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Los prescindibles.

(music)

Es muy difícil escribir controlando las emociones, midiendo las palabras.
No debería ser manera de escribir, ni de leer, ni de vivir; pidiendo permiso, teniendo miedo de lo que puedan pensar los demás de uno, de lo que uno piensa, de lo que uno dice, de lo que uno elige.

Hace apenas dos días, haciendo espera en aeroparque en el Quebec Sierra, me encontré una camiseta.
Pregunté de quién era y nadie respondió, nadie la reconoció.
El avión estaba vacío, limpio, iluminado y frío. Era un muerto en vida, una máquina sin energía, era un pedazo de metal.
Caminé hasta atrás con la camiseta en la mano y me metí en el LD. Mirándome al espejo, me reconocí.
Era mía.
La usé hasta hace apenas instantes, pero ahora ya no me entra. Como bien sabemos, la presurización te infla todo lo que pueda, y esta camiseta ya no me queda.
Muchos dijeron hace aproximadamente cuatro meses, que yo era una ilusa.
Me dijeron que los dueños del Bravo Sierra Juliet prescindirían de mí si lo consideraran necesario, que me mandarían lejos, donde mi voz no se escuchara y mis cartas no se leyeran, donde ningún avión me sobrevolara jamás. ¿Se piensan que no lo sé?
Somos los prescindibles.
Somos un ejército de prescindibles vestidos de los colores que nos den. Somos una horda de jovencitos alegres, entregando servilletas y más pan; practicando cómo bombear un corazón muerto y acomodarle la lengua a un muñeco, sólo por una cuestión legal.
Somos hormigas llenando en verano el hormiguero de otro, somos vagabundos en rutas con lluvia, hoy comemos de nuestro trabajo, mañana pasamos hambre, pasado alguien nos hace un favor.
Somos un pequeño gran grupo sin poder, sin palabra, sin voto, sin decisión.
Lo único que tenemos ni siquiera es nuestro, por que no poseemos “nuestro” avión.

Pero ay nuestro espíritu.

Ay.

No nos quebramos tan fácil como parece.
Nuestra fortaleza no es tan delgada como quisieran, hombres de la doble interpretación, hombres que nos hacen sentir que con el primer Zonda saldremos volando sin volver jamás de la posta en Mendoza; dejando a  familiares y mascotas preguntándose por nuestros paraderos.
Hombres de ahí arriba, hombres con aviones y sin alas… hombres que no saben ponerse en el lugar del otro, cuidando la propiedad sagrado/privada y olvidando que el capital más fuerte es la maciza cadena de eslabones que sería capaz de apretar en los cuellos de quién fuera necesario por el sólo hecho de estar del otro lado, de enfrentarnos, de desearnos el mal.
Esta cadena de eslabones ha demostrado tiempo atrás que sabe luchar, que ama los aviones, que ama el aeropuerto, que ama la estrella que nos guía, porque es quién nos guía hoy. ¿Cómo no proteger a la propia cadena cuando afuera todo es guerra? ¿Por qué abrirle la puerta a los demonios? ¿Por qué jugar el juego de los invisibles? Eso déjenselo a los ignorantes, a los mediocres, a aquellos a quienes no se les ha enseñado a pensar.
Todos nosotros; ustedes con sus altas cabezas imprescindibles y las nuestras, tan desechables, hemos sido tocados por la maldición del saber. Nosotros pensamos, entendemos, jugamos juegos, tiramos de cuerdas, nos medimos la pija cada vez que nos dan la oportunidad.
Generalmente a nadie le interesa el juego, hasta que el que se cree que la tiene más grande te la apoya en el culo.

Dije basta.
Y se armó un flor de quilombo.
¿Los damnificados?
168 batatitas que habían pagado para ir a algún lugar y tuvieron que meterse sus prioridades en el bolsito. Alguien más eligió por ellos: injusto. Se enojan: tienen razón. Nos odian: bueno.
Yo les pido perdón.
Como quizás me pidan perdón los que me cortan la ruta 2 cuando me estoy yendo a Gesell con sanguchitos de miga y la masha puesta. Algo querrán decir, aunque en ese momento no me interesa y los quiera ver muertos.
Siempre hay un inocente perjudicado. Siempre hay un prescindible. Siempre hay alguien que la tiene más larga. Y SIEMPRE HAY ALGUIEN QUE DICE BASTA, y una vez, cada tanto, no muy seguido… las cosas cambian.

El espejo me devuelve una imagen de mí misma con el maquillaje algo derretido y una camiseta en la mano.
Alrededor del avión, se junta gente y la escucho murmurar.
Miro por el gran angular y en la posición 28, al lado mío el Sierra Juliet suspira agotado, soltando el aire viciado de un Ushuaia full con tres bebés.
Quiero bajarme pero no puedo, quiero preguntarle, consultarle, quiero hablarlo con él.
Con la wing light del lado derecho me dice en morse que la pandilla Brava no entiende nada.
No puedo bajarme a explicarte Juliet, estoy con un problema acá arriba, tratando de descubrir si me van a respetar o me van a aplastar, si esta camiseta está mejor en la mano que puesta, si las voces en la plataforma quieren ver a Ned Stark con la cabeza en un palo o si quieren que plan de complementación humana comience de una vez en este Geo front.

Me bajé del avión y me fui a casa, huimos con el auto de las bolas de fuego y las balas de titanio que querían hacerme desaparecer. Me metí en casa y cerré con doble llave, cadena, traba y una silla sosteniendo el picaporte.
Me metí en la cama, me tapé hasta arriba y no aparecí hasta que el Bet me vino a buscar. Me devolvió al mediodía sin ninguna respuesta, sin ninguna ayuda, sin solución.
Pensé en volver a esconderme, en tratar de olvidar todos mis miedos, toda la incomodidad, la cruel realidad. Pero decidí no hacerlo, y sacándome mi uniforme en la sala de descanso, vistiendo la armadura de las grandes batallas, decidí no tener más miedo, no pedir permiso para pensar, no avergonzarme por hacer las cosas bien y haber puesto un punto final.

No pretendemos ser imprescindibles, no queremos que nos regalen nada por lo que no hayamos trabajado, no queremos un libre albedrío acéfalo, no estamos proponiendo Punk Rock.
Mirémonos a los ojos, reconozcamos quienes somos, quiénes fuimos, los motivos por los que todos estamos acá.
¿Acaso lo que estamos creando entre todos no es lo único imprescindible? ¿No son los sueños lo único que no se puede desechar?¿No era el sueño de todos estar en ESTE EXACTO LUGAR?

En los eslabones del medio de esta cadena está tallado FBO, pueden cortar, amputar y dejarla ir, o pueden agregar una unión de acero y formar parte de lo que hace años que estamos formando.
¿Qué es lo que van a elegir?

Quiénes son los dioses y quiénes los monstruos.

(Pinche y encienda altavoz)
Era obvio que me iba a enfermar. La combinación de los efectos de la terapia regresiva, el fin de semana electrónico, los exámenes de 67, el aire acondicionado y mi mente retorcida me dejaron al 15%.
Low batt.
Me desperté con los ovarios latiendo. Me tomé la pastilla antes de que fuera demasiado tarde, pero ya era demasiado tarde. No fue la peor ni la más salvaje de las veces en las que mi endometrio rugió enfurecido, pero ciertamente se hizo sentir. Mi útero me está diciendo algo que no quiero escuchar. Ni de él, ni de los médicos, ni de los hombres que quieran tener hijos con una mujer como yo. Sencillamente no puedo hacerlo. Por más que lloren sangre, se auto flagelen y se turnen mes a mes por hacerme sufrir, arrastrarme, gritar y vomitar. Seguiré cubriendo los síntomas con drogas. No seré madre, lo siento.
Pasé el último día del curso rogándole al cielo que no me dieran las puntadas en el medio del aula y, finalmente, lo logré.
Se hicieron las seis y volví a casa, convaleciente sobre Optimus, como un Aragorn abatido sobre su caballo. Claro que, después, hubo consecuencias por mi distracción.
Esta mañana, cubierta de mocos y flotando entre estornudos, me fui al aeropuerto en el transporte de la empresa.
-Dónde vamos? Dice el chofer
-Ezeiza
-Vamos por abajo?
-Me da igual.

Llegué a Ezeiza y los kioskitos no me imprimían la tarjeta de embarque. Faltaban 40 minutos para embarcar, me voy al check in y me informan que mi vuelo no salía de Ezeiza sino de Aeroparque.

QUE?

Mi culpa.
No leí la fotocopia con el instructivo. No presté atención cuando dijeron dónde nos juntábamos, o por costumbre, como siempre venimos a Ezeiza para las revas…
Pienso: me vine a Ezeiza, tengo 40 minutos para conseguir un auto de la empresa, volver a Aeroparque, hacer el check in, pasar policía, migraciones y llegar a las ala de embarque.

Listo no llego.

La gente del check in me ofrece muy amablemente cambiarme el vuelo a uno dentro de hora y media. Acepto.
Me dan asiento en premium economy, como riquísimo, no tengo a nadie al lado, vengo leyendo la fraseología de preparación de cabina en 67, re enamorándome de las imágenes de Leonardo Di Caprio en la pantalla 1jkl y escuchando Gods & Monsters con el porcentaje pequeñísimo de audición que conservan mis oídos resfriados y presurizados. cada vez que eructo está bendita coca light se destapan por un micro segundo y escucho claramente a Lana decir: No one’s gonna take my soul away.
Me sueno los mocos sin parar, voy al baño y retiro una cantidad inapropiada de papel tipo carilina del compartimento de arriba del baño LA.
No paro de estornudar. No puedo respirar, me gotea la nariz como al Diego. Me tomó un qura plus y un ibu 600 y suplico no tener un soponcio de taquicardia a 10 mil pies y tener que auto insuflacionarme, errecepearme y desfibrilarme ya que no soy tolerante a las efedrinas en general.
El capitán hace el anuncio de descenso y nos saluda while we fly over the Andis (mi anuncio preferido).

Hago una instrucción de ABPs en mi mente, moviendo los labios como quien canta una canción con auriculares, sin emitir sonido alguno, y pienso en la posibilidad de que un ABP se acerque a mi vida y, al ver que no puedo vivirla, me saque a un costado y me tire hacia abajo de una puta vez, no sólo para que no me olviden ahí, sino para que no estorbe con mi cuerpo inerte mientras los demás intentan vivir.
También espero que alguien me esté esperando allá abajo y me recuerde que me aleje de todo esto.
Estoy en el Charlie Quebec Mike, me quedan 25 minutos para tocar suelo casi latino, mastico chicle para estimular la trompa de eustaquio. La escucho a Lana decir when you talk is like a movie and you are making me crazy y siento como me late fuerte el corazón.
¿Será que estoy viva?

No, me está dando taquicardia.

Se destapan mis oídos y me seco dos lágrimas sobre la Cordillera de los Andes.
Lana dice fuck yeah, yo voy a 120 ppm, cierro el QRH, respiro con los ojos cerrados, me ajusto el cinturón y en mi tierra de dioses y monstruos, me vuelvo invisible.

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Explicar el dolor.

(Swimming in a fish bowl)
Todo se puede poner en palabras. Todo puede ser explicado, una casa, un perro, el perfume, los sabores…
pero, explicar el dolor?
¿Se puede explicar el dolor?
Ustedes quieren reír. Lo sé. Ustedes entran a este palacio para que nosotros los bufones les contemos cosas tontas y pongamos caras que nos ridiculicen para que ustedes puedan reír.
Y nosotros lo hacemos. Yo lo hago. Invento historias, las decoro, las escribo, se las presento con una foto y una canción, y todos contentos.
Pero ¿quién es la persona que está del otro lado de las letras?
¿Importa?

El corazón no debiera sentirse latir. Uno debería poder estar acostado y no escucharlo, no verlo, no sentirlo a punto de explotar. A uno no le debería latir algo en la garganta, no debería bajarse la presión, faltar el aire, achicarse la habitación. Sin embargo pasa.
Los ataques de pánico pasan. Los ataques de llanto, le pena metida ahí adentro, la desesperanza, el miedo a que este día no termine más.
¿Qué nos han hecho, a nosotros, los tristes? ¿Qué cosa tenemos mal en la química de nuestros cuerpos, qué enzima no podemos sintentizar?¿ Por qué no podemos ser felices como los demás?
¿Por qué no nos podemos olvidar de una vez de todos esos pensamientos que nos persiguen?
Cuando uno puede observar su propio corazón latiendo a través de la ropa, cuando las pulsaciones se sienten como si la bomba estuviera dentro de la boca, cuando duele el corazón como estuviera infectado, o moribundo… algo anda mal.

La cabeza anda sola.
Quiero que lo sepan.
No existe tal cosa como el entrenamiento de la mente.
Es mentira.
Si vos me decis “ponete bien” no me voy a poner bien.
Si me decís “no pienses en eso” voy a pensar en eso igual.
Por qué? Porque la cabeza va sola.
Se la ha criado, alimentado y acariciado con golpes, y hoy, funciona a fuerza de golpes.
Qué pasa cuando uno no quiere más golpes?
Qué pasa cuando uno decide tirarse de un auto en movimiento porque sabe que va sin frenos a un precipicio?
Qué duele más? Los raspones? La muerte súbita? La culpa de saber que había gente en el auto que siguió y uno no hizo nada?
Todo me duele igual.
No sé explicar el dolor.

Trato de buscar el momento exacto en que se me pudrió la nuez. Ese segundo en el que alguien se acercó con la maza y me dio en el medio de la cara, dejándome destrozada para siempre.
¿Cuándo fue?
Ni siquiera me puedo acordar.
Pero de ahí en más, todo fue tapar huecos y llenar espacios. Todo fue maquillar al muerto para que pareciera vivo, barrer bajo la alfombra y hacer reír a los demás.
A mí casi nada me hace reír.
La gente no me divierte. Me cuesta mucho encontrar códigos en los otros que me parezcan copados, en general todos me parecen unos tibios y está bien así. No es que me crea más que nadie, envidio la capacidad de los demás de reírse de todo, de tentarse, de encontrar felicidad. Los envidio con odio, con ganas, con fuerzas. Amo una carcajada ajena y la odio. Una buena carcajada que te haga sonreír, te haga sentir partícipe de su momento de felicidad.
Respiro hondo en la posta más depresiva de la historia de la aviación.
Siempre me toca llorar en Neuquén, no entiendo por qué.
Soy ansiosa y no me banco estar mal. Quiero encontrarle solución urgente a mis problemas y no soporto que la angustia no se vaya y las horas pasen. No me olvido, no me distraigo, me quedo ahí estancada, pensando en el motivo de mi desolación, una y otra vez, imaginando las situaciones dolorosas en loop. La cabeza no sabe parar. Trato de dormir, no funciona.

Debería estar acostumbrada después de tantos años.
Pero no.

Lo único que lo disipa durante unas horas, es volar.
Armar el carro, ofrecer las bebidas, desarmar el carro, aterrizar.
Y de vuelta al horror.

¿Explicar el dolor?
Algunos hemos sido visitados de niños en nuestras cunas, por una mala de Disney que nos dejó el toque de la oscuridad, de la desconfianza, de la destrucción.

“Todo lo que toques será destruído. No podrás formar, mantener, crecer, evolucionar.
No podrás crear.”

Me acuesto a ver cómo la vida me pasa por encima. Eso es el dolor.
No querer verlos, a ustedes, seres, personas.
No entender para qué todo esto.
No saber dónde está la punta de la hoja para darle vuelta y empezar de cero.
No conocer el significado de volver a empezar.

¿Qué nos han hecho? ¿Cuándo nos dieron el golpe mortal que nos dejó en coma emocional?
Desenchúfennos. Déjennos ir de una vez.

No podemos explicar el dolor.

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Great place to work

Me acuerdo cuando la servilleta venía adentro de la cajita. Ohh qué tiempos aquellos.
Y una compañera me dice anoche “¿Te acordás cuando las medias de descanso apretaban?” Es verdad, no te las podías poner, era una lucha de contorsión que empezabas media hora antes del horario de búsqueda, terminabas transpirada y agotada y todavía no habías salido de tu casa.
Me acuerdo cuando les dábamos cinturones a las mamás con bebés para el despegue. Y después cuando les tuvimos que explicar que ya no era seguro. Se quedaban mirándonos onda wtf hasta la semana pasada me lo diste?? Bueno, la aeronáutica es así señora. Entonces ahí salía yo diciendo que Airbus hizo una prueba con Crush Test Dummies y que se COMPROBÓ que el bebé está más seguro en brazos de un adulto que entre un cinturón trampa mortal aprisionador que seguramente le hará mucho daño en una maniobra brusca en tierra o en un período de turbulencia. Si, es verdad, yo decía eso. Ustedes no saben la cantidad de cosas por día que no podrían creer que yo le digo a los pasajeros para hacerlos felices.
Ayer nomás salimos a hacer el servicio La Difamadora y yo (por qué se llama la Difamadora, es otra historia) y arranco en la fila uno, Buenas noches cómo le va? qué le sirvo para tomar? quiere un cafecito un té blabla. Sirvo la primera fila y cuando paso a la segunda, sirviendo un café, lo noto ESPESO, OSCURO, como si fuera petróleo. Le digo a la difamadora, vos le pusiste más café a la cafetera? “Si” me dice toda contenta. Uhhh ya tenía. Habíamos hecho la cafetera con cuatro tapas de café, lo que equivale a UN MONTÓN. Vuelvo una fila para atrás y le saco el café de la mano a la señora de la 1Juliet, NOOOO SEÑORA no lo tome, démelo. Pero qué pasa querida? Pasa que le estoy salvando la vida, si usted quiere volver a dormir alguna vez en esta semana deme ese café que le hago uno nuevo. Retiro los tres cafés de la fila pidiendo disculpas y preparando cafeteras nuevas para todos y todas. La señora, con su nuevo café en la mesita, me pregunta “qué le pasaba al café querida?”
“Era un asquete señora, tómese ese que le hice, que es un lujo”.
Recuerdo cuando todavía se usaba hacer reir al que se paraba para la demo de seguridad. Chiste demodé. Los compañeros, con tal de hacerte pasar un mal momento, pasaban sentados en un carro, se colgaban un delantal del cuello hacia atrás simulando ser una capa, y parados sobre el jumpseat hacian que el otro compañero agitara el delantal, dando una sensación de que estaba volando en el medio del galley, otros se ponían en bolas, otros hacían bailes africanos… y vos ahí parado, tratando de no reírte de la estupidez suprema de los dos nabos de atrás. Pero eso es historia. Así como los sanguchitos en los vuelos a Ushuaia, eran 95% PAN.  Promedio de sanguchitos que me comía por vuelo: seis/siete (por tramo). Llegaba de ese vuelo con principio de bulimia.
Recuerdo el King David y las visitas de los fantasmas. Fantasmas que también nos visitaban en el Gen. Ohh qué lindos recuerdos el Gen de Santiago. Estaba buenísimo porque te invitaba a conocerte más con la tripulación. Generalmente te daban la misma habitación que tenía tu compañero el que se iba de la posta a las 5 de la mañana, entonces vos llegabas de tu vuelo tipo 12 de la noche, metías la llave ( SI, tenía llave) y cuando abrías la puerta, tenías ropa arriba del sillón y la ducha corriendo. Era el capitán del otro vuelo, que aparecía en toalla y te decía ” QUÉ HACÉS V.!???” Y vos con los ojos abiertos como platos, el carry en una mano y el picaporte en la otra te quedabas petrificada, sin palabras, tratando de entender por qué te estaba sucediendo tener que ver a este señor mayor en toalla adelante de tus ojos no teniendo ningún interés en hacerlo. EL SEÑOR REPITE QUÉ HACÉS!!!!??? y vos cerrás la puerta sin contestarle, con la cara de diez mil colores, para dirigirte a la recepción la ira que venís juntando desde los tres tramos, a cobrarle a ese front desker todo el odio de la recogida de auriculares y las diez mil veces que tuviste que correr el carro del duty para que pasaran al baño. Pero, los casi latinos no se enojan nunca. Te miran y te dicen IA, pudo haber sido un error. Pero bueeeeno, son todos compañeeeros. NOOOO! NOOOO! NO SOMOS TODOS COMPAÑEROS!!! ESE SEÑOR ESTABA CON SU PECHO PELUDO ADELANTE MÍO! YA NO PODRÉ MIRARLO COMO UN CUATRO TIRAS! A PARTIR DE AHORA SU PECHO CANOSO Y PELUDO ME PERSEGUIRÁ EN TODOS LOS BRIEFINGS! DAME UNA HABITACIÓN QUE TENGA MUCHO ALCOHOL EN EL FRIGOBAR! QUIERO OLVIDAAAAR!
Entonces llegas a la habitación (no hay nadie) y vienen tus compañeros con pizza  y te cuentan que ese hotel está en una zona de funerarias, o algo así y que entonces está lleno de fantasmas y que el hotel está maldito. OJO. a mí me chupa un huevo que el hotel esté maldito, por mí que me armen el carry, me lo desarmen, me hagan cosquillitas en los pies y se me acuesten cucharita, pero hay que saber que esas cosas a algunas chicas no hay que decírselas.
¿Ustedes tienen idea de lo ESTÚPIDOS que quedamos en el hotel de Mendoza?
-Buenas noches dice el recepcionista, mientras entrega papelitos para firmar y biromes.
-Buenas noches dicen las conchudas.
-Qué hay que llenar? preguntan.
El tipo no lo puede creer, puede ser que sean TAN taradas, vienen cuatro veces al mes desde hace 5 años y llenan siempre lo mismo NOMBRE APELLIDO DNI y FIRMA. Entonces, para qué carajo preguntás que tenés que llenar!?
Pero no responde eso. Responde: Nombre Apellido Dni y Firma.
-Ah. responden.
Y entonces salta una: AY NOOOO 504! Esta es la del fantasma???! No, no, yo no duermo ahí, qué miedoo! No me la podés cambiar!?
-No hay más habitaciones, responde cara de orto.
-Ay no, yo no duermo en toda la noche me da terror, la otra vez le desarmaron el carry a un chico te enteraste? No, me voy a dormir a tu cuarto. si?
Yo: Se.
Y ahí la tengo toda la noche ocupándome los enchufes con sus cargadores, con su olor a culo del vuelo, cagando en mi baño y comiéndose todo de mi frigobar.
Me recago en el fantasma Benito y la concha puta madre espíritu que lo parió.
DESARMAR CARRYS?
POSTA?
Cómo una fuerza sobrenatural, una energía del universo sin encarnar, un finado sin cuerpo, si querés, podría desarmarte el carry on y tirarte la ropa hacia afuera?
No lo entiendo. Misterio.
Sin embargo, cada posta en Mendoza es lo mismo. Estoy llenando la planilla y cuento en silencio a ver qué conchuda dice primero “a quién le toco la del fantasmaa?” AY OJALÁ QUE ME TOQUE A MI Y ME ASESINE ASÍ NO TE TENGO QUE SOPORTAR EN EL VUELO DE VUELTA PEDAZO DE BOLUDA.
Pero la boluda tiene tanta suerte que seguro si me asesinan vuelve ferry. Y AHI VOY A VENIR YO EN VERSIÓN  FANTASMA PARA ATERRORIZARLOS  A TODOS, ME QUEDARÉ A VIVIR EN EL BRAVO SIERRA JULIET Y PASARÉ ARRASTRANDO HALONS, TIRANDO CAJITAS POR EL AIRE Y METIÉNDOLES HIELITOS ADENTRO DE LAS CAMISAS. BRR QUÉ FRÍO.
SUPLIQUEN QUE NO ME MUERA.SÓLO ESO DIGO.
Este post se fue a la mierda. Esto suele pasar en las postas a Neuquén, donde no hay fantasmas pero te dejan un jaboncito de telo arriba del bidet, sin papel. O sea que no podés decir si fue usado o está impoluto, y donde para conectarse a internet, tienen a un millón de elfos domésticos pedaleando en bicis fijas para generar 3 MB. Claramente yo siempre llego a la posta cuando están en hora de almuerzo, o les dieron vacaciones.
Recuerdo una vez que, llegadas a Bariloche, nos comuican que hay problemas con una habitacíón, la que debíamos compartir una compañera y yo. Había goteras, o algo similar, así que, no habiendo más lugar en el hotel, nos llevaban a otro hotel a 5 cuadras de allí. Vuelve la camioneta, nos subimos con los carrys y allí nos vamos como las huérfanas del grupo a vivir a otro hogar. yo sentí tristeza, no me pregunten por qué, debe ser ese complejo de Annie del orfanato que llevo dentro.
Llegamos al hotel y nos dicen que la habitación aún no está lista, si queremos tomar algo en la barra (?) Y bueno, nos tomamos dos té con leche, imaginate que 9 am con uniforme no me voy a pedir un Jaggermeister. Como a los 10 minutos nos vienen a preguntar si queremos una cama o dos. Nos miramos. Tenemos pinta de parejita en luna de miel traviesitas que se vinieron vestidas de azafatas?
DOS!!
Ah, ok, entonces esperen por favor unos minutos más que subimos las camas. (?)
Yo para ese entonces ya me imaginé que me estaban armando el altillo y que iba a dormir como Harry Potter en el cuarto de las escobas.
Pero no. Era una habitación normal. 20 minutos después, las recién casadas cruzaron la puerta.
A ver, cómo les explico? CHICO, es poco. Evidentemente no habían encontrado una habitación donde entraran DOS CAMAS. Razón por la cuál, tomaron la cama grande ( que en muchos hoteles son dos colchones unidos) y las separaron unos centímetros. El espacio para pasar era ínfimo. Digamos que a los pies de la cama quedaba lugar para que pase una sola, porque si pasábamos las dos, una se caía arriba de la cama. Una mesa de luz a cada lado y espacio para dejar la valija? No.
El remate fue el siguiente. A mi derecha, si estiraba la mano, podía tocarlo, estaba el vidrio esmerilado azul del baño. Ese vidrio llegaba hasta arriba, por suerte, haciendo de pared divisoria entre el baño y la habitación.
Mi compañera me dijo voy al baño y entró.
La ví y escuché sentarse, lavarse los dientes, apretarse unos granos, etc.
LE DIJE: CECI QUIERO QUE SEPAS QUE TE ESTOY VIENDO.
AY NO BOLUDA NO ME MIRES.
NO TE QUIERO MIRAR PERO ESTÁS AHI.
NO ME MIRES FORRA!
Miré para el otro lado, estiré mi pierna y la apoyé arriba de la cama de ella. Definitivamente estábamos muy cerca.
Pusimos horarios para cagar y la convivencia fue genial, antes de dormir le acaricié el pie con la punta del mío y le dije “Hasta mañana mi amor”. Ella estalló de risa.

Y si, es un lugar hermoso para trabajar. Las anécdotas del pasado van quedando atrás y nos vamos superando, porque la verdad es que ser assafata, es lo más hermoso quiay.