya tenías que ser amigo, conocido, tener al menos un mail, un número de identificación. Aún recuerdo mi numero de icq 31334755. Ese número es a mi alter ego,
lo que mi dni es a esta versión careta de mi misma que uso para ir a trabajar y hacer cola en el banco.
Cual de las dos soy yo? A mi no me importa. Uso la que me venga mejor en cada situación.
Al año siguiente, ante mis ojos se presentó la posibilidad de mostrarme ante el mundo con mi visión del mismo: mis fotos. Y caí en las manos del dios fotolog. Creo haber tenido cuatro fotologs abiertos simultáneamente, haber puteado porque me cerraran dos por haber violado algún código de conducta y tener muchos effes. Junto con esta movida, llegó el furor de los freaks que te llenaban el fotolog de dibujitos de scripts de mariposas gigantes y te invitaban a sus effes, prometiéndote hacer lo mismo. Nunca lo entendí. Disfruté de poder subir escritos e imágenes una vez al día, de poder comunicarle a los demás que esa mañana, yo me sentía “así”: foto llorando, foto flaca, foto vacaciones en pleno invierno para que todos los pibes digan cómo te doy, foto de familiar fallecido, foto mascota, foto rainbow brite, foto del cielo lluvioso, arcoiris, foto de película de tim burton, foto de dj tocando en big one, autofoto con boquita.
Pasaron los años, llegó facebook.
Y entonces, todo lo demás, ABSOLUTAMENTE todo lo demás, es una mierda.
Mi perfil de facebook ni siquiera lo cree yo. Me lo hizo mi mejor amiga, que vive en España, con el afán de husmear el tamaño del culo de nuestras compañeras de secundaria, ver cuantos hijos habían parido y si habían estudiado alguna carrera. Honestamente, a mi todo eso no me importaba. Pero accedí, puse una foto mía y le di para adelante.
SI LO HUBIERA SABIDO ANTES.
La única droga que me falta probar es la heroína, pero apuesto la cabeza de mi perra que no debe ser un cuarto de adictiva de lo que es el facebook, ni un cuarto de útil, ni hermosa, ni fácil de conseguir.
Hoy lei que un chico entre mis contactos ponía en el muro “antes se rezaba antes de empezar a comer, ahora se saca una foto del plato y se sube a facebook” .
Qué imbéciles somos.
Mi novio me dice por inbox te puedo dar un beso?  Está al lado mio en la cama y yo estoy con mi teléfono y él con el suyo, lo peor de todo es que le contesto “sos un pelotudo” y sigo subiendo fotos, bizca, poseída, vibrando al son de cada notificación.

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Los primos

Y como los primos pequeños le hacen lugar en la cama a los primos grandes cuando los tíos se pelean… hoy le ponemos la alfombra roja para recibirlos.
Sabemos que el 320 les parece una reverenda garcha atómica. Sabemos que no les gusta volar todos los días, sabemos que detestan la posta en Neuquén y los viáticos en pesos. Sabemos que el Patio Olmos no es el Ross, sabemos que el sol en la pileta de Mendoza no pega igual que en Miami.

Pero igual les damos un abrazo y la bienvenida a nuestro pequeño pasillo. El avión es chiquito pero el corazón es grande… déjense hacer un tecito y olvidarse de las penas del Charlie Kilo Uniform.
Déjense envolver por lo adictivo de la comunidad FBO.

Hola. ¿Cómo te llamas?

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Prom Queen

En 40 visitas más el For Bitching Only habrá llegado, por primera vez, a las 2000 visitas semanales.

Quiero contarles algo; algo libre de gracia y de ansias de hacer reír, despojado de egocentrismo y también de falsa modestia, alejado del espíritu del FBO y de los aviones, y cerca, muy cerca de una sola cosa.
Cerca de mí.

Yo no pensé que podía escribir.

Empecé a escribir cuando era muy chica; llenaba cuadernos y cuadernos de sentimientos, de preguntas, de teorías. Escribía en clase mientras las profesoras hablaban y soñaba con el terror de que me sacaran el cuaderno y pretendieran leer algo en voz alta para humillarme. Demasiadas películas, Prom Queen, a las profesoras del Lenguas Vivas poco les importaba si la negrita del fondo escribía pelotudeces en un cuaderno o tomaba interesantes notas acerca de su clase.
Los cuadernos pasaron a ser grandes. Aparecieron personajes, historias, locaciones desconocidas. De pronto, una canción disparaba la necesidad de escribir el guión de la vida de una persona que estaba viviendo bajo la banda sonora original que yo estaba escuchando. Y entonces surgieron las ciudades imaginarias. Yo conocí las rutas y los moteles, me senté en las cafeterías, viajé en subtes, tomé micros, armé bolsos, me revolqué con hombres y me emborraché en bares de striptease… todo, sentada en la silla de mi habitación, todo desde mi dulce cama con cortinas, una cama de princesa regalada por mi mamá al cumplir 15.
Yo no había salido jamás de Buenos Aires, pero ya conocía el mundo entero.
Lo que necesitaba era que todos los demás pudieran conocerlo, que pudieran ver lo que pasaba afuera, con sus propios ojos.
Entonces empecé a escribirlo, aunque nunca jamás nadie me leyera, aunque mis historias quedaran en mi cajón, aunque mi visión de Norteamérica, de Londres, de todos los moteles, las rutas, los aeropuertos, los hombres y las mujeres perdidos, no se parecieran para nada a la realidad. Aunque desde mi oscura cama con cortinas fuera todo una fábula, una mentira, un sinsentido; para mí, era real.
Durante años dormí con un pedazo de espejo roto con una filosa punta y una garrafa de sifón vacía debajo de mi colchón: si alguien entraba por la ventana a atacarme estaba lista.
Durante años tuve una mochila preparada con ropa y víveres necesarios por si tenía que huir.
Durante años hice listas de lo que no debía olvidar si tenía una emergencia de vida o muerte.
Así es la mente de alguien que vive en su imaginación. Será que a veces, es más fácil vivir en ese motel inventado que en la propia habitación.
Mi imaginación fue mi droga, fue mi evasión y mi salvación.
Hablé conmigo misma y mis personajes; organicé fiestas, almorzamos, merendamos, pasamos la noche juntos. Por las noches sacábamos el colchón por la ventana a la terraza y mirábamos el cielo: las antenas y sus luces rojas. Las estrellas. Algún avión.
No puedo imaginar una adolescencia mejor.
Soñé letras, viví letras, comí letras, vomité letras.
Una vez intenté morir letras.

Pero jamás pensé que de verdad podía escribir.

Hoy, 17 años después de esas noches, pongo una canción de Pulp, me subo a los aviones, visito las ciudades, toco a estos hombres y mujeres, y me siento a escribir nuevamente.
Todo sigue igual, menos una cosa.
Alguien me lee.
Alguien se sube a bordo de las letras y elige viajar. Alguien visita mis oscuros palacios, alguien trepa a la torre más alta, alguien acaricia mis perros, llora mis penas, ríe mi estupidez.
Esta semana lo han hecho 2000 personas. DOS MIL PERSONAS.

Entonces quizás sí puedo escribir.

Y me largo a llorar. Por qué? Porque no se puede dejar de tener 15 años, no se puede dejar de tener 6, de tener 25, de tener 32. Porque tengo todas las edades juntas, porque soy todo lo que fui, porque soy todo lo que soy.
No quiero darles las gracias por leerme: quiero regalarles mi vida, quiero que me coman de a pedazos, que me desintegren, que me respiren, que me vean tal cual soy. Quiero que tiemblen de emoción, que se alejen con asco, que cierren los ojos, que vivan ESTE hoy.

Toda la vida soñé con subirme a un auto con mi perro y manejar con un bolso por una ruta yankee, parar en un motel mugroso y oscuro, con carteles de neón. Me sentaría en la cafetería de al lado y pediría algo grasoso, guardaría un poco para mi perro, escribiría en un cuaderno mientras en la tele dan algo que no me interesa.
Y sonaría una bella canción.

Sin embargo, no conozco Estados Unidos. Hay algo en su cultura que me asquea y me molesta, como un principio imbécil que no me permite pedirles su inmunda visa y su permiso real para pisar ese bendito suelo Norteamericano y finalmente llegar a mi asqueroso motel.
No me importan sus puentes, sus ofertas, su estatua de la libertad, no quiero sus casinos, ni sus Canyones, solo quiero llegar al motel, emborracharme hasta caer rendida en la cama: que las cortinas sean horribles, que el baño funcione mal, escaparme del conserje que odia a los perros, despertarme a la mañana siguiente con resaca y comprar un jugo de 20 litros en un botellón.
Manejar un auto arruinado y escribir.

Escribir.
Y que alguien lo lea.