Boluda, estamos en cabecera.

the-ritz-carlton-hongkong-10-chinese-restaurantA las 12 de la noche tapé a la perra, apagué la luz y me tapé hasta arriba del cuello. Afuera hacía mucho frío: 5 grados, vientito, silencio total. El despertador sonaría en 4 horas exactamente.
Me desconecté de la mátrix y entré al nabucodonosor.
La primera parte del sueño es irrelevante, les transcribiré la parte que encuentro más interesante.
Llegué a sala de briefing para hacer el vuelo y éramos 5. El piloto, el copiloto, la asistente de sala de briefing y mi mejor amiga de la primaria.
El Piloto comienza el briefing, apurado porque estábamos sobre la hora, yo lo miro y le digo “No, espera, falta la jefa” a lo que él responde “Venís vos adelante y ellas dos que vayan atrás”.
Yo intento explicarle que yo no soy jefa y que además somos tres, que nos falta una. A lo que el señor responde con la mano levantada haciendo un movimiento rápido como de patova en puerta de boliche cuando deja pasar a la gente, mientras repite con énfasis “SALEE, SALEEE, SALEEEEE!”
Estaba decidido, íbamos a salir con una TC como JEFA y como TCs íbamos a usar a una empleada administrativa y a mi mejor amiga de la infancia, que en la vida real, es profesora de Yoga. Bueno, vamos.( total, es un sueño, que más da)
Llegamos al avión, y yo, toda nerviosa. Mi primer vuelo de jefa, imagínense! En mis sueños sí ascendí! En mis sueños sí sirvo para el puesto! Salvo que no me eligió la empresa ni me dio un curso, estoy ahi parada en el galley, petrificada de terror tratando de entender qué hacer.
Suben los pasajeros, los recibimos, todo bien, cerramos la puerta.
Agarro el libro de fraseología para dar la bienvenida y venga las hojas para acá y para allá, el avión haciendo pushback y yo sin encontrar la solapa de Aeropuerto, o Antes del despegue, o Bienvenida o como PORONGA se diga. En mi mente, consciente de que las puertas están desarmadas, estamos en movimiento y esperando la orden de “puertas en automático” del capitán.
Finalmente encuentro la hoja, tomo el P.A. y justo escucho abrirse el mic del cockpit.
“Tripulación estamos próximos al DESPEGUE”
QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ?
Estamos TODOS LOCOS??
Cómo Próximos al despegue si no armé las puertas, si tengo el galley lleno de porquerías, la gente parada y encima de pronto me doy cuenta de que el avión no es un 320 sino un 67. La miro con pánico a mi compañera que no es más mi amiga de la primaria sino mi amada ROLIS (trabaja conmigo en la vida real) y le digo, BOLUDA LA PUTA MADRE QUE LO PARiÓ!! BOLUDA QUE ONDA ESTE CHABÓN, CÓMO PRÓXIMOS AL DESPEGUE?
A lo que ella me responde “Boluda, estamos en cabecera”.
Le digo “Armate esta puerta y anda corriendo y armá la de atrás”.
Ella arma y cuando se está por ir le digo, “Boluda, pará, esto es un 67? Qué onda?”
Ella me responde “No sé, no sé, no sé que onda.”
Mi crisis me hace decir en voz muy alta ” Pero YO NO TENGO LICENCIA PARA VOLAR ESTE AVIÓN!!!, armá todas las puertas que veas y quedáte allá, trabajen allá” y escucho rugir los motores como un puma saltando de asiento en asiento. Por PA le IMPLORO a los pasajeros que se sienten y se aten en un aviso que no suena muy corporativo.
Mi primera experiencia como jefa no estaba siendo muy impecable.
Intento comunicarme con el cockpit pero no me atienden.
Por algún motivo intuyo que no hay ningún problema sino que, simplemente, este es un sueño de mierda, como esos sueños en los que uno no sabe POR QUÉ CARAJO no hace la cosa más normal y natural, que en este caso hubiese sido llamar y decirle “escuchame papito no puedo despegar así, que pasa? dame dos segundos…” Pero no, en el sueño no salió y yo despegué con el galley repleto de cosas, gente a medio sentar, una tripulante menos y en un avión que desconocía, sin haber pasado el cabina libre.

Salimos.
Estamos en el aire.
El avión, es enorme. Aprovecho para mirarlo bien.
Tiene un hermoso tapizado bordó y crema, un pasillo largo con alfombras rojas lleva a unas puertas de baños de hombre y mujer con muñequitos indicativos.
Otro pasillo más allá, dobla a la derecha y se pierde, otro pasillo a la izquierda lleva a otra línea de asientos, otra cabina, supongo. El hamster dando vueltas en la ruedita de mi cerebro me dice…”Boluda, esto no es un 67.”
Se sube el tren y la gente se empieza a parar como si fuera lo más normal del mundo, se levantan las señoras para ir al baño y los demás buscan en sus equipajes para ir a esas otras zonas del avión que yo desconozco. Yo tardo un segundo en reaccionar y me digo a mí misma “Esto debe ser un 380.” El terror me invade. Estoy a cargo de un 380. No subí en mi vida, no sé adónde estoy yendo, no tengo licencia, no sé cuantos pasajeros llevo ni dónde están, no sé donde están los galleys, ni la comida, no sé qué es lo que hay que hacer y atrás tengo a Rola y a Delloro. Crisis.
El cartel está encendido, se mueve todo y la gente parada como en un shopping.
Por P.A. les grito barbaridades en cualquier idioma para que se sienten.
No me hacen caso.
Se sueltan los carteles y me suena el Inter.
Es N.K. (en la vida real es un piloto de la empresa pero en el sueño era el jefe de flota de pilotos) y me llama desde su casa al avión.(?) (delirio)

Nahuel: Hola V, como va todo?
V: Va mal, Va MUY MAL. VA COMO EL ORTO.
Nahuel: Que pasó V?
V: Cómo qué qué pasó? Nahuel VOS SABÍAS QUE YO ESTOY EN UN 380? SABÍAS QUE SOY LA JEFA DE UN 380, que somos TRES TC en total y que debe haber 600 PASAJEROS? Sabías que este avión es ENORME, QUE YO NO LO ENTIENDO, SALEN PASILLOS PARA TODOS LADOS, LA GENTE ENTRA-SALE-SE PARA-SE SIENTA-APARECE CON MÁS GENTE DE OTRO LADO-NO SÉ DE DÓNDE SALEN !!!NAHUEL!??? ESTE PILOTO ES UN PELOTUDO!!!! Si!! SI VOOOOS! SI ME ESTÁS ESCUCHANDO AHÍ EN EL COCKPIT ESCUCHAME BIEN!ME SACASTE A VOLAR CON MENOS DE LA TRIPULACIÓN MÍNIMA Y ME PUSISTE DE JEFA, NO Sé NI A DÓNDE ESTOY YENDO!!! ME SACASTE DEL PAÍS!??? TE AVISO QUE… QUE NO HICE MIGRACIONES!!! TE AVISO QUE NO SE NI DONDE ESTÁ LA COMIDA… QUE NO PUEDO ENCUENTRAR UN PUTO GALLEY! ESTO PARECE UN CASINO, NO SÉ NI QUÉ AVIÓN ES…
Nahuel trata de tranquilizarme sin lograrlo y veo abrirse la puerta del cockpit y salir el piloto que se me acerca muy tranquilo, sin sentirse culpable pero sin mostrar enojo tampoco.
Yo sigo hablando con Nahuel a los gritos y el Piloto me hace señas de que corte.
Es morocho, alto, es hermoso.
De verlo nada más es como una cachetada de alplax que me humedece las rodillas.
Sonríe y me agarra las manos.
Entiendo que entre él y yo hay algo.
Ahhh, me digo a mí misma, (la tarada con la cabeza en la almohada)… son amantes!!!
Ahí por un segundo, la YO que duerme dice, Uh Qué cagada te mandaste porque hablaste como el orto de él con el jefe de flota, pero la yo del sueño me contesta, pará pará que ésto me lo acabo de enterar, su hubiese sabido que el piloto era tu novio no bardeaba tanto. Bueno, tu novio, mi novio.
Lo miro de nuevo, es mi novio de la vida real, que es piloto en la vida real. Claro, por eso me encanta.
Ahora me siento con más libertad de putearlo.
“Pedazo de Infelíz cómo me sacás a volar así?”
No me hacés armar las puertas, no me dejás poner el video de seguridad, no me dejas chequear cabina y me ponés de jefa y salgo con una TC menos y encima en un avión que cada vez que miro ES MÁS GRANDE!!!???”
El me da unos besos ahí, estamos en el corredor del casino show bar burlesque café concert ese, en la puerta del cockpit del avión ese que quién sabe que modelo es y que parece un universo flotante.
Me dice que no pasa nada, que yo puedo con todo, dos besitos y se encierra.

OJOS ABIERTOS DE PAR EN PAR. La gente pasa por al lado mío, parece entretenida, no piden agua ni coca ni nada van, vienen, están bien. Parece Disney.

Me tomo un segundo para pensar y organizarme y entiendo que me quedó FIRST CLASS, BUSINNESS, y una parte de ECONOMY, porque las chicas no van a poder con YC entera, así que me voy a buscar el galley. Lo encuentro. Hay cientos de carros, gabinetes, carteles. Es entrar en Alicia en el país de las maravillas. Un galley Lisérgico… insoportablemente infinito, un espejo reflejado en un espejo… en eso escucho voces y se me ocurre asomar la cabeza hacia afuera.

HAY MESAS VESTIDAS CON FLORERITOS EN EL CENTRO y GENTE SENTADA ESPERANDO QUE LA ATIENDAN.

NAHHHHH. No te la puedo creer.
Entro tímidamente mirándolos asustada: los miro muy de cerca a las caras como si ellos no pudieran verme, como si fueran animales disecados del otro lado de un vidrio en un museo de ciencias naturales. Los miro tratando de comprender si me están esperando a mí con las cartas en la mano esperando que YO les tome el pedido, les atienda la mesa y les cocine todo en una cocina a la vista que está al final del recinto.
Me acerco hasta el final, siendo violada por su mirada hambrienta y ahí encuentro carnecita, huevos, harina… ollas, cucharas, especias…
Se me viene el mundo abajo!!! COCINAR NOOOOOOOOOO!!!!!ME VAN A ECHAAAAARRR!!!!
Me arremango y a viva voz, casi a los gritos les digo…

“PAREN PAREN PAREN… A VER SI NOS ENTENDEMOS! USTEDES ESPERAN QUE YO LES COCINE, ESO ESTÁ MUY BIEN, PERO HAY COSAS QUE USTEDES NO SABEN Y NO ENTENDERÍAN, QUE SON MUY COMPLEJAS… PERO NECESITO DECIRLES QUE NO HAY SUFICIENTES AZAFATAS PARA TODO, ASÍ QUE PIDAN TRANQUI… TRANQUI…POR FAVOR…” con los ojos brillosos y agustiadísima escucho una tenue musiquita que empieza a sonar cada vez más fuerte… es cómo de un programa de televisión, como cuando están por darte la sorpresa o el regalo… un redoble TAKA TAKA TAKA TAKA TAKA y en eso APARECEN DOS TIPOS ALTOS CON CARA CONOCIDA que VISTEN CAMISAS DE COCINERO.
(la de la cabeza en la almohada juro que dice “NAH”)
Estos dos hombres aparecen en el “restaurante” y la gente de las mesas aplaude… yo los miro y de pronto grito “Anthony Burgess!!!!!!” y salto a los brazos de uno de los cocineros supuestamente famosos de la televisión, mientras todos aplauden.

asterisco.
Tengo que hacer un asterisco porque esto es muy interesante.
YO NO SÉ QUIÉN ES ANTHONY BURGESS. Recién lo googleo y me entero que es el escritor de la Naranja mecánica, película que amé desde la secundaria pero que jamás registré que fue escrita ( el libro) por Anthony Burgess. Entonces googleo algo similar y me doy cuenta de que hay un tal Anthony Bourdain que es un chef neoyorkino que tiene un reality en el que viaja por el mundo probando comidas y calificando restaurantes. A este sí lo he visto en su programa, pero nunca supe su nombre.
Evidentemente, el cerebro guarda TODA LA INFORMACiÓN aunque no tengamos acceso a ella mientras estamos despiertos.
Por suerte podemos acceder a estos datos cuando dormimos, y es fundamental porque nos saca de líos enormes cuando somos jefes de aviones casino y tenemos que cocinar para 400 personas y no sabemos qué hacer.
Anthony y su amigo se quedan a cargo del vagón comedor y respiro hondo, sabiendo que me he sacado de encima un gran problema.
Voy al galley y me paro enfrente de los carros, de los miles y miles de carros.
Voy a poner manos a la obra, estoy por abrir el primer carro y poner a calentar el primer horno cuando suena el despertador.

No puedo creer que haya sido un sueño.
Son las 4.10 estoy con los ojos abiertos mirando el techo, una semi sonrisa dibujada en la boca, el celular en la mano derecha y la oreja de Bamba en la mano izquierda.

Wow, acabo de abrir un portal.

El lugar al que van las medias perdidas. (canción)

blue velvet chair
Hay un lugar donde van todas esas medias que no sabemos donde están.
Si.
A todos nos pasa, no sos el único.
No sabés si se volaron de la soga o si se las tragó el lavarropas en ese compartimento que “seguramente” debe tener para alojar medias.
No, no están ahí, están en otro lugar.
Están donde están todas esas otras cosas que alguna vez tuviste y no sabés cómo, ni por qué, perdiste.
No te puedo decir cómo, pero te puedo decir por qué.
Por equilibrio cósmico.
Sí, tus medias se pierden por equilibrio cósmico.
Y por ese mismo motivo también es que no te ganas la lotería, por ese motivo te echan del trabajo y te dejan de querer.
Por ESE mismo motivo, son las hijadeputeces de la vida.
Así que ya no te quiero escuchar decir “esto es una injusticia”.
A arremangarse y hacerse cargo de lo que hay. Si la vida te da harina haces pan y si te da huevos te haces un flan. Si no te da nada, te podes hacer la paja que es gratis.
A la gente que se queja todo el tiempo, la ignoro.
Y con eso no quiero decir que sólo me guste la gente feliz. No. Me gustan todos. Me gustan los llorones y los depresivos, me gustan los oscuros, los que están en el rincón.
Lo que no me gusta es tomarme la sopa de las quejas y la inactividad. Esa sopa te la tiro a la cara, quemate.
El camino nunca está escrito, hay de todo por hacer. Y no, las oportunidades nunca son parejas, pero si estás leyendo esto es porque al menos te enseñaron a leer, y esa, es una gran ventaja.
Y yo sé que mientras te pelás el culo hay gente que tiene 10 casas y está eligiendo el color del abrigo del caniche para que le combine con la cartera, pero… lo que importa es otra cosa. Jamás mirar al otro, jamás perder la vista de la ruta, jamás.
Lo que importa es otra cosa.
Y, de lo que realmente importa, no quiero ni hablar. Es tan sagrado, es tan perfecto, que lo guardo en ese cofre, en ese lugar cubierto de medias, de culpas, de llantos, de deudas por pagar.
Nada más quiero decirte que ESTA es la vida que elegiste vivir.
Yo no sé por qué la elegiste y no sé por qué estás acá.
Pero si sé que a veces te olvidás de lo importante y que desperdiciás el tiempo.
Si sé que a veces, pensás que esto está escrito, que tiene que ser así como es.
Pero el camino está punteado, no trazado.
Querido muñequito de mazapán.
Sos una hormiga minúscula en este mundo, sos muy chiquito, hay que mirarte con lupa, pero adentro tuyo hay enfrascado algo que si pudiera salir, llenaría espacios inconmensurables.

Por equilibrio cósmico estás metido en ese traje de hombre.
Qué pensás hacer con eso?
No te lo saques todavía, cuando te quede chico, ya alguien más te lo va a sacar.
Por ahora seguí la línea punteada y fijate adonde querés ir. Con cada paso, con cada beso y con cada abrazo, el traje se te irá ajando, se te irá resquebrajando, hasta que, viejo o joven, ya no lo necesites más.
Y ese día, junto con mis medias de colores, mis miedos, mis sueños, mis horribles frustraciones, junto con todo el amor que sentí en este mundo y con el terror de abandonarlo… te irás.
Y no estará ni bien ni mal, y no será ni pronto ni tarde, y no estarás ni triste ni felíz…
Simplemente tendrás que ver qué hiciste en esa línea punteada y si te hace falta un poco más.
Te probarás mis medias, escucharás lo que piensan todos los demás, habrás entendido algunas cosas, y estarás listo para volver a empezar.

No te enojes con la injusticia, no culpes al mal azar…
Tenés lo que te merecés, ni mucho menos, ni mucho más.

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Air

(Antes que nada, si quiere escuchar la canción con la que se escribió este post, puede pinchar sobre el título “Air” y se abrirá un link con la canción, encienda los parlantes)
En el marco de una iniciativa de la empresa, yo acompañaba a personal de tierra a conocer nuestro trabajo en el avión. Fue así que el capitán nos ofreció muy amablemente la posibilidad de despegar y aterrizar en el cockpit.
Solamente dos veces en mi vida tuve oportunidad de hacer algo así y no iba a perdérmelo.
Me senté en un jumpseat rebatible que, al tocar una palanquita, se deslizó unos centímetros, dejándome detrás y en el medio del Capitán y el copiloto. Primera fila, mirando el gran ventanal.
Hicieron su briefing, cerraron la puerta, pasearon por sus listas de chequeo y finalmente, before take off check list.
Nos movimos hacia atrás remolcados por un camioncito tan chiquito, que parecía una broma de un dibujo animado. Finalmente, estuvimos listos para encender nuestros motores, Engine 1, Engine 2. Empezamos a carretear muy despacito, mientras el Capitán movía con su mano izquierda una palanquita/ruedita que, evidentemente, era el volante. Fascinante.
En silencio escuché sus palabras encriptadas, check, ok, done, list, start, cabincrew, set… y muchas más. Eran sonidos mágicos, eran el abracadabra, el polvo de campanita que, una vez alrededor nuestro, nos haría volar.
Las voces en el video de demostración de la cabina me recordaron que, todos los días, yo estoy ahí detrás, ignorante de todos estos procesos, todas estas listas, toda esta responsabilidad.
Yo simplemente hago lo mío y confío en ellos. Confío TANTO en ellos.
De verdad que ustedes, mis queridos pilotos, no tienen idea de cuánto lo hago, tanto como para poner en SUS manos, MI propia vida.
De pronto sentí adrenalina. Ver la pista desaparecer detrás nuestro con tanta velocidad, no es chiste. Todo duró un segundo, la nariz se levanto apenitas, quise ver que botoncito tocaban, pero de hacerlo me hubiera perdido Buenos Aires haciéndose chiquitita, Ciudad Universitaria, la cancha de River, la Lugones, todo pulguita, todo enanín, todo hormiguita, eso que somos en realidad para nuestro inmenso universo.
Mi profesor de violín dijo que tengo que escuchar a Bach, entonces, en mi cabeza, puse “Air”, que es la canción con la que Kaworu se muere en Evangelion, la canción con la que él mismo, el ángel que representa a la humanidad y su propia destrucción, se muere.
Vencimos la densidad del aire, con el mundo que conocemos abajo y las nubes arriba, ví el horizonte artificial del avión torcerse hacia un lado y hacia el otro. No había duda, estábamos volando.
Las nubes desprolijas y sin mucho color, se acercaban de a poco. Se me dibujó una sonrisa cuando supe que las estábamos por atravesar. Debajo ya todo se distinguía como un borrón de un lado y un gran Río marrón del otro, así que dejé de mirar. Me concentré en la masa traslúcida en la que nos estábamos por meter. tuve la sensación de estar por chocar ante una gran pared blanca, pero justo cuando venía el impacto, entramos de una manera envolvente y natural, permitiéndoles que nos rodearan y nos acariciaran, poniéndose delante nuestro sin dejarnos ver absolutamente nada. Todo blanco, como si alguien hubiera puesto una tela en el parabrisas. Nos movimos un poco. Sentí la cabecita del 320 luchar tambaleándose y pensé en el galley de atrás, las chicas sentadas charlando acerca del fin de semana, sin tener idea de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Traspasamos la nube y se me ocurrió pestañear.
Cerré los ojos un microsegundo en el que Johann Sebastian explotaba su G string, y cuando los volví a abrir, estábamos ante algo que no podía ser verdad.
El Capitán, el copiloto, la chica al lado mío, la ventana del cockpit, todo desapareció.
El avión y yo, salimos de ese mar de transparencias y nos apoyamos, a una velocidad imperceptible, en un colchón de algodones. Delante de mí, pomposas, suaves, blanquísimas, recortadas, soñadas… casi podía tocarlas.
Un escalofrío me recorrió la espalda y se instaló eléctricamente en la punta de mi nariz, haciéndome cosquillas y retorciéndose hasta que me di por vencida. Con las dos primeras lágrimas entendí lo que estaba pasando.
Y lo dejé salir.

Sentí olor a asado.
Eran las 12 del mediodía así que me desabroché el cinturón, guardé el asiento en su lugar y abrí la ventanilla de mi derecha, tiré la escape rope hacia abajo y me fijé que quedara firme. Me dejé caer.
Las nubes están bien. No son exactamente lo que parecen en las películas, pero no decepcionan.
El olor me fue guiando.
Recién estabas haciendo el fuego cuando llegué, porque era temprano.
Nos abrazamos fuerte y tomé de tu Fernet.
Te reíste y me mandaste a hacer otro.
Escuchamos “Esa estrella era mi lujo” y “Tarea fina”, te abracé, estabas alto, derechito y hermoso. Te miré todo el tiempo. Me diste mil besos.
Mientras se hacía el asado, caminamos.
Nos cruzamos dos caballos, eran tuyos.
Me ayudaste a subir a uno, corriste adelante mío y el mío empezó a seguirte, por suerte esta vez no había ramas que me pegaran en la cara. Les soltamos las riendas, porque si no va sin riendas, no anda bien, y caminaron con la cabeza abajo, comiendo nubes. Nosotros nos mirábamos y yo supe que ése, era tu lugar.
Nunca tuve dudas, porque tu locura nunca fue un pecado. Tu corazón fue todo lo puro y hermoso que pudo ser, todo lo que lo dejaron ser.
Me hablaste del amor, me acariciaste el pelo, me apoyé en tu hombro, cantamos una canción.
Comimos el asado despacio, para que el tiempo no pasara. Para que ese momento fuera eterno.
Un perrito negrito chiquito y una perra mendiga comieron los restos fríos que les dabas de tu boca. Te dije que eras un asqueroso sin confesarte que todos los días pienso en hacer lo mismo con mi perra. Levantamos la mesa y comimos un postre.
Te dije que tenía que volver a mi avión.
Te reiste fuerte y me dijiste que siempre me ves pasar, yo te pregunté: “¿Cómo es que nunca te vi?
Te encogiste de hombros, me agarraste de la mano y me llevaste a las nubes abuelas… ahí, de lejos, vi mi avión.
Te dije que te quería, y vos me lo dijiste diez millones de veces.
No había tos, ni cara de viejito, no tenías esa panza rara y dura, ni el brazo inflado, ni la piel fría.
Eras alto y hermoso, eras divertido y cariñoso, eras bueno, dulce y estabas muy, pero muy loquito, eras mi papá.
Me hiciste piecito hasta la ventana del avión. Me subí a la cabina y, antes de cerrar la ventana, te vi subirte a un Tobiano y salir a toda velocidad.
Me abroché el cinturón y vi al Capitán, al copiloto y a la chica sentada al lado mío, los tres se sorprendieron al ver, mientras descendíamos, un rayo de sol muy fuerte que nos pegaba en el vidrio.
Me tiré hacia atrás en mi asiento y le agradecí al cielo. Por recibirte, por cuidarte, por el reencuentro, por los caballos, por el asado, por el fernet, por los Redondos, por el mar, por el campo, por este avión… por todas esas pequeñas cosas que para siempre, y hasta que te vuelva a ver, me tienen ligada a vos.

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Bienvenidos.

Antes de que subamos al avión, antes de que paseemos por la hermosa rutina del tripulante de cabina, antes de que veamos cómo chequeamos los equipos de emergencia, cómo se arman los carros, cómo embarcamos o desembarcamos… quiero introducirlos en algo más profundo que el trabajo en sí. Quiero introducirlos en el arte de amar el vuelo.
Creo que sería imposible que vivieran en carne propia esta profesión sin entender que se nos va metiendo por los poros de a poco, creo que la frase que mejor encaja con este trabajo, este estilo de vida, es que tripulante se va haciendo día a día.
No se nace siendo tripulante, no se nace amándolo, no está en la sangre… yo creo que el tripulante se inventa a sí mismo, forja su carácter, elige. Todos los días, con cada pasajero, cada anécdota, cada turbulencia, cada noche fuera de casa, cada reproche familiar, cada navidad perdida, cada arañita en las piernas, cada pasajero enojado, cada accidente de avión en el diario… de a poquito, de manera casi imperceptible, se va formando quienes somos. Una vez metido en esta piel, el tripulante ya nunca más será, ni querrá, ni podrá ser otra cosa más, que un tripulante de cabina.

Para que el aire de la cabina sea respirable a la altura a la que volamos, 10.000 metros, el avión se presuriza. Junto con el avión se presurizan nuestras piernas, nuestros pies, nuestras manos, nuestro estómago, pulmones, oídos, útero, muelas, cerebro… todo.
Esto quiere decir que, al menos dos, y puede que hasta cuatro veces por día, junto con el avión, se nos inflan y desinflan los órganos y todas las partes del cuerpo.
¿Consecuencias? Todas.
Dolor de cabeza, dolor de ovarios, dolor de muelas, dolor de panza, resfríos, congestión, sinusitis, otitis, mareos, vómitos, diarrea, baja de presión… y podría seguir.
Pero solamente durante los dos primeros meses.
Una mañana te levantas y te das cuenta de que estás bien. No te duele nada, no te enfermás. Ya está, el cielo te dio la bienvenida.

Los que tienen turnos rotativos sabrán lo que es un día trabajar a las 6 de la mañana y volver a las 7 de la tarde y al día siguiente trabajar de 9 de la noche a 7 de la mañana. ¿Dormir? Cuando se pueda.¿Comer? Cuando se pueda. ¿Estar con los hijos, el marido, visitar a los padres, ir a cumpleaños? Cuando se pueda.
Una vez me dijeron mientras estudiaba: VOS te adaptás al avión, no el avión a vos.
VOS gestionás todo para estar en el avión, el avión NO ESPERA. Y esa es la pura verdad, el avión NO ESPERA.

No espera que te adaptes, no espera que aprendas, no espera que sepas qué hacer, o qué decir, no espera que estés de humor o con ganas, descansado o motivado.
El avión DA POR HECHO que sos un profesional, nada se te puede escapar.
Servís café sabiendo que en cualquier momento se pueden desplegar las máscaras y vas a tener un descenso de emergencia, y con el carro lleno de cosas en el medio de la cabina vas a tener que sentarte donde puedas y ponerte la máscara de oxígeno más cercana, logrando que los pasajeros te imiten.
Despegas pensando que algo puede fallar. Mientras el avión carretea a 300 km por hora te preparás para que despiste, para que choque, para que explote un motor, para que caiga en el Rio de la Plata. ¿Suena duro? Si, lo sé, pero así es. Nos preparamos todo el tiempo para lo peor, para lo impredecible, para lo impensado.
En esa situación de estrés trabajamos y lo mejor es que, no se nos puede notar.
El pasajero no sospecha que pensamos todo eso. ¡Y no debe sospecharlo! Si lo hiciera, no subiría. Entonces nos encargamos de que crea que estamos ahí por su café, por su alfajorcito, para bajarle el cambiador del baño y ayudarlo con su bebé.
Sonreimos, acomodamos, informamos, servimos, mimamos… y detrás de todo eso, los cuidamos.

Una vez que todo eso termine, habiéndonos despedido, podremos correr a sacarnos nuestras medias, DESPRESURIZARNOS e intentar llegar a tiempo a la fiesta de cumpleaños.
Pero ¿saben qué?
Todo vale la pena, este tubo metálico es más que nuestra oficina, es más que nuestro mostrador, más que nuestro consultorio. Aquí es donde nos sentimos quienes verdaderamente somos, aquí es donde nos encontramos con nosotros mismos, y aquí es donde, la mayor parte de las veces, somos los primeros en ver salir el sol.