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Bamba shaped heart

( Los dos temas con los que fue escrito el post son éste y éste) Es la primera vez que me siento a escribir con el sillón vacío.
Sé que cada palabra que escriba va a ser insoportable. Estas 23 palabras que escribí ya me provocaron taquicardia y llanto. Dónde estás? Dónde estás? Adónde te has ido? Me acuesto en el sillón vacío, con las piernas retraídas a mi estómago y apoyo la cabeza en el almohadón. Miro el mundo como vos lo mirabas, y me veo pasar, me veo entrar y salir, me veo barriendo, entrando con un té, saliendo con el carry, hablando por teléfono. Así es que así me veías vos.

Así me veías vos, Bella.

Escribo esto para llorar.
Creo fervientemente en el poder del llanto.
Creo en el amor que se desprende en cada lágrima, en cada espasmo de dolor.
Escribo esto para que se sienta lo desagradable e inmundo de permanecer en un mundo donde no estás. Lo escribo para que cada uno de ustedes sea visitado por los invisibles y apuñalado una y mil veces con un acero oxidado, lo escribo para que se desangren y mueran mil veces, con cada palabra, con cada imagen de lo que es esta muerte horrible e inexplicable. Saben por qué? Porque eso es escribir. Y eso debería ser leer. Lean con el corazón: lean sintiendo cada síntoma, lean entendiendo la verdad detrás de todo este escrito. Leanlo y sufran, lloren, pónganse en nuestro lugar. Y una vez terminado, lávense la cara y olvídenlo para siempre. Vivan sus vidas, minuto tras minuto sin recordar este infierno y este abismo, vivan cada minuto de sus vidas sin pensar en nosotros, pero sabiendo que hay que sentir. HAY QUE SENTIR.

El 26 a la noche pasé la peor noche de mi vida. Por primera vez en esta enfermedad, te ví sufrir. Junté tu sillón con el mío, enfrentados, y armé una especie de cajón-cama, con mantas, almohadones y toallas. Nos acostamos ahí cerca de las 4 de la mañana y escuchamos el Adagio de Mozart durante horas. No dormimos ni un minuto, nos miramos a los ojos muchísimo, te hablé, me abrazaste, te acaricié, lloramos, lloraste muchísimo, muchísimo. Por momentos me quedaba dormida por un segundo, llevada por la pesadez y la oscuridad de la situación, y me despertaba tu quejido y tu hocico en alguna parte de mi cara, mis brazos, mis piernas. No sabía cómo librarte de tu dolor. Tan sólo te prometí que terminaría pronto y que ibas a descansar, preguntándome a mí misma cómo diablos iba a hacer para clavarte una aguja y obligarte a partir.
No creo en eso.
Yo no creo en eso.
Pero estaba dispuesta a hacerlo, pasé toda la noche pensando cómo iba a ser verte cerrar los ojos mientras pensabas que YO te había clavado el aguijón mortal.
No, mi cielo, no. Cómo yo voy a hacerte algo así? Cómo yo voy a provocarte la muerte, cuando disfruto de tu respiración más que de la mía. Cómo voy a hacerte ir antes de lo que VOS decidas, si sos sabia, si sos TODO.
Pero estaba decidido, con el primer rayo de sol, el Doctor recibiría mi mensaje pidiéndole el favor horrible y asesino de librarte de tu llanto y tu incomodidad. No te pedí que no lloraras. Te dejé llorar. Te dejé llorar porque vos me dejaste llorar a mí. Me abrazaste con tu cuello, me secaste las lágrimas con tu hermoso pelo negro, suave y brillante, tan tuyo, tan mío.
Esa noche duró mil horas. Los minutos no pasaban, nos dimos vuelta en nuestro cajón-cama 10, 20, 30 veces. No encontrabas una postura en la que no te doliera. Qué te duele mi amor? Te pregunté. Te posé las manos en la pancita y le pedí a Dios que no te hiciera sufrir. Que no había ser más brillante y hermoso en esta Tierra. Que no me había puesto delante de nada tan hermoso en 32 años, que por favor, le entregaba el reino de mis logros y sueños porque te llevara de una vez y no te hiciera sufrir ni un minuto más.
Pero los minutos seguían pasando.
Me diste aquella mirada. Me la diste.
Después de meses de pensar y preguntarme si te despedirías con la mirada, el momento llegó. Te besé, te besé, te besé. Te dije que te amaba más veces de las que se la dije a nadie en mi vida, y seguimos esperando. No eran ni las 6 de la mañana y seguías tratando de vomitar todo ese mal que te secaba el cuerpo. Sharam se acercó varias veces, se inclinó ante vos, despidiéndose en nombre de todo el clan culino: Leia y Fif. Lo dejaste caminar entre tus patas sin perderlo de vista y le rendiste tus respetos también. Cuando se hicieron las 7, ví el sol. No quería verlo, no quería saber que tenía que llamar. Seguimos acostadas escuchando a Mozart, con nuestras mantas vomitadas, rodeadas de ese olor a muerte que tenía toda la situación.
Se hicieron las 8 y me levanté para sacarte a pasear.
Mientras me bañaba, Seba te cuidaba, se quedó al lado tuyo para saludarte y abrazarte. Para agradecerte el haber cambiado su vida para siempre.
Cuando salí de la ducha, habías vomitado algo oscuro y espeso. En el momento en el que largaste eso, algo dentro tuyo desapareció. Se fue el dolor, se fue el llanto y no te quejaste más. Quedaste ausente y sin fuerzas tirada en el sillón. Acababas de vomitar tu bicho, tu mal. Y me hace feliz saber que Seba te ayudó. Te agarré en mis brazos y salimos a la calle.
En la puerta estaba tu papá.

Hiciste un pis y caíste rendida. Te levantó a upa y te llevamos a su casa. Acostadita en la colcha de colores, con la mirada perdida, ya no estabas ahí. Estabas sin estar.
Te miré a los ojos bien de cerca, pero tu mirada estaba en otro lugar.
Te acariciamos, te besamos, te contamos mil historias. Adele, Paris y Moet dieron vueltas a tu alrededor.
Adele se acostó a tu lado formando con su cuerpo un Ying Yang galguno que me llamó mucho la atención. Sacamos fotos, te abrazamos, te dimos todo nuestro amor. Cerca de las 10 algo pasó.
Tus ojitos parpadeaban rápido y tu cabeza se movía eléctricamente.
La habitación se cubrió de desesperación. Mau quería llevarte de urgencia al Pasteur, pero, yo sabía que querías estar ahí. Lo supe, lo sentí.
Ese era tu lugar para partir, y éste era el momento.
El doctor dijo por teléfono que había que inyectarte decadrón, Mau salió corriendo y nos dejó solas.
Tu sistema nervioso estaba siendo invadido. Temblabas mucho.
Te dije que no tuvieras miedo. Te dije que ya estaba, que tenías que irte.
Te dije que no tuvieras miedo por mí, que yo iba a estar bien. Te dije Gracias Bamba. Gracias por todo esto, gracias por venir a buscarme, gracias por sacudirme, gracias por hacerme despertar. Gracias por acompañarme en lo más doloroso que jamás pasé.
Gracias por elegirnos a nosotros, gracias por atravesar un campo de espinas para llegar a nuestra puerta, gracias por darnos el honor de acompañarte en este momento.
Gracias, Bella. Andá, andate, andá. No temas nada, vas a un lugar enorme, vas a un campo verde y hermoso, vas a Rivendell, vas a las tierras imperecederas, vas a correr liebres y a comer el asado que te va a hacer mi papá. Vas a cuidarme desde el cielo, vas a verme pasar con mi avión. Te vas a un lugar hermoso, al lugar del que venís. Te vas con todo hecho, te vas habiendo amado y habiendo logrado que cientos te amen. Te vas teniendo la mirada más dulce que he visto, te vas, te vas Galguini, te vas…
Esa Bamba, esa Bamba, esa Bamba, esa Bamba, y esa Bamba, y esa Bamba, te canté al oído.
Temblabas, temblabas. Tenías una lágrima en tu ojo, juro por lo que más amo en este mundo, tenías una lágrima en el ojo, queriendo caer.
Te sostuve la cabeza y te repetí, no tengas miedo, no tengas miedo, no tengas miedo…
Entró Mau y te inyectamos, ahora podrías respirar mejor, fuera del shock.
Temblaste un ratito más.
Te dijimos todo, te abrazamos, te lloramos.
Por última vez respiraste, se notó que te ibas, se notó que era la última vez. En un grito de desesperación te dije CHAU BAMBA! CHAU! TE AMOO!!! y explotamos, explotamos de amor.
Te quedaste quieta.
Ya no respirabas más.
Mau te secó la lagrimita.
Te toqué el pecho para ver si era verdad que no respirabas, que no latías, que no estabas más.
Pero parecía una película.
Parecías un buen actor fingiendo estar muerto, de alguna manera, quería encontrar algún latido en alguna parte. Quería escuchar tus fluídos correr, tus venas, tu estómago, aunque más no fuera escuchar a ese puto tumor.
Pero nada.

Sólo pude estar segura cuando sentí que viajabas directamente adentro de mi corazón. Te instalaste cómodamente como en un sillón nuevo, lo tomaste todo, ENTERO. Y apoyaste tu tierna cabecita para dormir una siesta.

Te fuiste pendeja, te fuiste.
Y no te fuiste cuando YO decidí, te fuiste cuando VOS quisiste, Gracias.

Y quiero ser madura y quiero ser evolucionada. Quiero ser mística y espiritual, quiero sentirte en la brisa y en los árboles, quiero saber que vas a vivir en mí para siempre, blablabla.
No puedo.
No puedo ser una mierda de espiritual ni de lógica, ni quiero comprender que este es el camino de la vida y que cumpliste tu misión, no quiero saber que me cambiaste, no quiero saber que ahora todo será mejor, no quiero escuchar que todos somos mejores gracias a vos, no quiero otro perro, no quiero ver un solo animal más. No quiero estar viva, no quiero extrañarte, no quiero viajar sola este viaje puto de mierda que es mi vida sin vos. No quiero pisar ese campo nunca más en la vida, quiero prender fuego mi casa, no quiero sentarme, no quiero dormir, no quiero amar.
No quiero entenderlo, no quiero que pase, no quiero sentirme mejor.

En un rato me voy a trabajar.
Le sonreiré a mis compañeros y a mis jefes. Le sonreiré a los pasajeros, le sonreiré a mis amigos, a mi novio, le sonreiré a mi ex.
Le sonreiré a la puta presidenta de la nación si hace falta.

Pero vos, acostada en ese sillón, ahí adentro, calentita y dulce, suave y hermosa, sabés que estoy furiosa, sabés que odio las leyes de aprendizaje de esta vida, que son tan putas y duras conmigo desde que abrí los ojos por primera vez.
Vos sabés que seguiré sonriendo por los siglos de los siglos y que seguiré dando todo mi amor, poniendo la otra mejilla, respirando profundamente ante las adversidades y las dificultades. Siempre.
Pero, minuto a minuto, se me va cortando el corazón en forma de galgo. Va perdiendo sus aurículas y sus ventrículos, perdiendo sus cámaras, sus compartimentos, perdiendo su color. Se recorta la carne de sus costados, se transforma en un órgano fino y delicado, con un cuello largo y unas patas flacas, con un abdomen pronunciado y una gran nariz. Mi corazón es negro ahora, y Bambea sangre hacia todos lados, una sangre infectada de amor y de dolor, en el porcentaje justo para irrigar una vida nostálgica y saturnina, para mojar mis ojos al menos una vez al día, y marearme con la metástasis que dejará esta partida.

Adiós Bella.

Me estás mirando desde tu nuevo lugar, y sabés que lo único que calma mi llanto, es acostarme en tu sillón, y sentir que me abrazás como una mamá galga, y me decís que ya va a pasar, que no tenga miedo, que voy a estar bien. Que se viene algo mejor, y que recuperaré la alegría de estar viva. Y que vas a estar presente ese día, y todos los demás. Hasta que nos volvamos a encontrar.

Chau Bambina!!
Cuidame desde el cielo.
Te voy a extrañar todos los días de mi vida.

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Desadaptación al vuelo.

Algo te está desadaptando.
Algo está haciendo que se borren tus pasos, esos que creíste grabados en cemento, no son ni siquiera huellas en la arena. Van desapareciendo de a poco, apenas sube la marea.
Estás en el lugar que creíste soñado. Estás en aquella cumbre que alguna vez miraste desde abajo y resultaba imposible de escalar.
Alguien le cosía tu nombre al uniforme que estás usando hoy, cuando vos ni siquiera sabías qué talle eras.
Todo este camino, todas estas espinas, todas las llagas de tus pies…
Todo te condujo adonde estás hoy.
Pero por alguna extraña razón, hoy no querés estar acá.

Este avión te pasó a buscar por la puerta de tu casa.Te dio tus primeras alas, te enseñó a enfrentar y a soñar, te enseñó a crecer, te enseñó a correr, te enseñó a volar.
Este avión te llevó a tus destinos internos, a todos esos lugares a los que temías ir solo, a los que morías por conocer, a los que jamás creíste que podrías llegar.
Y hoy?

Te expulsa.

No sabés como ocurrió.
No solías tenerle miedo a las turbulencias, ni a las tormentas, ni a los vientos cruzados.
Para vos siempre fue una montaña rusa, vos te reías con los pozos de aire, tranquilizabas a los pasajeros con tu sonrisa fresca mientras te atabas tu cinturón mirándolos de frente. Vos aprovechabas el cartel de cinturones para dormir un rato, el movimiento de las nubes te acunaba como a un bebé.
Y hoy?

Temblás.

Hoy tomás medicación a escondidas del servicio médico, hoy te encerrás en el baño en los embarques full, hoy te transpiran las manos con el mínimo sacudón, hoy llorás ante un mapa rojo en un briefing.
Hoy cerrás con llave la puerta de tu casa sin saber si vas a volver. Hoy besas a la gente como si fuese la última vez. Hoy odiás los hoteles y los restaurantes.Hoy te encerrás en tu cuarto, hoy apagás el teléfono, hoy no querés escuchar.

Volar es una droga peligrosa.
Volar es un paraíso indescriptible mientras dura el idilio del amor, pero se transforma en un pánico insoportable en cuanto aparece el más mínimo temor.

Te he visto llorando, temblando, dudando de todo. He entrado en tus neuronas y he recorrido el pegajoso laberinto gris de tus ideas, de tus razones, de tus fronteras. Te he escuchado decir que ésto ya no es para vos.
YO soy tu vuelo. YO soy tus sueños, YO soy tu amor. YO soy ese que ves en el espejo cuando mirás dentro de tu ojo enrojecido, malgastado y malherido de tanto fregar y refregar.
YO soy todo aquello que quisiste ser, todo aquello que perseguiste, lo que conseguiste y lo que encontraste sin querer. YO soy la sustancia serotonínica entre las células de tu cerebro, YO soy tus manos, YO soy tus piernas, YO soy vos.

No existe tal cosa como la desadaptación al vuelo.
No te dejes engañar, no googlees pavadas, no te mientas más.
No te desadaptaste al vuelo, te desadaptaste a vos mismo.

Y te estás viendo de afuera, te estás viendo caer.
Una película horrible en la que sos el protagonista y no hacés más que fracasar, que temer, que parar, que sufrir, que abandonar.
Pero como todas las películas, ésta también va a terminar.

YO soy tus ojos, soy tus lágrimas, soy el motivo por el cuál existís.
YO soy tu risa, soy tu pasado y soy todo aquello que está por venir.
Yo soy tu corazón, tus latidos, tus pasos, tu avión.

Subite de nuevo, que no hay turbulencia tan grande, ni cielo tan negro, ni embarque tan lento… subite, que no hay vuelo tan largo, ni miedo tan fuerte, ni pozo tan hondo…
Subite una vez más, que no hay cosa más bella que encontrar alguien con quien viajar.
Dale subite, que cuando subas lo vas a encontrar.
Y no habrá llanto más lindo que el tuyo, y tu risa tendrá más eco que nunca, dejá todas esas mochilas, abandoná los miedos en alguna cinta.

YO soy vos mismo y te vengo a buscar, para que vengas a volar conmigo.

wc
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I know that you smoked some Pichin.

Hay cosa más fea que estar por aterrizar y tener que vaciar las cafeteras, tener sólo 30 segundos para hacerlo y encontrarlo ocupado?
Si.
Estar por entrar al baño, que esté ocupado, esperar a que se desocupe para vaciar las cafeteras, que se abra la puerta, salga el sujeto en cuestión, entrar nosotras raudamente después de él y ser envueltas por una nube tóxica de orina que flota en el aire y se mete como un relámpago por nuestros orificios nasales, penetrando directamente en nuestro cerebro bañándolo del amoníaco monstruoso de las toxinas pillinas que salieron de su uretra.
El olor a pis ajeno, es algo inmundo.

La situación empeora si el que sale del baño es conocido. Se desconoce el motivo.

Dime a qué le huyes y sabremos quienes eran tus padres.

GALLOBuenas Noches a todos los presentes, les agradezco que hayan venido a esta conferencia, les agradezco su atención y su presencia. Cuando termine la exhibición podrán disfrutar de un cóctel y se les entregará el diploma de asistencia. Les solicito que presten atención a la salidas de emergencia de la sala y se les agradecerá que bajen el volumen de sus teléfonos celulares y que tomen fotos sin flash.

No sabría decir cuál de los sentimientos humanos me resulta más terrible. Supongo que si calificáramos todos los matices de las corrientes frías y cálidas que envuelven nuestras entrañas durante las eternas horas de desasosiego, cualquier sentimiento que tuviera que ver con el miedo, caminaría con tranquilidad hacia las semifinales; si en esa instancia lo juntáramos con algunos otros aspirantes a la corona, creo que, el abandono, podría alzar la copa del rey de los sentimientos que pueden arruinar una buena vida.

Esta charla está pensada para todos ustedes, amigos invisibles que ocupan las butacas de atrás y de adelante; que se sientan en los asientos vacíos y les respiran en la nuca a los pobrecitos que ocupan los asientos llenos. Ustedes, implacables invisibles, que se ríen de nuestras convenciones y nuestras poesías, ustedes que esperan que salgamos desprevenidos pensando en el ragout de hongos para clavarnos un abrecartas en las encías.

El miedo al abandono me persigue a cada paso.
El miedo al abandono existe y convive, habla, aparece, trabaja, cocina, duerme, coge, pasea, ríe, y crece, conmigo.
No lo inventé yo, a mí me lo dieron. Cuando lo conocí ya caminaba y sabía exactamente qué quería ser cuando fuera grande. Yo pensé que era un perrito abandonado y me lo llevé a casa, pero después de hacerle un arroz con manteca y sacarle las garrapatas, resultó que él era el dueño de los escalofríos y de los sueños que mojan almohadas, resultó poderoso y absoluto, magnánimo, cariñoso y seductor. Me encuentro hablando sin leer mis notas, ya no puedo recordar el discurso que tenía preparado antes de venir. Los noto atónitos y concentrados. Acaso les suena?
Les pregunto a que le temen y nadie contesta.
Son tímidos o pudorosos, o no saben por donde empezar?
Pienso que los invisibles les han metido las servilletas de tela en la boca, los han atado de pies y manos, los han logrado callar.
Entonces sigo. Sé que me tienen marcada y esperan el momento justo para volverme a atacar.

El miedo al abandono no me deja estar sola ni un minuto de mi vida sin darme cuenta de que lo estoy. El miedo al abandono no me permite hacer vínculos sin pensar que pasaría si se terminaran en contra de mi voluntad. El miedo al abandono me encuentra inventando teorías acerca de los motivos por los que me encuentro tan bien con el único fin de distraerme de lo mal que estoy en realidad.
El miedo al abandono me hace abrazar a la gente hasta ahogarla, me hace amarla, cuidarla, necesitarla y venerarla… justo hasta el preciso momento en que la mente ENTIENDE que se ha enamorado de verdad, un segundo después de eso, el miedo al abandono se encargará de destruir toda tranquilidad, y emprenderá la ruta hacia el egocéntrico camino de no equivocarse jamás. “Me abandonará, me abandonará, me abandonará” por lo tanto si yo lo hago antes entonces no me dolerá.

Claro.

Decidimos entonces, mi amigo y yo, que el hombre en cuestión me dejará de querer. Razón por la cuál, actuando en consecuencia, buscaremos la manera de que el impacto sea el menor posible y nos iremos haciendo la idea de que todo se va a acabar. El tipo me VA a abandonar. Está claro, no quedan dudas, no hay más que hablar, para qué consultarlo con él, para qué decírselo, para qué negarlo si ESTA es la pura verdad.
Y dicho esto, sin hacer partícipe de nada al futuro abandonador, entonces lo abandonamos.

Y así es como nos hemos transformado en nuestros miedos.
La sala estalla en aplausos, las cadenas invisibles caen, la gente está de pie, la gente aúlla, la gente enloquece.
Agredezco a todos nuevamente y junto mis papelitos y me voy.
No me quedo al cóctel, no.
Me voy con mis invisibles caminando por Carlos Calvo, mirando a la gente levantar la mesa por las ventanas del primer piso de un edificio donde al lado, todas las mañanas canta un gallo. Un señor tiene un gallo en capital, se me llenan los ojos de lágrimas, un señor tiene un gallo en capital. Todos los días cuando paseo la perra lo escucho cantar, un gallo en capital.
Me siento en el descanso de un edificio que están arreglando, y pienso que me gustaría vivir acá. Miro la terraza del gallo y no lo escucho cantar, pienso “No son horas, no son horas de cantar”.
En el cóctel deben estar entregando los diplomas que guardarán en sus cajones, los diplomas que les mostrarán a los amigos con los que recitan las claves del buen vivir.
Y yo no quiero esos diplomas, ni esas cazuelas de risotto, no quiero ese champagne servido por gente que no quiere estar sirviéndole a otra gente porque quiere estar en su casa durmiendo. No quiero que este grupo boy scout de invisibles espere a que cruce la calle para patearme el estómago. Pero lo hacen.

No puedo verlos, no es justo. Digo antes de caer. Me golpean todas las partes del cuerpo, me empujan, me tiran, me cortan, me abren.

Escupo mis dientes llenos de sangre, cierro mis ojos, estoy sola otra vez. Pienso en el gallo de Virrey Cevallos, pienso en pasar a buscar el acolchado y ver a la china de la tintorería una vez más.
Esa señora es la única que sabe lo que es vivir. Con su mirada felíz, su español graciosísimo, sus preguntas incomprensibles, su amor, todo su amor.
Esa señora me ha enseñado más en un beso a través de la reja, que muchas miles de noches rompiéndome la cabeza. En la bicisenda quedé tirada, de la mano que va a San Juan, un tipo toca el tring-tring de su bici y me arrastro hacia el cordón para dejarlo pasar.
Se han ido.
No me han robado, no me han violado, no me han sacado el reloj. No uso el de agujitas, uso el otro, el que va en el útero, el de los óvulos. Me acuesto boca arriba en las baldosas partidas, sangro, lloro, me desangro. Heme aquí una vez más.
Más sola que mal acompañada, más vencida, más sabia, más inútil, más tarada. Pienso en prender fuego los diplomas caretas que habilitan a la gente a hablar de los sentimientos de los demás.
No hay más que lo que uno percibe, no hay psicólogos, no hay padres, no hay universidad.
No hay más que este cristal borroso, esa es la única verdad.

Pienso en los triunfos, los miedos, en todo este amor,
de qué servirá que todo sea tan invisible,
tan imposible,
miro el cielo con la cabeza apoyada en Virrey Cevallos,
veo el primer rayo de sol,
escupo mis dientes,
y escucho cantar a un gallo.