Alfa Tango Charlie

hombre-llorando¿Por qué viaja la gente en avión?
Supongo que debe haber numerosas razones, podríamos destacr que es un medio de transporte rápido, que es cómodo, que es agradable, que es seguro y que es hermoso.

Saliendo desde la ciudad de Buenos Aires, si usted quiere ir a Europa, a algún lugar de África o de Asia; no le queda otra que el avión. Pero dentro de nuestro país, aunque las distancias sean muy grandes, siempre está la opción de ir en ómnibus. ¿Diferencias de tiempos? A Bariloche se tardan 24 horas en un ómnibus y 2 en avión. En Plusmar junto con el pasaje te venden el marcador indeleble. A Córdoba, 10 en ómnibus, 1 en avión. ¿Los precios? Es mucho más caro volar. No todo el mundo puede costearlo.
Así mismo, tenemos distintos tipos de pasajeros, que van hacia los distintos destinos. Suelen tener características en común, aunque nunca se puede saber los motivos de los viajantes. A veces los tripulantes creemos que nos las sabemos todas, de tanto ver pasajeros todos los días, creemos que todos son más o menos iguales. Bariloche? Se van de vacaciones. Salta? Se van a ver a la curandera. Iguazú? Orientales que visitan las cataratas. A Córdoba viajan pasajeros corporativos mayormente, en días de semana, los vuelos salen repletos de hombres con traje y un maletín con la computadora; van a trabajar en el primer vuelo de la mañana y vuelven agotados en el último de la noche. Muchos viajan por una reunión, para cerrar un negocio, para quedarse por un día nada más o, en algunos casos, sólo unas horas.
¿Por qué elije el avión el pasajero corporativo?
Para llegar a tiempo. Se levanta a las 4 de la mañana para estar a las 5 en el aeropuerto y salir a las 7, llegar a Córdoba a las 8 y a las 9.30 estar sentado enfrente de su jefe. Trabajará hasta las 13 horas, cortará para almorzar, y seguirá hasta las 17, para llegar a tiempo al vuelo de las 19, estar en su casa a las 22, sacarse el traje, besar la frente de sus niños, comer unas milanesas y acostarse con su mujer.
¿El motivo del viaje de este pasajero particular? Una entrevista final y definitiva con el capo máximo de una empresa que quiere contratarlo para el trabajo que quiso toda su vida, el puesto para el que estudió esa carrera que a sus padres no le gustaba, el puesto que le dará la posibilidad de dejar el trabajo de profesor de tango y pagar lo que alguna vez le prestaron para ponerse su pequeño estudio. Si lo consigue, almorzará con el director y, por la tarde, podrá conocer las oficinas y a sus futuros compañeros. Quizás sea ésta la oportunidad de vender la casa y volver a Córdoba, la provincia natal de su mujer, comprar un terrenito pequeño y vivir como siempre quisieron. Podrá bailar Tango como hobbie, de todas maneras el tango nunca le dio de comer.

A las 4 de la mañana de ese mismo día yo estaba durmiendo. Mi guardia había empezado a las 12 de la noche y, reventada de comida, me fui a dormir cerca de las 2.30 después de haber visto bailar a Magui, el más precioso cisne jamás existido. A las 4 sonó mi teléfono. Me activaron para un vuelo a Córdoba IDA y VUELTA, “Sale a las 7, antes de las 12 estás en tu casa” dijo Raulito.
Me refriego los ojos y enciendo la luz, los tres gatos se achinan insultándome en “gato”. La perra abre el ojo con dificultad, trayendo la pupila desde atrás de su cerebro lentamente, dejando entrever una tela blanca y roja y viéndose como uno de los perros de resident evil; finalmente, el ojo vuelve a su posición normal y me pone su cara de Bamba.
Camino al baño piso tres vómitos, me resbalo pero no caigo.
Me meto en la ducha, me lavo los dientes, sentada, mientras me cae el agua en la nuca y juego a dormir un rato más.
Me seco el pelo, me hago el rodete, con jopo y todo, y me pongo la bombacha, el corpiño y las medias. Desodorante, perfume y crema en la cara y en las manos. Arriba de las medias me pongo el jogging, un buzo, una campera y le digo a Bamba “Vamo a paseá”.
Damos una vuelta manzana, hace un 2.1; que en código perruno es dos pis y una caca y entramos. Me cruzo con el portero que escucha la radio con auriculares, nos damos un beso y le cuento que me cambio y salgo. A él le gusta cuando me levanto tan temprano como él. Yo le digo que no sé por qué le gusta tanto limpiar a las 5 de la mañana, que si lo hace a las 7 es lo mismo, el me dice que así termina rápido y se va a su otro trabajo, yo le digo que le voy a cortar un día el colchón y le voy a sacar todos los lingotes de oro, él se ríe, cierro la puerta.
Me visto, me maquillo y bajo. El auto ya me está esperando. Firmo el voucher y cierro los ojos.
El chofer me recuerda que mi barrio es muy inseguro, que casi le roban tres veces en los 5 minutos que estuvo abajo. Le digo que le deben haber visto la cara porque a mí no me roban nunca. Me dice que es un barrio peligroso que me debería mudar. Le digo que peligrosa es la fórmula uno. No me gusta que hablen mal de mi barrio.
Llego a aeroparque, nos saludamos y me comentan que estamos con ATC.
Rumores: echaron a algunas personas que trabajaban en la torre de control de aeroparque y en solidaridad con esos compañeros, los restantes, adoptaron una medida de fuerza: trabajar a reglamento. Esto significa, por definición, la ejecución de las tareas de un empleo con lentitud por razones gremiales. A veces la demora es resultante del cumplimiento estricto de las disposiciones reglamentarias. ¿El resultado? En vez de despegar y aterrizar aviones en la cantidad de tiempo acostumbrado, se dan horarios de despegues y aterrizajes muchísimo más espaciados lo que hace que las compañías aéreas deban reprogramar sus horarios, y a veces, cancelar sus vuelos.
Los tripulantes de cabina tienen su cantidad de horas máximas de trabajo reguladas por una ley. Después de cierta cantidad de horas, tienen que cortar su servicio estén donde estén ya que se encuentran “vencidos”, esto significa que no están aptos legalmente para cumplir ninguna función y deben volver a su casa si están en su base, o a comenzar el descanso en un hotel si están en un aeropuerto de otra ciudad.
Pregunto: ¿y de cuánto es la demora? Por ahora una hora nada más, el avión que vamos a usar viene de Rio Gallegos, está en el espacio aéreo de Buenos Aires pero no lo dejan aterrizar, está dando vueltas hace una hora, supongo que cuando tengan menos combustible se irán a Ezeiza o le darán prioridad para aterrizar acá, me responden.
Bueno, una hora. Saldremos a las 8. Bien.
El avión aterriza a las 7.30 de la mañana y vamos hacia allá. Se bajan los pasajeros con caras de dormidos y los tripulantes juntan sus cosas para irse a sus casas. Están agotados, el vuelo duró mucho más de lo que debía durar y no pueden más.
Se limpia el avión y recibimos a nuestros pasajeros, se los ve algo molestos por la demora. Les damos la bienvenida y el capitán les explica que por control de tránsito aéreo nos vemos demorados en nuestra salida.
Un señor en la fila 3 está nervioso, se acomoda la corbata, mira su celular, lo guarda, lo vuelve a sacar, mira por la ventanilla, cierra los ojos, abre un maletín.
Nos llaman de adelante, entramos a la cabina y nos dicen que nuestro horario de despegue está previsto para las 10 de la mañana. Estamos en la cola para despegar y tenemos el último turno. Nos miramos en silencio, nadie se lo quiere decir a los pasajeros. El capitán lo comunica por P.A. los pasajeros insultan a viva voz, nosotros decidimos dar un servicio en tierra para tranquilizarlos.
Algunos se quieren bajar, otros quieren ir a fumar, encienden los teléfonos, abren las computadoras, el señor de la tercer fila, transpira.
Después de casi dos horas de martirio, cerramos las puertas.
Hacemos otro servicio, nadie nos mira, nos odian.
Le digo a una señora que tiene un bebé que siempre le conviene que la cabeza del bebé esté hacia adentro del pasillo por si alguien lo golpea, con un bolso, o con el carro. La señora me pregunta muy amablemente que si encima de que hace 6 horas que la tengo de rehén le quiero golpear al hijo. Antes de terminar de poder empezar a explicar lo que es la torre de control y lo que significa trabajar a reglamento, me gano dos INÚTIL y un INOPERANTE de mi amado público. Una mano me arrastra del brazo hasta el galley de adelante, mi compañero me dice “Dejálos, están demasiado enojados, no entienden que no es culpa nuestra”.
Abrimos puertas en Córdoba a las 11.30 de la mañana.
Se bajan sin saludar con cara de indignación y nosotros adiós, adiós, hasta luego, hasta la próxima.
Nos limpian el avión, nos sentamos dos segundos, nos damos ánimo entre nosotros, contamos cuántas puteadas recibió cada uno, tomamos un té. Vuelve el capitán de hacer el walk around y nos dice que hay demora para la salida. Sacamos nuestra tabla y nos damos cuenta de que somos invencibles, nuestro tiempo de servicio es eterno así que por ese lado no habría mayores problemas. Yo pienso en Bamba, que a las 5 de la tarde se va a estar haciendo 1.0 encima y me da pena, espero estar de vuelta antes de esa hora.

El pasajero de la tercera fila se llama Carlos Alfa. Vive en Paternal y no tiene auto. Lo que le quedaba para este mes lo gastó en este pasaje de avión, el tercero, para la tercer y última entrevista. Fue en taxi hasta aeroparque para que no se le arrugara mucho el traje y para llegar a tiempo, y se está subiendo a un taxi en el aeropuerto de Córdoba. Está transpirado, siente que debería bañarse, pero ya está jugado.
Llega a la recepción a las 13.30, se anuncia pero le comunican que todos han salido a comer.
Desesperado llama al número de referencia que tiene, es una consultora. No le atienden.
Se sienta en los sillones y, casi media hora después empiezan a llegar hombres y mujeres que charlan amistosamente entre ellos, risas, tarjeta corporativa en mano.
Carlos se pone de pie y se acerca al mostrador. La recepcionista insiste, alguien atiende del otro lado, ella lo anuncia y recibe una indicación.
Lo dejan pasar.
Se dirige al tercer piso, se abre el ascensor y una puerta de vidrio lo separa de otra recepcionista. Ella mira un catálogo de Natura mientras él dice su nombre nervioso.
Se abre una de las dos puertas de madera que están delante suyo.
Un hombre apenas mayor que él, muy perfumado y con Lord Cheseline lo hace pasar sin sonreirle ni estrecharle la mano. Atraviesa varias fotocopiadoras y llega a una sala.
La sala de reuniones.
Hay un hombre sentado con un café enfrente.
Lord Cheseline se sienta en la cabecera y le indica a Carlos que ocupe el lugar de la izquierda. A la derecha, el del café.
Carlos sonríe tímidamente.
“Señor Alfa, sabe usted quién es él?” pregunta el hombre de la cabecera.
“No” responde Carlos amablemente. Apoya las manos sobre la mesa según el manual de PNL que acaba de terminar, tratando de que sus manos dejen de temblar.
“El señor es la persona que llegó a tiempo a la entrevista para la que usted estaba convocado, le agradecemos que haya tenido la gentileza de presentarse, pero verá que para esta empresa, la puntualidad es MUY importante.”
“A…” abrió la boca Carlos siendo interrumpido tajantemente.
“Guárdese las excusas, por favor.” Dijo poniéndose de pie y acompañándolo a la puerta.
El del café sonreía de costado, triunfante.
A las 14 horas atravesó el molinete de la recepción de planta baja, en shock.
Apagó su teléfono y vagó por Nueva Córdoba. Tomó un taxi y volvió al aeropuerto.

“Ok de embarque” dijo la chica de tráfico. Armé las cafeteras mirando el reflejo monstruoso de mi nariz de galgo en el boiler. Los pasajeros empezaron a subir y me fui a la cabina a recibirlos.
Casi full.
Empezó el servicio, café, té, lo normal.
Terminamos, guardamos los carros, y minutos antes de empezar el descenso nos llama el capitán.
Son las 17 horas, tenemos aproximación para las 19.
Nos desplomamos. Increíble. 3 horas para hacer un vuelo de 55 minutos.
¿Tenemos combustible? ¿Vamos a Ezeiza? ¿Volvemos a Córdoba?
Ezeiza está colapsado, volver a Córdoba sería terrible para los pasajeros, así que nos quedamos haciendo espera.
El capitán lo comunica por P.A.

Estoy en galley de adelante, llaman de atrás.
Un pasajero está descompuesto, la jefa va para allá, yo llamo al capitán y se lo informo, se pide médico a bordo, le suministran oxígeno, nada grave. La médica cree que son nervios por el vuelo, no hay peligro. Seguimos en espera.
A las 19.32 minutos aterrizamos.
Saludamos a los pasajeros, bajan por adelante y por atrás.
A las 20.15 esperando los autos, me parece ver una cara familiar. Sentado en el cordón, un hombre de traje gris, con la cara entre las manos.
Una de mis compañeras me comenta que ese es el pasajero que se descompuso en el vuelo, yo no lo había visto porque estaba adelante.
Mi auto se demora porque no nos esperaban a esa hora.
Mis compañeros son recogidos uno a uno, y yo me quedo sola.
El señor de traje gris sigue sentado en el cordón.
Me acerco por un costado.

Sus ojos, llenos de lágrimas.

¿Por qué viaja la gente en avión?
Supongo que debe haber numerosas razones, podríamos destacar que es un medio de transporte rápido, que es cómodo, que es agradable, que es seguro y que es hermoso.

I-Boil

Una cosa: mientras hacés las cafeteras en el galley de adelante, en la canilla del boiler de la izquierda, si te acercás lo suficiente a la parte metálica podrás encontrar que la cara se te deforma y se te hacen los ojos grandes como un marcianito y la cara laaaaaarga o la frente graaaaande y todo eso, sin tener una MAC.

No pedestrians

Cómo volver a escribir algo que no sea muerte? Algo que no sea recuerdo? Algo que no sea final?
No sé cómo se hace.
Y lo digo sin dolor, lo digo sin regocijarme en angustia ni temor. Lo digo sin vueltas, abriéndole la puerta a la realidad de esta nueva situación.
No me puedo reír. Lo siento.
No puedo hacer reír, disculpen.
No estoy triste, no lloro. Pero hoy no sé reir.
La puerta de mi casa se ha transformado en un puente levadizo. Al cerrarse, afuera queda una laguna de cocodrilos y caimanes que me protegen de todo mal. No quiero salir, no quiero verlos, no quiero verte, no quiero escuchar.
Mi refugio de té con leche y animales me sienta bien.
No estoy triste, no me hagas repetirlo.
No estoy enojada.
Me estoy amigando con la situación.
Estoy sacando a la huérfana que hay en mí. Entendiendo que los domingos ya no son de visita ni de culpa, ni alfajorcitos, ni oxígeno en 5, ni canal 26.
Atrás quedó la locura, atrás quedó el lobizón. Ahora estamos todos en paz.
Cerré la puerta del castillo y tiré la llave a la laguna, la ví hundirse lentamente entre el verdín del fondo. Descansé.
No me vengas a buscar, no quiero salir, no te quiero dejar entrar.
Nos quedaremos mirándonos las caras, aprendiendo del nuevo plano, nos quedaremos en silencio y a oscuras, nos quedaremos empantanados.
No me manden la patrulla de rescate. No soy un rehén. No me manden amigos y familiares, con el delivery me entiendo bien.
Está decidido: voy a ir a trabajar. Voy a comprar piedras y galletitas. Voy a sacar a la perra a pasear. Voy a ir adonde se ve el sol naranja esconderse en los árboles, voy a volver, voy a dormir.
Voy a escribir acerca de los ojos, acerca de la piel fría, acerca de lo que intento negar. Voy a escribir la historia de los hijos de la locura, del amor, lo desprolijo y las ataduras, voy a escribir acerca de ojeras y noches eternas, corridas, tiros y lastimaduras. Voy a escribir acerca del dinero y del alcohol, voy a hablar de las drogas, de estar solo, de perderlo todo, de aspirar la casa con luz de luna y con insomnio. Voy a hablar de lo que no se me permite, voy a hablar de lo que acaba de pasar, voy a hablar de lo que nadie imaginaba, de los miedos, del asco, de la nada, de que las horas no pasen, del hambre, de la soledad, de no poder respirar.

Tobiana indómita.

Los motivos por los que hace tiempo que no escribo en el bitching son diversos.
No hay uno más importante que otro sino una sumatoria de sucesos que, juntos, me llevaron hacia la nada misma.
Este extraño duelo, las vacaciones, la computadora de arriba que anda más o menos, el conflicto con mi escritura.
Quizás piensen que me siento a pensar en el trabajo y brotan vómitos de letras que terminan en este blog. No es tan asi. Cada historia tiene una gestación, un crecimiento, un tiempo en el que circula por el líquido amniótico de mi cerebro, mezclándose con el mar de serotonina que rodea mi pequeña nuez. Ese líquido gotea de mi nariz cada vez que hace mucho frío y, con cada estornudo, se separa de mi cuerpo, dejándome más tonta y más infértil.
Una época de muchos cambios me azotó y me dejó culo al norte, cagando a puteadas al viento; puteadas que no fueron escuchadas por nadie ya que me preocupé en gritarlas lo suficientemente bajo como para no llamar la atención.
Ahora se dibujan realidades diferentes, el 2012, el año en el que teniamos que ponernos a gastar nuestros ahorros, coger con nuestros amores imposibles y ser buenos para poder ir al cielo, resultó no traer consigo al fin del mundo. Lo que sí debo aceptar es que escribió unos cuantos finales épicos, desastrosos e inhumanos.
Pero bueno, volvimos a empezar, y lo hicimos para no perder la costumbre del palo en el orto que nos acompañó todos estos años: no lo vamos a tirar ahora, ya estaba quedando cómodo… es más! Lo podemos barnizar, pintar, patinar… así la gente nos lo elogia…
Hemos vuelto a empezar, sí.
El asunto es que ahora lo que escribo no me gusta tanto. La pátina rojiza del palitroque anal me ha puesto exigente. Mire usted! Y me ha puesto también algo fastidiosa, un poco impaciente y algo harta.
No es malhumor, no. No es menstruación ni crisis. Es LLEGAR AL PUNTO LÍMITE de lo que uno puede soportar del entorno.
No busco consejos, no busco la respuesta en la espiritualidad, en que me enseñen a respirar en un cursito de 500 pesos,en que me digan que los demás no importan, que hay que pensar en uno y otras cosas trilladas.
YO SÉ LO QUE ESTÁ PASANDO.
Pero no se los voy a decir. No tengo ninguna intención de compartirlo porque no quiero que opinen. Me quiero quedar callada, furiosa, sola y calentita en mi casa, pensando en todos las miradas y situaciones incómodas que están empezando a surgir cuando estoy con gente, pensando en haber perdido el “toque”, en el cansancio después de la pelea, en la cantidad descomunal de comida que quiero comer, en acariciar gatos y perros, en que todo se vaya bien a la putísima concha de su madre.

Esta noche,con un exprimidor rojo le sacaré el jugo a estas neuronas, me lo tomaré en ayunas y lo vomitaré al mediodía. Lo llevaré a analizar por la tarde y tendrán los resultados para la mañana siguiente.
En cuanto los tenga, los transcribiré en el único lugar donde puedo decir lo que tengo ganas, sin importar nada más. El For Bitching Only.

Y ustedes, amados míos, lo leerán.
Y lo que piensen al respecto será problema suyo.
Pero, sin saber o sin querer, me habrán dado un pedacito de su alma y yo, desde la oscuridad de mi altillo draculínico, me pararé en mis patas traseras de Tobiana indómita, y relincharé de felicidad.